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lunes, 7 de noviembre de 2016

Comunidades evangélicas demuestran su creciente fuerza política en América Latina



Por. Jean Palou Egoaguirre
Tanto en el impeachment a Rousseff en Brasil como en el "No" en el plebiscito en Colombia, el voto evangélico fue determinante. Organizados, ganan peso electoral e influencia en el debate público.
En Brasil ya se le conoce como la "bancada de Dios". El Frente Parlamentario Evangélico está compuesto por 92 diputados de 14 partidos diferentes que votan en bloque, y se ha convertido en una de las fuerzas políticas más cortejadas del país: los votos de estos parlamentarios fueron claves para el impulso del impeachment contra Dilma Rousseff, y el actual Presidente Michel Temer les ha dado prioridad absoluta, recibiéndolos antes que a nadie en su despacho y nombrando a pastores evangélicos como ministros de su gabinete.
El creciente poder político de la comunidad evangélica en América Latina también comprobó su peso en Colombia, donde se considera que el electorado protestante fue determinante para inclinar la balanza hacia el "No" en el reciente plebiscito sobre el acuerdo de paz del gobierno con las FARC.
Los casos se repiten en una región cada vez menos católica y más evangélica.
Según un estudio de Pew, hoy el 19% de los latinoamericanos se describe como miembro de alguna vertiente del protestantismo -la mayoría pentecostales, que constituirían cerca del 85%-, frente al 69% que se considera católico. Se trata de un cambio acelerado: de acuerdo con un informe de Latinobarómetro, entre 1995 y 2014 las personas que se declaran católicas cayeron en promedio 13 puntos, principalmente en países centroamericanos como Nicaragua (-30), Honduras (-29) y Costa Rica (-19), lo que ha ido a la par con el fuerte aumento de los evangélicos. También se ha reforzado la penetración de confesiones cristianas no católicas en Brasil, cuyos fieles pasaron del 6% al 21% en dos décadas, así como en Colombia, del 3% a 14%.
"Ha habido un crecimiento impresionante del número de evangélicos en los últimos años. Pero además están teniendo una mayor presencia dentro de la sociedad, lo que no es lo mismo", afirma Rubén Ruiz, director del Centro de Investigaciones sobre América Latina de la Unam y experto en diversidad religiosa. "Esto obedece a una actitud, a una política muy clara de los liderazgos sobre la importancia de tener una mayor presencia e impulsar una agenda propia".
El paso hacia la política, de algún modo, era inevitable. Y si a comienzos del siglo XX la lucha de los protestantes -luteranos, anglicanos, presbiterianos, bautistas, metodistas y pentecostales, entre otras vertientes- era por la libertad de conciencia y la separación de la Iglesia y el Estado, actualmente las iglesias evangélicas tienen una agenda clara en contra de políticas como la despenalización del aborto o el matrimonio igualitario, en lo que han coincidido con la jerarquía católica.
"Los evangélicos, en general, no están muy orientados hacia la acción política. Pero de la vereda del frente, los políticos sí miran a los evangélicos como un capital demográfico interesante", destaca Hilario Wynarczyk, sociólogo experto en religión y autor de "Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina". "Y sí, hay líderes evangélicos que perciben la importancia que tienen y piensan que para los intereses de sus iglesias puede llegar a ser bueno aceptar la 'tentación' de la política".
41% de los hondureños se identifica como evangélico. Es el país de la región con la mayor penetración de iglesias protestantes.

Fuente: “Economia y negocio”, en El Mercurio,
domingo, 16 de octubre de 2016.

