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viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Nueva Era entre católicos y evangélicos?



Por. Leonardo de Chirico, Italia*
Cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.
Visitar al Papa se ha convertido en algo muy popular entre los líderes evangélicos de todo el mundo. Casi todos los meses evangélicos procedentes de las cuatro esquinas del globo son recibidos por Francisco ya sea en una conversación privada, en torno a una mesa compartiendo una comida o en el contexto de reuniones más oficiales. El Papa Francisco parece haber dirigido su objetivo hacia los evangélicos de todas las tendencias (desde los sectores altamente litúrgicos del protestantismo a los gurús del evangelio de la prosperidad, con todas las variaciones que hay en medio) con el fin de construir puentes con estos cristianos que tradicionalmente han permanecido fuera de la corriente principal ecuménica pero que, no obstante, representan el ala de la Iglesia que crece más que cualquier otra. Este fenómeno de los líderes evangélicos haciéndose “selfies” con el Papa y después transformándose en portavoces prominentes de la unidad con la Iglesia Católico Romana necesita examinarse más detenidamente.
En el ambiente de esta tendencia creciente de líderes evangélicos visitando al Papa, la visita de la delegación oficial de la Alianza Evangélica Mundial (WEA por sus siglas en inglés) con representantes de todo el mundo, el día 6 de noviembre, constituye posiblemente la primera vez que ha sido concedida una audiencia a una delegación tan extensa por parte del Romano Pontífice. El significado y la importancia de esta recepción lo atestiguan el hecho de que la alocución del Papa a la delegación de la WEA se hizo pública a través del canal oficial del Boletín de Prensa del Vaticano, que es su medio oficial.
¿Unidos en el Bautismo?
El Papa empezó su discurso haciendo referencia al bautismo como uno de los terrenos en los cuales la unidad podría alcanzarse. Después de citar Efesios 4:13 como ejemplo para la consecución de la unidad de la verdad, Francisco continuó diciendo que “esta verdad se fundamenta en nuestro bautismo, por el que compartimos los frutos de la muerte y de la resurrección de Cristo. El bautismo es un don inestimable de Dios que tenemos en común”. Curiosamente, ésta es una afirmación típica católico romana. Mientras que los evangélicos tenderían a decir que la unidad se basa en la gracia de Dios recibida mediante la fe en Jesucristo, el Papa explica detalladamente un punto de vista diferente.
Según su opinión, el “sacramento del bautismo”, un sacramento eclesial, es la base para la unidad de los cristianos. La convicción estándar evangélica es que todos los que creen en Jesucristo ya están unidos (“Creemos en la Unidad del Espíritu de todos los creyentes verdaderos”, dice la Declaración de Fe de la WEA), pero el Papa presenta una perspectiva diferente: son aquellos que están bautizados los que están unidos. Una persona bautizada por la iglesia puede o no ser un creyente como demuestra claramente el fenómeno del Cristianismo Nominal y, a pesar de todo, el Papa y su Iglesia creen que el bautismo representa una razón suficiente para la unidad.
En este punto debe plantearse una pregunta: ¿Son conscientes de esto los líderes evangélicos que parecen ser tan entusiastas fans del Papa?
Que los cristianos ya están unidos por el bautismo es una convicción ecuménica compartida, pero no es la posición evangélica histórica. El Papa la reforzó cuando habló sobre “la profunda unidad producida por la gracia en todos los bautizados” (citando el documento del Vaticano II Unitatis Redintegratio, 13). ¿Cómo pueden los cristianos estar unidos por la gracia con los que están bautizados pero que no profesan ni viven su fe en Jesús? La cuestión es que cuando los evangélicos hablan sobre la unidad con el Papa y el Papa habla con ellos sobre la unidad, todos usan la misma palabra pero en realidad quieren decir cosas diferentes.
No es una Mera Relación Personal con Cristo
La insistencia en el bautismo como la base de la unidad se demuestra en otro comentario que hizo Francisco en su disertación. En su reiteración en la preeminencia del bautismo sobre la fe, el Papa dijo que “el Evangelio no es meramente acerca de nuestra relación personal con Dios”. Es más que esto. Este lenguaje de tener una “relación personal con Dios” es apreciado por los evangélicos y es una de las marcas definitorias de su espiritualidad. Al Papa Francisco también le gusta utilizarlo.
