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lunes, 13 de agosto de 2012

¿Por qué los creyentes dejan la Iglesia Católica?

Para la Iglesia Católico Romana el desafío que los evangélicos representan tiene poco que ver con sus diferencias doctrinales, sino con su calidad de vida.
Por.Leonardo de Chirico, Italia*
“Journeys of Faith” (Los Viajes de la Fe) es el título de un libro reciente que contiene una serie de relatos biográficos acerca de personas (situadas en el contexto de EE.UU.) que han cambiado su fidelidad cristiana de una iglesia o tradición a otra. [1] Es una narración fascinante de la compleja realidad de los cambios religiosos que se producen en la vida de las gentes.
Los viajes de la fe ocurren por todo el mundo y en todo momento. Las migraciones religiosas son acontecimientos corrientes mediante los cuales las personas cambian la dirección de sus peregrinajes espirituales.
En algunas áreas, como en América Latina, se asume que desde hace algunas décadas la comunidad católico romana ha ido disminuyendo en número a costa de varias iglesias evangélicas y pentecostales. ¿Por qué motivo ha sucedido esto? Los sociólogos y los historiadores dan algunas respuestas.La cuestión más importante fue abordada recientemente por Benedicto XVI y sus comentarios merecen algunas consideraciones.
¿NO HAY RAZONES TEOLÓGICAS?
Cuando recibió a los obispos de la Conferencia Episcopal de Colombia (22 de junio), el Papa Ratzinger habló del contexto Latino Americano como de una zona donde la Iglesia Católico Romana (ICAR) tiene que hacer frente a un pluralismo religioso creciente . En América Latina en general, y en Colombia en particular, la sociedad estaba más “unificada” desde el punto de vista religioso, pero los recientes cambios la han transformado en un área extremadamente polifacética. Benedicto XVI se refiere explícitamente a las “comunidades evangélicas y pentecostales” como realidades muy activas y los principales agentes de este cambio.
En este punto hace la pregunta “por qué” antes de averiguar “qué hacer”. En lugar de proporcionar su propia idea para explicar la situación, Ratzinger cita el documento redactado por la Conferencia de Obispos Latino Americanos de 2007 que ofrece una interesante visión . La sección aplicable del documento (n. 22) citada verbatim por el Papa, puede resumirse de esta forma: la mayoría de personas que abandonan la Iglesia Católico Romana en América Latina no lo hacen a causa de lo que los grupos “no católicos” creen, sino debido a la manera en que viven. La razón fundamental no es doctrinal sino que está relacionada con el estilo de vida. Los problemas que perciben no son dogmáticos, sino pastorales. No se distancian de la Iglesia Católica por razones teológicas, sino a causa de cuestiones prácticas .
En otras palabras, el desafío que los pentecostales y los evangélicos representan para la Iglesia Católico Romana tiene poco que ver con sus diferentes doctrinas de la Biblia, la autoridad, los sacramentos, la Iglesia, la salvación, etc., sino con la calidad de vida que parecen tener y que pueden ofrecer a los que vienen de afuera.
LA RESPUESTA ES AÚN MÁS CATOLICISMO
La respuesta al “qué hacer” es sencilla y es la consecuencia de la pregunta “por qué”. No hay nada que cambiar en lo que se refiere a la doctrina de la ICAR. El reto es llegar a ser “mejores” católicos : más hospitalarios, más completos, más compasivos.
Realmente, el Papa alienta a los obispos colombianos a lograr una mejor calidad de vida para los católicos fomentando los rasgos distintivos “católicos” que alberga el alma latino americana: el cumplimiento de las tradiciones de la ICAR, la profundización de la espiritualidad mariana y la práctica de una vida devocional más rica.
El remedio no es menos catolicismo romano y más evangelicalismo, sino que en su lugar se necesita convertir al catolicismo romano para que sea más rico y más profundo que el evangelicalismo práctico.
ENTRE EL HARDWARE Y EL SOFTWARE
Para decirlo sencillamente, a los ojos del Papa el evangelicalismo no parece que tenga un “hardware” teológico que sea lo suficientemente sólido para ser una alternativa real al catolicismo romano .
Este Papa ha argumentado reiteradamente que el evangelicalismo es demasiado líquido en su doctrina e inestable eclesiásticamente para tomarlo seriamente como una contrapartida teológica. No obstante, lo que tiene el evangelicalismo es un buen “software” de la vida cristiana y un mejor enfoque de la misión espiritual que el que pueda ofrecer al pueblo el catolicismo latino americano. Por lo tanto, los católicos deberían mejorar su “software” sin cambiar su “hardware” tan bien establecido.
Deberían perfeccionar el rendimiento reforzando su ADN. Finalmente, deberían optimizar sus actuaciones mediante una estrecha y permanente colaboración con lo que enseña su Catecismo.
El discurso del Papa a los obispos colombianos es otro ejemplo de la forma en que Benedicto XVI percibe el evangelicalismo: un curioso experimento que atrae a la gente con su habilidad para agarrar con sus expectativas experienciales, pero con poca sustancia teológica para preocupar realmente a la Iglesia Católico Romana.
También nos recuerda el camino a seguir que el Papa prevé para el futuro de su Iglesia: una renovación interior sin ninguna reforma doctrinal, aferrándose mejor a su pasado y a la tradición viva.