sábado, 24 de octubre de 2015

Mario Wainfeld: catolicismo, política y Estado



Transcribimos parte de la intervención de Mario Wainfel en la presentación del libro “El mito de La Argentina Laica”. Wainfel es un reconocido es un periodista, abogado, docente universitario, escritor e intelectual argentino.
Por Leonardo Félix, Argentina.
Lo primero que uno puede decir de un libro tan amplio y con tanto material es que el texto es muy vasto, y debemos agradecerle a F.M. el recorrer tanto la historia del país, así como otros elementos presentes en el escrito.
Un elemento a destacar fuertemente presente en el libro es el uso de los “plurales” que se hace. El Ñic. Mallimaci no habla de sociedad sino de “sociedades”, no habla de cristianismo, sino de “cristianismos”, no habla de catolicismo, sino de catolicismos, no habla de catolicidad, sino de catolicidades, y lo mismo con el nacionalismo, nacionalismos, etc., etc.
El pluralismo de F.M. no está pues, en su posición frente a la sociedad y la vida, sino en su lectura de la sociedad, de los hechos de la historia, de la iglesia y del propio estado. El objeto de estudio, son objetos de estudios. La diversidad es el núcleo de todo lo expresado. Esa mirada, es un núcleo ideológico en un sentido que es interesante destacar, y es también el núcleo del observador. En algún momento el autor nos dice: “tampoco es cuestión de disputar entre imaginarios y hechos”. Punto neurálgico en sí, en donde, los imaginarios no se contradicen con los hechos; los imaginarios se contradicen entre sí. No hay hechos empíricos por un lado, e imaginarios por otro. Los hechos son los que los imaginarios refractan y esto forma parte de todo lo que es su mirada.
Es una recorrida histórica, diría yo, de la relación entre el estado, sociedad, iglesia, república y la historia argentina en sí desde el Virreynato del Río de la Plata.
El recorrido de F.M. es por toda la historia, y se empieza a apasionar y tomar calor con la historia reciente que le toca, al decir puntualmente en la página 169 “esta injusticia clama al cielo” hablando de una conferencia episcopal argentina que nunca recibió (durante la dictadura militar) a las madres de plaza de mayo y nunca realizó una autocrítica o pedido de perdón específico con este tema. Ahí clama al cielo, antes no, porque habla del presente más allá de la historia que es bien planteada y sirve para hablar de este presente nuestro, llegando de este modo al “amigo de todos los presentes” el Papa Francisco. Lo de Francisco es la base de otro libro que FM debe escribir en otro libro; cuál es la relación entre la ICR, la catolicidad, los catolicismos, la jerarquía, las jerarquías, el estado, la república.
Hay una frase emblemática para mí que hasta se puede usar como slogan, pero es más que esto: “la antipolítica es un viejo recurso político de la ICR”, la antipolítica como un recurso, en el cual el rol del estado y la sociedad es subalterno a algo en donde quién establece principios ordenadores, está por arriba de ellos.
Como se concilia una idea de trascendencia con la idea de que la verdad nadie la tiene en forma absoluta. En todo caso si se tiene una verdad, la misma se debe asumir como una verdad relativa. Si hay catolicismos, también hay subjetividades en juego. La misma forma parte de la vida de cualquiera en su esfera pública. La imposición con respecto a estas subjetividades e intimidades es todo un núcleo central en el cual FM va derivando su tramo más predicativo en el cual aparece por lo menos una expresión y es si “puede haber una comunidad regida por varones célibes”.
Mirando desde afuera esto, desde mi expresión como agnótsico, a uno le surge la siguiente expresión: “una comunidad regida por varones célibes, es anti natural desde el principio mismo”.  Aquí hay una contradicción evidente que sale a la luz en el escrito de FM en las catolicidades y el rol que tienen con él y los estados.
La ICR tiene un status quo fuerte en Argentina y otros lugares, y ese status es riesgosamente antirrepublicano y lo peor es que es naturalizado por la sociedad en su conjunto haciéndolo invisible en lo cotidiano.
Hay un rigor interesante y agudeza en el escrito, que fuerzan a replantear la relación entre el estado y la iglesia y con nuestra propia historia. El libro nos ayuda a ver el sentido de la vida muchas veces y también ser su amigo y compañero es una fuente de alegría.

Fuente: ALCNOTICIAS, 2015.

miércoles, 18 de marzo de 2015

LA IGLESIA EVANGELICA Y LA POLITICA: ¿Está mal que la Iglesia se interese en la política?