No obstante, la referencia al sacramento del bautismo que para él es una base suficiente para la unidad y que precede a una relación personal con Dios pone esta frase en su contexto. Según Francisco, la unidad se funda en el bautismo, no en la relación personal con Cristo. Los evangélicos también entienden que la vida cristiana es más que tener una relación personal con Cristo, aunque creen que éste es el fundamento sobre el cual debe construirse el completo discipulado cristiano. Independientemente de la visión que posean sobre el bautismo, es en todo caso, la fe personal lo que es central. Para Francisco la gracia nos es dada no por la sola fe sino por medio del sistema sacramental administrado por la Iglesia. Esto no es meramente un aspecto menor de la diferencia.
El discurso incluía un llamamiento para entrar en una “nueva era de relaciones entre los católicos y los evangélicos”. Sin embargo, si todavía no están de acuerdo en lo que consiste la base de la unidad de los cristianos y no hay ninguna indicación de apertura al cambio según el Evangelio, ¿cómo puede haber una “nueva era”?

Fuente: Protestantedigital, 2014.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Sola Scriptura en el s. XXI



Por. Juan Stam, Costa Rica
La Reforma colocó la Palabra de Dios, en sus varias modalidades, como la máxima autoridad normativa.
Hoy más que nunca la iglesia tiene que redescubrir su historia. Una iglesia sin historia es una iglesia sin identidad, sin claridad ni criterios, y se cae fácilmente en el caos. Esa es la condición de gran parte del protestantismo latinoamericano hoy. [1] Por eso felicito a la iglesia que tiene por costumbre anual recordar, con gratitud a Dios, a nuestros abuelos espirituales, los Reformadores.
Es importante recordar que la Reforma del siglo XVI fue multifacética. Además de la Reforma luterana y la Reforma calvinista, fue muy importante la Reforma Radical anabautista, y hubo hasta una reforma católica, representada especialmente por el Concilio de Trento y la orden jesuita.
La ubicación social de cada uno de estos movimientos fue distinto: Lutero se identificó con los príncipes alemanes y el incipiente nacionalismo; Calvino estaba más cerca de las ciudades suizas y una proto-burguesía, mientras los anabautistas se identificaban más con las clases pobres y el naciente proletariado. Pero todos miraban hacia el futuro, que vendría a llamarse "modernidad", mientras que el Vaticano miraba más al pasado y se aliaba con el Sacro Imperio Romano y muchos aspectos del mundo medieval.
Es significativa la repetición de la palabra "naciente". Los Reformdores eran los parteros del mundo moderno que nacía. Dos siglos después el movimiento wesleyano aportó nuevas dimensiones muy importantes al protestantismo. Vamos a conversar en torno a las consignas con que se suele resumir la teología de los Reformadores, pero es importante recordar que su pensamiento era mucho más amplio y profundo que esas consignas.
En Lutero, por ejemplo, encontramos un cierto anticipo del existencialismo, en el papel de la experiencia personal en su teología y en su rechazo de toda sistematización; él era "un teólogo irregular".
En Calvino es profunda la admiración por la gloria y santidad de Dios, tanto que se le ha llamado "un hombre ebrio de Dios".
En los anabautistas se juntaban (y se juntan) la pasión por la justicia con el pacifismo. Pero en esta serie, nos vamos a concentrar en las consignas que mejor resumen los denominadores comunes de la Reforma: Sola scriptura; Sola gratia; Sola fide; La libertad cristiana; Sacerdocio universal del creyente; Ecclesia reformata semper reformanda; y Soli deo gloria.
SOLA SCRIPTURA
 Son famosas las palabras de Lutero en Worms (1521): "Mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. Si no se me demuestra por las escrituras y por razones claras (no acepto la autoridad de papas y concilios, pues se contradicen), no puedo ni quiero retractar nada, porque ir contra la conciencia es tan peligroso como errado. Que Dios me ayude, Amén".
En esta histórica declaración de Lutero, queda claro que la "sola scriptura" no significa que conocemos la verdad sólo por la Biblia o que todo lo demás no importa. ¿Quién podría entender el éxodo sin saber algo de Egipto, o el exilio de los judíos sin saber algo de Asiria y Babilonia? Un famoso fundamentalista, R.A. Torrey, dijo sabiamente, "Quien conoce sólo la Biblia, no conoce la Biblia". Por eso, Lutero apela a las escrituras pero también a "razones claras" y a la conciencia. Después una correlación similar iba a ampliarse en "el cuadrilátero wesleyano" (escritura, tradición, razón, experiencia).