Traducción: Rosa Gubianas

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[1] Robert L. Plummer (ed.), Journeys of Faith, Evangelicalism, Eastern Ortodoxy, Catholicim, and Anglicanism (Los Viajes de la Fe, Evangelicalismo, Ortodoxia Oriental, Catolicismo y Anglicanismo) (Grand Rapids: Zondervan, 201

Autores: Leonardo de Chirico

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domingo, 12 de agosto de 2012

(Re)deconstruir la historia del protestantismo mexicano y (re)valorar la presencia misionera

Grayson (“Julio”) Mallet Prevost (1823-1896), primer misionero presbiteriano en México (*).
Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México*
Indagar la historia del protestantismo mexicano en alguna de sus manifestaciones desde adentro, es decir, como militantes, obliga, como se sabe, a tomar una difícil distancia crítica que únicamente se puede lograr con un manejo adecuado de metodologías que permitan superar las visiones hagiográficas o triunfalistas.
Y es que cuando se trabaja con la intención de producir “biografías autorizadas” o volúmenes consumibles para la auto-alabanza, se corre el riesgo de obtener perspectivas limitadas que poco abonan para la comprensión de los procesos en los que han participado las comunidades. Algunos esfuerzos previos por “adecuar” el comportamiento de los grupos protestantes para situarlos en relación con determinadas circunstancias, lo que se reprochó a Jean-Pierre Bastian al estudiar las sociedades evangélicas de la época del Porfiriato, especialmente al advertir las derivaciones ideológicas posteriores, complican la percepción del panorama global.
De ahí que exhortaciones como las del recientemente fallecido teólogo metodista argentino José Míguez Bonino sigan tan vigentes al momento de acometer acercamientos a los precursores/as olvidados : “El protestantismo latinoamericano necesita desesperadamente esa carta, esa herencia. Y la necesita especialmente en esta hora de crecimiento acelerado, de renovación y fervor religioso, en un mundo al que parecen haber “regresado” todos los dioses. Es preciso que, en esta hora, sepamos vincular memoria y destino, recuerdo y esperanza, pasado y proyecto”. [1] Esa ausencia de “raíces”, de raigambre plena en el seno de las culturas nacionales ha hecho que en innumerables ocasiones el sambenito de extranjerismo siga siendo una realidad, a pesar de las resistencias naturales negadas también por una praxis que sigue privilegiando las influencias externas de “relumbrón”, como en el caso de las traducciones de autores anglo-sajones de amplia presencia en las iglesias.
Míguez agrega otra intuición fundamental: “Unos y otros [los/as militantes de segunda y tercera generación] necesitamos a los historiadores para que nos permitan recuperar la continuidad y sentido de las ‘historias’, entender la dirección y el propósito de las ‘peculiaridades’, reconstruir el mundo en el que vivieron nuestros padres para poder verlo; no sólo desde la distancia de nuestros propios códigos ideológicos, sino desde la vida cotidiana de su propio tiempo”. Por ello, los historiadores/as propios han debido desprenderse de conceptos establecidos, aplicables de distinta manera a la situación propia, como sucede con el de secularización que, enfrentada al ambiente mexicano, ya no funciona igual, especialmente por las ambigüedades de los gobiernos para aplicar las leyes en materia religiosa. Eso ha sido muy claro en los últimos dos sexenios, de orientación abiertamente filocatólica.
Reconstruir esta historia mediante el estudio de nombres entrañables, circunstancias y épocas ya idas en las que, según se dice, “se supo bien qué hacer”, obliga a asumir horizontes críticos que, obviamente, pueden irritar a los espíritus dominados por el triunfalismo eclesiástico , por lo que las celebraciones institucionales de algunas iglesias no siempre promueven un revisionismo histórico en el que las nuevas generaciones pueden no solamente “aprender la experiencia” de sus mayores sino que, además, les permita ingresar al pasado con recursos nuevos y, eventualmente, transformadores.
El atrevimiento de los jóvenes historiadores enfrenta, de manera casi natural, la oposición de quienes resisten el impacto de las evidencias y en ocasiones deben buscar espacios académicos neutrales para realizar su labor. Es lo que ha estado sucediendo en los últimos años, cuando en diversas universidades públicas se han publicado tesis sumamente atendibles. Los trabajos de investigadores como Ariel Corpus, Deyssy Jael de la Luz García, Penélope Ortega, Raúl Méndez y Hugo Daniel Sánchez abren nuevos rumbos para el abordaje histórico e interdisciplinario de la presencia protestante.