Por. Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Comenzamos preguntándonos: ¿está mal que la iglesia cristiana se interese en la política? Creemos que no, pues la iglesia evangélica esta llamada a preparar a siervos y siervas para ejercer los diferentes ministerios, no solo espirituales sino también seculares. Además, hay iglesias que tienen experiencia y han participado en la lucha por el bienestar común, han sido la voz profética de los marginados y excluidos por el sistema neoliberal.
Por ejemplo, las iglesias cristianas en sus comienzos tuvieron que enfrentar situaciones conflictivas, marginación, exclusión y persecución de los sectores católicos y no católicos. Este ambiente hostil hizo que los evangélicos se unieran por una causa política y social; dejar de ser los blancos de críticas y burlas ante la sociedad.
Batallaron (las iglesias cristianas) durante muchos años por el derecho de ser reconocidas como institución sagrada, como la católica; pues sus luchas y defensa por los derechos de profesar su credo, tuvo resonancia a nivel local e internacional. Voces a favor por la libertad y seguridad del pueblo evangélico; estas voces lograron derribar el estigma de sectas, herejes. Todo se debió a un interés de vivir y profesar su credo, sin temor.
Ahora bien, todos sabemos que la política está llena de obstáculos y tentaciones, peligros y prejuicios, de que la lógica de la política es contraria a la lógica del Reino de Dios; la política se construye con el poder, en cambio la política del Reino de Dios se construye con el objetivo a servir sin esperar nada cambio. Solo transformar la sociedad en una sociedad donde todos quepamos, entonces ¿vale la pena que la iglesia evangélica participe en ella? Claro que si, vale la pena involucrarse en la política, porque somos ciudadanos de una nación, tenemos deberes y responsabilidades con el prójimo, de trabajar por el bien común, de ser la voz de los que no tienen voz en una sociedad cada vez se agranda la brecha entre ricos y pobres.(1)
No está mal que la iglesia evangélica se interese por el político, y mejorar las condiciones sociales de sus compatriotas creyentes o no creyentes; Dios hace llover sobre hombres naturales y espirituales, lo que debe evitar la iglesia es caer en los vicios de la gran mayoría de los políticos, que hacen de sus funciones un negocio, venden sus opiniones, valoran sus votos conforme el cheque le muestren; canalizan recursos a sus cuentas, ubican a sus parientes y amigos, venden sus principios y doctrinas por un plato de lenteja; es decir, abandonan la doctrina, las convicciones de fe, caen en la corrupción. Algunos de estos políticos evangélicos han caído en casos de corrupción, lo cual es doloroso para la sociedad en general, que ve en nosotros un nuevo grupo de políticos distinto, honesto; porque considera que tomamos en serio el mandato de ser “sal y luz a las naciones” (2).
Otra cosa que la iglesia evangélica debe evitar “usar el púlpito o cargos ministeriales con fines políticos. Hay que evitar el uso ideológico de la predicación o el asumir actitudes parciales para favorecer determinada candidatura. La tentación del poder y la búsqueda de reconocimiento o beneficios siempre perseguirán a la iglesia. Los cristianos están llamados a participar en la política, pero no deben valerse de la iglesia o sus organizaciones como medios para favorecer su partido o ideología política.”
Y agrega Ortiz, la tarea de la iglesia es orientar y estimular a la participación responsable de sus miembros. Sin embargo cada miembro debe asumir su propia decisión de preferencia, ser consciente del perfil, carácter y programas de los candidatos, incluyendo las bases ideológicas de su partido. No hay que votar por un candidato por el solo hecho de ser uno más de nuestras congregaciones. Debemos evitar que se utilice las instituciones eclesiásticas y para eclesiásticas como un cliente de partido.
La iglesia está llamada a estar alerta a no dejarse utilizar con fines políticos”. (3)
Esto implica tener una actitud crítica y no dejarnos imponer una ideología, por el solo hecho de ser cristiano, si algo aconteciera debemos salir en defensa de nuestros derechos; esa era un de las preocupaciones del teólogo Martin Lutero: “La fe no ofrece al cristiano un programa o una ideología, sino una razón de la mente y del corazón para participar, una preocupación central y una norma para evaluar todo programa, ideología, estructura o acción política: el bienestar del prójimo”. (4)
De la misma manera Ramos Ampudia, está de acuerdo con la participación de la iglesia en la política, a pesar de los peligros también hay ‘virtudes como la exigencia de conocer a profundidad a un país.’ “Las decisiones políticas afectan o benefician a toda la colectividad y se puede lograr cambios de manera más rápida que si lo hacemos al margen de ellas. La vocación de servicio a los demás alcanza sus mejores logros a través de la acción política. La igualdad religiosa, el respeto por las minorías, una cultura de la tolerancia y respeto a los demás, un ambiente de paz y reconciliación se pueden alcanzar de mejor manera cuando se usa de forma adecuada el poder político.”
Por otro lado, Ampudia no está de acuerdo que haya un partido político evangélico, porque es ahistórico en nuestro presente, porque no vivimos en los tiempos de las rivalidades religiosas entre cristianos y católicos. Es contrario a las demandas de los derechos humanos, puesto que hace discriminación religiosa al proclamar un partido solo para evangélicos. Una propuesta así está destinada al fracaso, porque un partido serio no puede girar alrededor de prácticas de culto, sino entorno de grandes problemas regionales como la desocupación, la pobreza, la desnutrición, el narcotráfico, las migraciones, entre otros problemas. (5)
Por lo anterior, la política es un arte de dirigir las sociedades civiles, dice Jacques Darchon (6), es una ciencia práctica. Pero cualquier praxis humana debe dirigirse por principios racionales, no solo de fe. Lo contrario constituiría un voluntarismo ciego o afectivo. De ahí, que toda acción política no solo necesita apoyarse en una teología política, sino también de una filosofía política.
Tanto la teología como la filosofía buscan dar una explicación verdadera, completa y coherente de lo que es en realidad el ser humano, del por qué y el para qué está en el mundo, de su rol que cumple en la sociedad que comparte con los otros, de los orígenes y el sujeto de la autoridad y hasta donde llegan sus límites, de los derechos y deberes de la persona singular ante ellas, etc.
“El conjunto de respuestas que se den a tales problemas constituye la ideología básica y última que determinará la dirección concreta de la acción política.” Según Carlos Valderde, e insiste en “la importancia de que tales principios sean objetivos, es decir, que expresen la realidad del ser humano y la sociedad, porque es preciso evitar arbitrariedad, el voluntarismo y el subjetivismo de los gobernantes.” (7)
Para que los evangélicos sean considerados una alternativa ante la sociedad que esperan de ellos que sean “Sal y luz a las naciones”, no solo necesitan relacionar la Biblia con la política; aunque sabemos que ella es nuestro manual de fe y práctica en todas las cosas, incluyendo la esfera política, pues así hemos sido doctrinados, consideramos a Dios como soberano en el mundo y todo lo que concierne a este mundo caído: incluye no solo lo religioso, sino también lo político.
Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios, los evangélicos políticos deben consultarla para guiarse en sus actividades políticas; pero deben evitar caer en el error de pretender sacar todas sus ideas políticas de la Biblia, pues ella no tiene un programa político o un sistema político de gobierno, no nos dice si ha de ser una aristocracia o una democracia u otro.
La Biblia solamente nos ofrece principios eternos que deben subrayar y controlar todos los sistemas políticos (8). Si la Biblia no pretende ser un libro de políticas, sino un libro que guía a esos seres políticos a una acción política responsable, en nuestro caso, evangélicos, entonces necesitamos, en palabras de Ortiz, “Una ética política y una teología de la política del poder y de la mayordomía de la creación. Acciones para fortalecer la participación política de los evangélicos incluyen la formación de líderes, participación en la sociedad civil, el planteamiento de proyectos de nación, la cooperación con otros grupos y el trabajo interdisciplinario”. (9) Temas que abordaremos en otro artículo donde ofreceremos algunos aporte para una política evangélica responsable.