 La Reforma colocó la Palabra de Dios, en sus varias modalidades, como la máxima autoridad normativa, encima de papas y concilios. Eso implicó a su vez la interpretación seria y crítica de las escrituras, desde los textos originales, transformando conceptos como jaris (gracia), pistis (fe) y metanoia (arrepentimiento). Impulsó también la predicación expositiva, aclarando y aplicando los textos sagrados, acompañada por la predicación del año lectivo, firmemente anclada en la historia de la salvación.
Hoy día amplios sectores de las iglesias evangélicas latinoamericanas han perdido el sentido histórico y predican un mensaje divorciado del pasado, aún del mismo contexto bíblico. ¡Qué increíble que ni las iglesias pentecostales celebran el día de Pentecostés![2] Son escasas tanto la predicación expositiva como la del ciclo litúrgico. Muchos sermones no son más que opinionismo, especulación, "performance" y puro "show", manipulación del texto y del público.[3] Hay también predicadores fieles, a Dios gracias, pero pareciera que son la excepción.
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[1] Adaptación de la charla en la iglesia metodista el Redentor, San José, Costa Rica, 31 de octubre de 2011. El tema asignado fue "¿Qué necesita reformar la iglesia hoy?". En la presentación oral enfaticé también lo positivo de lo que Dios está haciendo en la iglesia hoy.
[2] Ver "El Pentecostés tiene fecha" en juanstam.com, 6 de mayo 2008.
[3] Ver "Mecanismos de manipulación en las iglesias". juanstam.com, 12 de agosto 2010
Juan Stam
Fuente: Protestantedigital, 2014. 

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Qué significa ‘unción’?



El único texto del Nuevo Testamento que habla de "unción" afirma dos veces que la unción del Espíritu Santo pertenece a todos los creyentes, sin excepción.
Por. Juan Stam
Una frase muy popular en ciertos círculos es "la unción" o más frecuentemente, "una unción", seguida por adjetivos superlativos como "muy especial", "muy poderosa", etc. "Dios derramó una unción de lo alto" se oye a menudo, o aón por anticipado, "habrá una unción divina muy especial", "una unción muy especial está cayendo del cielo" o "Fulano es un predicador muy ungido".
Es impresionante como en cada maratónica de Enlace se oye la misma frase: "se siente una tremenda unción aquí, es un poderoso mover del Espíritu " o "hay una tremenda atmósfera de milagros aquí" (¿qué sería una maratónica sin este "tremendismo" retórico?). ¿Creerán esos hermanos y hermanas que se puede programar al Espíritu Santo? ¿O será que sin darse cuenta ellos mismos están manufacturando artificialmente esos sentimientos, que no serían entonces exactamente "de lo alto"? Parecen haber olvidado que "el Espíritu sopla donde él quiere", no como nosotros le programamos y lo manejamos.
¡Qué refrescante sería escuchar alguna vez una confesión sincera, "Hoy el ambiente no sentimos ninguna unción, vamos a suspender la maratónica para este mes". Por lo menos sería lindo no tener escuchar esas pretenciosas frases rimbombantes de siempre. Por supuesto, eso es impensable, pero ese silencio, aunque una sola vez, sería una buena señal de autenticidad.
La Real Academia capta bien el uso popular de estas palabras:"3. Gracia y comunicación especial del Espíritu Santo, que excita y mueve al alma a la virtud y perfección; 4. Devoción, recogimiento y perfección con que el ánimo se entrega a la exposición de una idea, a la realización de una obra, etc."; Untuosidad [santurronería]. Un diccionario inglés define su uso religioso como "3a: fervor religioso o espiritual; 3b: una intensa seriedad exagerada, asumida o superficial, en lenguaje o conducta" (Meriam Webster). Eso corresponde de cerca al uso del término hoy, pero no corresponde para nada a su sentido bíblico. Veamos como la Biblia emplea estos términos, comenzando con el Antiguo Testamento:
ANTIGUO TESTAMENTO
En el hebreo el verbo "ungir" significaba "echar un líquido (especialmente aceite) sobre una persona u objeto, o untarlo con dicho líquido". Se usaba para pintar una casa (Jer 22.14; cf. Ezq 23.14) o perfumar el cuerpo (2Sm 12:20; Ezq 16.9; Am 6:6; Sal 92:10; cf. Mt 6:17). En ese uso, expresa alegría y bienestar (Sal 23:5; 92:10). Pero se uso más típico era para el ungimiento de un nuevo rey, equivalente funcional de la coronación. La típica construcción gramatical en hebreo, con LeMeLeK ("a ser rey"), con el sentido "ungir como rey" (al puesto de rey) muestra que se refiere a un cambio de status de la persona (Botterweck Tomo IX p.45), no a alguna experiencia religiosa especial. El Antiguo Testamento narra el ungimiento de nueve reyes, dos de ellos paganos (Azael de Damasco y Ciro de Persia). Relata también la unción de los sacerdotes y algunos profetas, que los "santifica" a ellos (los separa para el servicio de Dios), como también al "evangelista" escatológico de Isaías 61. A veces es Dios mismo quien los unge (1Sm 10:1).