El historiador costarricense (también ya finado) Arturo Piedra y otros estudiosos se han preguntado hacia dónde va el protestantismo en estos tiempos tan distintos a los que conocieron los pioneros/as. [2] Desde su propia experiencia como fruto de una misión extranjera tradicionalista, Piedra demostró la posibilidad de desmontar creencias y actitudes, como lo hizo con la evangelización, cuya comprensión tan limitada sigue permeando las mentalidades de amplios grupos y denominaciones. [3] Eso podría marcar la pauta para abordar muchos de los aspectos y contenidos de la vida comunitaria e institucional: educación, predicación, misión, pastoral, etcétera.
Porque también existe una vertiente ética a la hora de reconstruir y tener el valor de deconstruir la historia propia, la que puede doler ante el encuentro con episodios y acciones cuestionables. Ésa es la razón por la que no se pueden aceptar visiones tan falsamente inocentes y abiertamente falseadas e incompletas como la de un burócrata y dirigente de larga trayectoria (Saúl Tijerina, en Peregrinaje de un pueblo, 1993), quien despachó uno de los periodos más conflictivos de la historia del presbiterianismo (el transcurrido entre 1953 y 1958, cuando se puso haber superado el tan dañino dualismo ideológico) con una frase superficial, pues según él sólo se trató de “polvo en el camino” de una “iglesia triunfante” . Ante acciones de este tipo, las palabras de Míguez Bonino son tan exactas y exigentes para quienes investigan el pasado evangélico: “Todo eso somos y necesitamos saberlo, para dar gracias a Dios por un lado, pero también para pedir perdón; para reconstruir sobre esas viejas historias nuestras liturgias —como en los antiguos salmos— para animarnos a añadir a esos testimonios los nuestros, a su invitación a la fe la nuestra, para volver a implorar el soplo del Espíritu”.
Hacer historia, en los dos sentidos: protagónico e investigativo, es también una tarea teológica para quienes se atreven a describir y descubrir los acontecimientos con una metodología rigurosa atenta a las fuentes, discursos y contradicciones propias de procesos que no obedecen a los deseos piadosos e idealistas de dirigencias que deben justificarse a sí mismas sino que más bien dependen de la multiplicidad de factores ante los cuales las iglesias o comunidades están expuestas siempre. Renunciar a documentar, revisar y actualizar la historia puede convertirse, así, en un acto de deshonestidad ética y espiritual.
Por otro lado, urge (re)valorar la presencia misionera en el país, especialmente porque se ha incurrido en los extremos de sobrevalorar la actuación de quienes, a partir de la llegada de James (“Diego”) Thompson, educador y colportor escocés que desde los años 20 del siglo XIX colaboró con el gobierno, organizaron congregaciones, o de menospreciar su trabajo. Personajes como Melinda Rankin y el médico Grayson (“Julio”) Mallet Prevost, iniciadores del presbiterianismo en momentos y ubicaciones muy precisas (Tamaulipas y Nuevo León, en el primer caso, y Zacatecas en el segundo), deben ser estudiados con mayor detenimiento para superar las idealizaciones de las que han sido objeto. Joel Martínez López, en su investigación de 1972 dedicó sendos capítulos a cada uno y, para equilibrar, a dos nacionales (Arcadio Morales y Leandro Garza Mora). Apolonio Vázquez, a su vez, puso por delante una larga lista de misioneros estadunidenses antes de ocuparse de los primeros pastores mexicanos.
La dinámica entre misioneros y misionados no ha sido suficientemente analizada, especialmente si se recuerda que los primeros llegaron como parte de la invasión de 1847. Ése es un capítulo pendiente y que depara todavía muchas sorpresas.

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(*) Fuente de la imagen: Images from the History of Medicine .
[1] J. Míguez Bonino, “
Carta a los jóvenes historiadores del protestantismo latinoamericano”, en Centro de Estudios del protestantismo Mexicano.
[2] Cf. Arturo Piedra, Sidney Rooy y H. Fernando Bullón, ¿Hacia dónde va el protestantismo? Herencia y prospectiva en América Latina. Buenos Aires, Kairós-Fraternidad Teológica Latinoamericana, 2003.
[3] Cf. A. Piedra, Evangelización protestante en América Latina. Análisis de las razones que justificaron y promovieron la expansión protestante. 2 tomos. Quito, CLAI-UBL, 2000-2002.

Autores: Leopoldo Cervantes-Ortiz

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sábado, 11 de agosto de 2012

Teología y poesía: Homenaje a Luis N. Rivera Pagán, teólogo de poetas y narradores.