Referencias bibliográficas
  • Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, en Revista Signos de Vida, # 41, septiembre (2006), CLAI, pp. 37 – 38
  • Esto ha sido una preocupación de sociólogos, teólogos y estudiosos del fenómeno evangélicos en la política, le invito a leer el libro del Dr. Hilario Wynarczyk, “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política en la Argentina (1980 – 2001), Bs., As, Siglo XXI, 2010.
  • Israel Ortiz, es secretario regional para México y Centroamérica. Comunidad internacional de estudios evangélicos. “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino”, en Revista Kairos, julio – diciembre, 82 # 35 (2004), pp. 96 – 97
  • Martín Lutero, La libertad cristiana, Buenos Aires, Aurora, 1983, p. 33
  • Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, , cit., p. 39
  • Jacques Darchon, Foi chretienne et engagement politique, Paris, Collection “Les Bergers et les Mages, 1958, p. 21
  • Carlos Valverde, “Ética y política”, en Cuadernos BAC, # 43, Madrid, Bibliotecas de Autores Cristianos, 1981, p. 19
  • Henry Meeter, El cristianismo reformado y el estado, Grand Rapids, TELL, s.f, pp. 85 – 88
  • Ortiz, “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino,” , cit., p. 81

Dr. Luis Eduardo Cantero, Pastor bautista, docente universitario. Investigador, Teólogo y Filósofo (UENIC-MLK), Máster en Teología (Universidad Evangélica Martin Luther King Jr. Nicaragua). Doctor en Filosofía (Laud Hall Seminary).