NUEVO TESTAMENTO
El Nuevo Testamento afirma que Dios ungió a Jesús (Lc 4:18; Hch 4:27; 10:38; Heb 1:9) pero a ningún otro individuo particular. Más bien, San Pablo afirma que Dios nos ha ungido a todos: "Dios nos ungió, nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía [arras] de sus promesas" (2Co 1:21). ¡La unción del Espíritu, igual que el sello y las arras, son de todo creyente desde el momento en que cree (Ef 1:13-14; 4:30; 2Co 5:5; cf. el bautismo por el Espíritu, 1Co 12:13). Estos dones del Espíritu son aspectos propios de la misma salvación. El N.T. nunca nos exhorta a buscar la unción, ni habla de que alguien lo perdiera, ni que disminuyera y aumentara. Dios nos unge con el don de su Espíritu que mora en todos nosotros desde nuestro nacimiento como hijos e hijas de Dios.
El sustantivo "unción" (jrisma) aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento, en las sorprendentes palabras de 1Jn 2:20,27: Todos ustedes, en cambio, han recibido unción del Santo, de manera que conocen la verdad. No les escribo porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira procede de la verdad... En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esta unción es auténtica -no es falsa- y les enseña todas las cosas.
Este texto -el único en el N.T. que habla de "unción"- afirma dos veces que la unción del Santo pertenece a todos los creyentes, sin excepción. De esa manera la enseñanza paulina sobre el tema se reafirma con aun mayor énfasis en una epístola juanina.
En segundo lugar, la unción tiene que ver con conocimiento y sana doctrina; no tiene nada que ver con miradas piadosas, gritos y susurros, historietas sacalágrimas, música de trasfondo a veces dulce, a veces estridente; en fin, unción y emocionalismo no tienen nada en común.
En tercer lugar, como conclusión: los fieles cristianos y cristianas no necesitan maestros, pues no tienen nada que aprender de las vanas especulaciones de los presuntos "sabios" que inventan novedades en vez de escudriñar fielmente la Palabra, de la mano del pueblo de Dios, que son todos "carismáticos", portadores del Espíritu. (Este último punto significa que los pastores y maestros no deben ser autoritarios ni reprimir la sana criticidad en el pueblo).
Es obvio que nuestro uso del término "unción" dista mucho del sentido bíblico. Pero no quiero que se malinterprete este argumento. Mi crítica del abuso de una palabra, y de todo intento de poner fuego artificial en el altar de Yahvéh, no significa que no necesitemos "un mover del Señor" y que Dios no quiera derramar su Espíritu sobre su pueblo. Pero eso tiene que ser un mover de Dios en su libertad divina, no un esfuerzo nuestro de "mover" a Dios. Ni debe ser esa malentendida "unción" la meta de nuestra labor, ni aún el enfoque de nuestra atención. No son lo mismo emoción y emocionalismo, pero fácilmente nos confundimos y se nos olvida esa diferencia.
Termino con un homenaje póstumo a un predicador del evangelio, que ya partió con el Señor, con quien no siempre estuve de acuerdo pero a quién admiré y quien me edificó con su ministerio. Me refiero al hermano David Wilkerson. Era uno de los predicadores más emocionales de nuestro tiempo, pero su emoción era genuina y profunda, un dejarse mover por el Espíritu de Dios hasta las fibras más sensibles de su ser. Sus mensajes tenían sólido contenido bíblico. Era emocional pero no emocionalista. Era capaz de llorar largos minutos de sollozo ante el Señor en medio sermón, pero nunca capaz, creo yo, de simular emociones que no nacían al pie del trono divino, en la presencia del Señor de señores. Y jamás hubiera pretendido ser un "ungido"; más bien decía que él no era "profeta", pero eso sí, tenía una profunda palabra profética para el pueblo de Dios.
¡Gracias buen Dios por nuestro hermano, tu siervo, David Wilkerson!