martes, 21 de octubre de 2014

LOS EVANGÉLICOS Y LA POLÍTICA EN AMERICA LATINA: DE LA NEGACIÓN A LA PARTICIPACIÓN ABIERTA



Por Luis Eduardo Cantero, Argentina*
Antes de los noventa del siglo XX hablar de la participación política en la gran mayoría de las iglesias evangélicas latinoamericanas era algo profano, malo. Ningún feligrés podía participar en algún partido de su preferencia, habían sido adoctrinados a vivir y pensar que su ciudadanía está en los cielos y no en la tierra, porque el mundo era un lugar caído, maligno, nada bueno había que hacer en este mundo. A eso se debe su radical rechazo del mundo, pues el mundo es un lugar maldito, una sociedad corrupta, que nos puede contaminar, por eso amar este mundo es considerarse enemigo de Dios. Estos evangélicos que piensan así tienden a negarse a la participación política. Su rechazo constituye, dice Hilario Wynarczyk, una forma radical de la cosmovisión ascética o dualismo ontológico, que concibe al cosmos como un sistema binario, en el cual existe una brecha entre el plan de Dios y el plan del Satanás.(1)
Agrega Alexander Sifuentes Rossel: “(…) A quienes querían militar en un partido político se les acusaba de amar las cosas de este mundo, y se les recordaba que como ciudadanos del reino de los cielos no debían participar del reino de las tinieblas. Si bien, las referencias eran bíblicas, y la actitud era noble; también era una interpretación extrema que desalentaba al creyente a participar activamente en la solución de los problemas del país.”(2)
Este ha sido el caballito de batalla en el pensamiento cristiano del siglo pasado, continúa en algunos grupos y otros no. Hoy la tendencia a participar va en aumento, algunos lo hacen con el objetivo de purificar la política de la corrupción, lograr algunos beneficios de poder prometido por algún político, como sucedió en Perú, con Fujimori, finalmente terminaron indignados. Ante la “viveza” de los líderes políticos frente a la ingenuidad de la gran mayoría de pastores, líderes y laicos, ¿qué debemos hacer? ¿Está mal que los evangélicos participen en la política? ¿Está mal que los evangélicos se interesen por mejorar los problemas sociales?
Estas son preguntas que responderemos en esta ponencia.
DE LA NEGACION A LA PARTICIPACION ABIERTA. Desde los años noventa del siglo XX los evangélicos pasaron de la negación a la participación política en nuestros países latinoamericanos. Este deseo de incursionar en la política se ha debido a la iniciativa de los mismos partidos políticos que ven un campo vasto, para sumar votos; entonces ofrecen candidaturas a líderes o pastores pues buscan el apoyo de los evangélicos para lograr un escaño.
Otra iniciativa surge desde adentro del cuerpo de líderes de la iglesia que ven una oportunidad para lograr ciertos beneficios de poder de su grupo en la sociedad. Para la década de los ‘80 los evangélicos consideran que deben incursionar en la política, pero con estructura propia que los libere de los vicios seculares de la política tradicional y mientras puedan inspirar su acción con principios de la Reforma protestante europea. El partido político ORA en Venezuela inspira a modelos en otros lugares, como en Argentina surge el Movimiento Cívico en Acción Argentina en 1982 y que un año más tarde termina fusionándose con el Partido Demócrata Progresista y en 1991 se constituye el Movimiento Cristiano Independiente, acentúa Carlos Ramos (3). En ese mismo año, el Dr. René Padilla publica un libro compilado donde daba a conocer este hecho histórico y mostraban como ejemplo a Brasil, Chile, El Salvador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela: a pesar que en Colombia desde antes ya se habían dado algunos pasos en lo político, el libro no muestra ninguna reflexión.(4)
El teólogo e historiador Pablo Moreno nos confirma del devenir en lo político del pueblo evangélico colombiano: “No es necesario en esta oportunidad hacer memoria de la presencia evangélica en lo social y lo político durante el siglo XIX, por medio de sus escuelas y colegios, la cooperación con los liberales y hasta con los masones. No voy a insistir en la importancia de la lucha librada durante la primera mitad del siglo XX por los derechos civiles, los matrimonios civiles, la difusión de escuelas, la fundación de cementerios civiles y la participación política con sectores liberales disidentes. Tampoco vamos a entrar en detalle sobre los esfuerzos por organizarse políticamente después de los años ‘60, apoyando diferentes expresiones políticas, partidistas y no partidistas, o desarrollando un impacto social a través de organizaciones no gubernamentales cristianas como Visión Mundial y Compasión Internacional, que comenzaron a trabajar al lado de las Iglesias evangélicas en proyectos de asistencia social y desarrollo comunitario. No podemos negar que estos antecedentes han dejado huella y una herencia en la historia de las Iglesias evangélicas en Colombia. Herencia que a veces ha sido poco apreciada por quienes hoy estamos protagonizando esa nueva participación social y política en esta república suramericana.” (5)
Por lo anterior, nos dice que hubo un despertar de los evangélicos por participar en los diferentes escenarios de la política y por ende habían sido tentados por partidos políticos de vasta trayectoria y por nuevos movimientos electorales, que veían un campo fértil de votos para sus respectivos partidos, se agitan en toda la América Latina. A fines de los ‘80 y comienzo de los ‘90, se sienten fuertes y seguros respecto de una exitosa participación política. Por ejemplo, en Brasil (1986) en la Asamblea Constituyente se articula la ‘Bancada evangélica’ que agrupa a 33 diputados. Dentro de este grupo, un gran número lo componen líderes de la Asambleas de Dios y el Movimiento pro–Collor que fue decisivo para el triunfo de Fernando Collor de Melo.
Cuatro años más tarde, en Guatemala (1990) es elegido presidente de la nación Jorge Elías, miembro de la Iglesia pentecostal ‘El Shaddai’. En Perú es elegido Alberto Fujimori, gracias al voto decisivo de los evangélicos en el movimiento político que se organizó cuyo nombre ilusionaba al pueblo creyente y no creyente del Perú: Cambio ‘90 y es elegido como vicepresidente el pastor bautista Carlos García. Su bancada evangélica en el Congreso estuvo compuesta por 20 pastores y líderes. Ese mismo año, en Colombia, dos pastores evangélicos son elegidos miembros a la Asamblea Constituyente.(6)
El despertar del pueblo evangélico por lo político los ha llevado a una cuestión mesiánica de redimir al mundo. Al respecto el Lic. Israel Ortiz, dice: “Si en el pasado consideraron la política como sucia, corrupta o pecaminosa, hoy muchos están inmersos en ella con la idea de lanzar una reforma del país desde el gobierno.” (7) Ello a fin de transformar la sociedad con principios cristianos desde un accionar político y pastoral, con las mejores intenciones: purificación de la política y el bien común. Pero se equivocan, en el caso de los líderes y pastores; este error puede traer graves consecuencias para la iglesia y el evangelio. Cuando el pastor asume un compromiso con un determinado político y recibe algunos dividendos o beneficios, compromete a los hermanos a votar por ese candidato. Como sucedió en Perú con Fujimori, al poco tiempo de ganar, gobierna a su manera y excluye a los evangélicos; en Brasil, la bancada evangélica brasileña es acusada de corrupción. Los únicos que quedaron bien parados y lograron el éxito en normas constitucionales que garantizan la libertad de culto y el reconocimiento de los Seminarios teológicos protestantes como Fundaciones universitarias teológicas son los colombianos, lo cual los anima a seguir participando en la política.(8)
Por lo anterior, algunos se preguntaran ¿está mal que los evangélicos participen en la política? La respuesta es no, la tarea de los evangélicos consiste en analizar esa participación en el proceso eleccionario y en el gobierno, porque no ha logrado el impacto de purificar la política tradicional, ni transformar la sociedad. Jorge Sennewald sugiere que “debemos animar a nuestros hermanos y hermanas a estar presentes en todos los ámbitos de la sociedad con excelencia, entrega y santidad. Esto incluye también el ámbito de la política. Creemos que como iglesias evangélicas no hemos alentado suficientemente a nuestros feligreses a una participación política comprometida y responsable.”(9)