*Juan Stam
Fuente: Protestantedigital, 2014.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Entrevista exclusiva con Lutero



Por. Will Graham
Esta semana nos encontramos en Alemania donde un joven predicador y teólogo agustiniano está causando un revuelo en su comunidad local. Se trata del doctor Martín Lutero (33) profesor de Teología bíblica en la Universidad de Wittenberg. El nombre de Lutero ha estado en la boca de miles de alemanes desde que anunció que se opondrá públicamente a la venta de indulgencias este próximo 31 de octubre de 1517. Por esta misma razón, hemos viajado hasta aquí con el fin de hacerle una entrevista exclusiva para Protestante digital.
Will Graham (WG): Gracias por recibirnos con tanto cariño, doctor Lutero.
Martín Lutero (ML): Por favor, Martín. Somos hermanos en Cristo.
WG: Bueno, Martín, nuestros lectores en España están ansiosos por saber qué es lo que exactamente va a pasar día 31. ¿Qué tienes en mente?
ML: Todo se revelará, Will. Prefiero no hablar sobre mis planes todavía.
WG: ¿Pero nos puedes confirmar si te sigues oponiendo a la venta de indulgencias? ML: Sí, en efecto, es así. Estoy cien por cien en contra de las indulgencias.
WG: ¿Por qué?
ML: ¿Por dónde empiezo? La indulgencia es una blasfemia abominable, hija de falsa doctrina. ¡Como si el perdón y el favor de Dios se pudiesen comprar! ¿Qué no venderán por amor al dinero? Dijo el apóstol: “Tu dinero perezca contigo porque has pensado comprar el don de Dios con dinero”. ¿Por qué el Papa no prefiere construir esa catedral de san Pedro con su propio dinero y no con el de los pobres cristianos? La verdad es que estoy muy desilusionado con una gran parte de mi Iglesia. Percibo que se están distanciando cada vez más de la sencillez del relato del Evangelio. Me pregunto todos los días: ¿dónde están los cristianos verdaderos?
WG: ¿Cómo definirías tú un ‘cristiano verdadero’?
ML: Un cristiano significa tener el Evangelio y creer en Cristo. Esta fe –y nada más que la fe- trae el perdón de los pecados y la gracia de Dios. ¡Nada, pues, de indulgencias! La fe viene sólo del Espíritu Santo que la crea sin nuestra intervención y colaboración. Es la obra propia de Dios. Esta fe tolera solamente que el Espíritu Santo la moldee y la forme como el alfarero hace una vasija de barro o arcilla. Semejante cristiano verdadero cree en Cristo y confiesa que sólo por Él alcanzamos el perdón de los pecados, la vida eterna y la bienaventuranza por mera gracia y misericordia, sin ningún mérito o dignidad o indulgencia por nuestra parte.
WG: Si entiendo bien tu argumento, estás diciendo que las indulgencias usurpan el lugar que corresponde al Espíritu Santo en el Evangelio, ¿es así?, ¿o me equivoco?
ML: Exacto. Es tan necesario apartar la vista de los becerros de oro contemporáneos y mirar directamente al hombre llamado Cristo. Sólo podemos hacer esto en el poder del Espíritu. Por Jesús tenemos consuelo contra la muerte y el pecado. ¡No por las indulgencias! Nuestro amado Salvador sufrió la muerte por nosotros y obtuvo la victoria para nuestra paz y protección y se sienta a la diestra de su Padre divino para defendernos. Cristo es todo suficiente. No hace falta manipulación humana. Mi mensaje es: ¡sólo Cristo!, ¡sólo fe en Él!
WG: Algunos te han criticado precisamente por esa misma razón. Dicen que por hacer tanto énfasis en la fe que te has olvidado de la razón. ¿Te parece una crítica apropiada, correcta?
ML: No. De ninguna forma. Tales personas no han entendido mi teología. Déjame explicarte la relación entre la fe y la razón a la luz de las Escrituras. Antes de que un hombre nazca de nuevo, la razón frente a la fe y al conocimiento de Dios es mera oscuridad. No sabe ni entiende nada de cosas divinas. Sin embargo, un creyente renacido e iluminado por el Espíritu Santo es un excelente instrumento de Dios. Todos los dones de Dios e instrumentos y habilidades son perjudiciales en los impíos. En cambio, en los piadosos son saludables. Entonces la razón favorece la fe. Sirve a la fe cuando antes la impedía. La razón iluminada por la fe recibe vida de ella, puesto que ha muerto y resucitado. A la luz del día, cuando hay claridad, nuestro cuerpo se levanta mejor, más seguro y más hábil y se mueve, anda y obra mejor que en la noche, en la oscuridad. Así también nuestra razón tiene otro modo de ser. Ya no lucha ni lidia contra la fe como anteriormente, cuando no estaba iluminado, sino ayuda más bien a la fe y la sirve.