Continua diciendo Sennewald, por diferentes razones teológicas e históricas, en los medios evangélicos latinoamericanos siempre se vio el ámbito de la participación política como algo sucio que debía evitarse. Es tiempo de cambiar esta mentalidad. No obstante, pretender participar en la lucha política como pueblo evangélico, es una distorsión de la misión de la iglesia. Es misión de la iglesia defender valores como los de la vida, la justicia, la verdad, la igualdad, la dignidad humana o la santidad de la creación, por mencionar solo algunos. Cuando lo ha hecho, ha afectado verdaderamente a la sociedad y más de una vez ha tenido que pagar el alto precio del sacrificio. La lógica de la política es contraria a la lógica del reino de Dios. La política se construye con poder, el reino de Dios se extiende con servicio. La tentación hoy llega bajo la promesa de cuotas de poder o de privilegios. “Si nos votan tendrán este espacio, lograrán estos privilegios”. La iglesia no está para servirse a sí misma. La transformación social jamás se hará desde el poder. Quien quiera afectar a la sociedad en nombre de Jesucristo lo hará desde el servicio y no desde el poder, como lo hizo nuestro colega y ejemplo de casa: pastor bautista Martin Luther King Jr.
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[1] Hilario Wynarczyk, Sal y luz a las naciones. Evangélico y política en la argentina 1980 – 2001, Buenos Aires: SIGLO XXI, Editora Iberoamericana, 2010, p. 16.
2 Alexander Sifuentes Rossel “Los evangélicos y la política”, en Voces del cristianismo,
 [Consultado: 25–03– 11]: http://vocesdelcristianismo.blogspot.com/2010/04/los-evangelicos-y-la-politica.html
3 Carlos Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, en Revista Signos de Vida, # 41, septiembre (2006), CLAI, pp. 37 – 38.
4 René Padilla (Compilador), De la marginación al compromiso.  Los evangélicos y la política en América Latina, Buenos Aires: Fraternidad Teológica Latinoamericana,
1999.
5 Pablo Moreno Palacio, “Escenarios de la presencia evangélica en Colombia, 1991 – 2001”, en ponencia  presentada en la 1ª Consulta Nacional sobre la Paz, 49ª Asamblea Nacional del Consejo Evangélico de Colombia (CEDECOL), Cali, Colombia, 27-31 de mayo del 2002. Reproducido por la Revista electrónica Espacio de Diálogo, Núm. 2, abril del 2005, de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. [Consultado: 25 demayo de 2011]: http://www.cenpromex.org.mx/revista_ftl/ftl/textos/pablo_moreno.htm
6 Ramos Ampudia, “Los evangélicos y la política”, op., cit., p. 38.
7 Lic. Israel Ortiz, es secretario regional para México y Centroamérica. Comunidad internacional de estudios evangélicos. “Los evangélicos y la política: Una revisión del camino”, en Revista Kairos, julio-diciembre, 82 # 35 (2004), p. 85.
8 Ramos, Op., cit., p. 38.
9 Jorge Sennewald, “Los evangélico y la política”, op., cit.,

*Dr. Luis Eduardo Cantero
Pastor bautista, docente universitario.
Doctorando en Historia de América Latina (Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, España)
Doctor en Filosofía (Laud Hall Seminary)
Máster en Teología (Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King Jr.)
Especialista Superior en Dirección de Instituciones educativas (Instituto Superior del Profesorado "Dr. Joaquín V. González" Bs. As. Argentina)
Especialista en Diseño de Ambientes de Aprendizaje (Universidad Minuto de Dios, Colombia)
Licenciado en Teología (Universidad Evangélica Martin Luther King Jr.)
Administrador de recursos (Universidad Nazarena de las Américas, San José, Costa Rica)
Es parte del equipo ministerial que dirige el Apóstol Gustavo Ferro de la Iglesia Remanente Santo de Virrey del pino, partido de la Matanza, prov. Bs. As.
Es Director del blog Transformando vida (www.luiseduardocantero.blogspot.com)
Es columnista de dos programas de radio 93.1FM y FM 93.9 del partido de San Martin (Área limite y sábado free) y tiene una columna mensual del periódico la Cosecha. Ambos son parte del Ministerio La Cosecha, que dirige el Lic. Ezequiel Rodríguez.