WG: Gracias por esta explicación tan espléndida. Así que no es pecado pensar. ¡Aleluya! ¿Y podrías aclararnos la relación entre la fe y las obras también?
ML: Con mucho gusto. Por la fe recibimos un nuevo corazón puro. Las buenas obras son una consecuencia de nuestra regeneración y del perdón de los pecados. Y lo que de pecado o defecto en las obras haya, no será contado como tal, precisamente por amor de Cristo; antes al contrario, tanto la persona como las obras del hombre serán consideradas justas y santas por la gracia y la misericordia de Dios en Cristo, gracia y misericordia que han sido abundantemente derramadas sobre nosotros. De aquí se desprende la imposibilidad de poder preciarnos de nuestras obras y sus méritos, a no ser que Dios las considere bajo su gracia y misericordia; como está escrito: “El que se gloría, gloríese en el Señor”.
WG: Es decir, ¿la fe siempre produce buenas obras?
ML: Efectivamente.
WG: ¿Y por qué piensas que tantas personas procuran ser salvas por sus obras?
ML: Porque eso es lo que sucede cuando hay duda. No confían en el Evangelio de Dios. Las personas que andan así son como un siervo, harto desesperado que muchas veces se vuelve loco. Quién no está de acuerdo con el Evangelio en su corazón, empieza a buscar y a preocuparse cómo poder satisfacer a Dios y conmoverle con muchas obras. Peregrina a Santiago, a Roma, a Jerusalén, para acá y para allá; reza las oraciones; esto y aquello; ayuna en ese día y en aquél. No obstante, no halla tranquilidad, y realiza todo eso con gran pesadumbre, desesperación y aflicción del corazón. De todos modos, ésas no son buenas obras. Todas ellas son vanas. No glorifican al Dios del Evangelio porque surgen de la duda y no de la fe.
WG: Y, si me permites hacerte una pregunta personal, ¿por qué obedeces tú a Dios? ML: Pues, le obedezco porque tengo fe. Ahora todo lo hago con el corazón alegre, apacible y seguro. Me siento libre. Es para mí un placer el agradar a Dios de esta manera y sirvo a Dios sinceramente y sin interés alguno. Me basta con que a Dios le agrade. Podemos verlo en un común ejemplo humano. Cuando un hombre o una mujer confían en el amor y la complacencia del otro y confían firmemente, ¿quién les enseña cómo comportarse, qué se debe hacer, dejar de hacer, callar o pensar? La sola confianza les enseña todo esto y más de lo que hace falta.
WG: Preciosa analogía. Tenemos que ir terminando, hermano, porque sabemos que eres un hombre muy ocupado y tienes que dar clase esta tarde. Un par de preguntas finales. La primera sería si estás preocupado por las consecuencias que conllevarían tu oposición pública hacia las indulgencias.
ML: ¿Preocupado? Estoy más preocupado por ofender a mi Dios. Mi conciencia está ligada a su Palabra. Sé que el Señor me protegerá porque estoy defendiendo su causa, su verdad. Ahora bien, si alguien me convence de la falsedad, estaré pronto y dispuesto a retractarme de todo error. Seré el primero en denunciar mi doctrina. Así que salvo el caso de que me venzan y me refuten con testimonios de las Sagradas Escrituras o con argumentos públicos, claros y evidentes, no cambiaré mi postura tocante a las indulgencias.
WG: Finalmente, hermano Martín, ¿hay algo que te gustaría decir a los creyentes de España?
ML: Pues, qué estén firmes en la fe, entendiendo que todo verdadero cristiano participa de todos los bienes espirituales de Jesucristo y de la Iglesia por la gracia de de Dios y sin bulas de indulgencia. Qué no pierdan su temor a Dios y qué confíen en Él sobre todas las cosas.
WG: Muchas gracias por tu tiempo. Estaremos todos atentos esperando las noticias del próximo 31 de octubre. Muchas bendiciones de parte de tus hermanos en Cristo de la península ibérica.
ML: Amén, gracias. A Dios sea la gloria.
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* Las citas de Lutero están sacadas del libro Martín Lutero: Antología (Editoral Pleroma: Barcelona, 1983).

*Autor: WillGraham

Fuente: Protestantedigital, 2014.