Por. Alfredo Pérez Alencart, España*
En el mismo cráter del Amor, cual fuentes destiladas de su magma propicio para infinitas germinaciones, coexisten dos creaturas impalpables que recuerdan nuestra humana Juventud, aún empapada de misterios: Poesía y Teología tienen semejante simiente y heredad , aunque una pléyade interesada se propuso enfrentarlas, desde centurias atrás, para así pretender convertirse en únicos ‘traductores’ o ‘enseñadores’ de la interpretación correcta del Mensaje de Dios.
Por eso callaron cuando el vulgo empezó a denostar a los poetas, a llamarlos locos. Y eso que Pablo, referencia teológica ineludible entre los seguidores de Cristo, había hablado de la locura de la Cruz. Y eso que a Jesús no pocas veces lo llamaron loco, como atestiguan los Evangelios… Esta ‘sordera’ es comprensible sólo entre aquellos que ni siquiera intuyen lo Divino: mucho “Dios, Dios…”, hinchando sus labios y razonamientos, pero poca humildad para reconocer que más de la mitad del Libro sagrado está escrito en lenguaje poético; que tanto el Libro de Job como el Apocalipsis, pasando por El cantar de los Cantares, Eclesiastés, Salmos… fueron escritos por Poetas , cual pararrayos del Hacedor o “Torres de Dios! ¡Poetas!”, como los denomina el notable Rubén Darío, mientras describe lo que viene sucediendo desde antaño con respecto al desdén hacia la poesía que retransmite lo Divino: “…Esperad todavía./ El bestial elemento se solaza/ en el odio a la sacra poesía/ y se arroja baldón de raza a raza.// La insurrección de abajo/ tiende a los Excelentes./ El caníbal codicia su tasajo/ con roja encía y afilados dientes.// Torres, poned al pabellón sonrisa./ Poned ante ese mal y ese recelo,/ una soberbia insinuación de brisa/ y una tranquilidad de mar y cielo...”.
II
¿Teología enconchada o Poesía de suplicante fuerza? No reanudemos las disputas: mejor el connubio, la ardiente forma de existir como una oración que no se pudre al amparo de rituales e inercias . Ambas creaturas impalpables parpadean el resplandor del Niño. Ambas recuestan la cabeza del Ungido. Por ello, ningún monopolio o contrapunto ante el Cordero de generosa entrega.
El Verbo encarnado hace añicos tal aspiración monopolizante: Jesús es Poeta y sus palabras destilan Esperanza o mascan el ubérrimo pezón de las injusticias y las intolerancias farisaicas: prostitutas y demás marginales reinan en sus Parábolas, se alzan cual nueva vida purificada por el ejemplo del perdón. Aquel a quien la mayoría llama el Silencioso supo mostrar su voz a través del Amado galileo, del Poeta sin simulacro . Pero también he ahí a los profetas-poetas mayores y menores que anotaron mensajes o revelaciones para que los prójimos no deambulen por el lodazal.
Por otro lugar pergeñé este párrafo: Sólo un poeta-profeta como Jesús pudo hacer girar más rápido la rueda de la historia hasta cambiar el mundo desde su divina sensibilidad : “Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis”. Jesús, del linaje del poeta David, fue el referente máximo de Pablo de Tarso, quien en su primer viaje misionero a Europa, en el areópago de Atenas, hablaba de Dios y de su cercanía con aquellos que transmiten la voz de lo sagrado: “Porque en Él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: porque linaje suyo somos”. ¡Cuánto sabía Pablo del poeta estoico Epiménides y también de su paisano Arato, poeta de Cilicia!
III
Que si Metafísica, que si Teodicea, que si Teología natural, que si Filosofía primera… El conocimiento de la Divinidad no puede troquelarse con el bagazo de exégesis que yerran o se pulverizan cuando desdoblan símbolos y significados; cuando buscan tapiar la Voz poética que viene desde el Principio; esa misma Voz que hoy y mañana sólo busca restañar la Identidad perdida tras la inmensa madeja de escritos y palabrerías de tanto intermediario de indecisa Fe. Ahora los hay, como cuando en tiempo de Jesús éste les recriminó: “¡Ay de vosotros también, intérpretes de la ley, porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis!”.
La Poesía no es polvoso azufre o hiedra que estrangula a la Palabra: la Poesía no se entrega al absurdo, como el vulgo cree , sin saber que el voltaje del lenguaje poético no oculta fetideces ni sufre interesada amnesia a la espera de compensaciones y canonjías eclesiales o misioneras. El poeta no quiere templo para su sacerdocio, pues lo suyo es comunicar lo que está fuera de la tumba sin Cuerpo: la Poesía es oración hacia Dios y hacia el prójimo: mismo Amor para los dos mandatos supremos. La poesía no atraviesa el Tiempo embarcada en la fragata del o absurdo: revela los frutos colmados de intuición, el matiz del Paraíso de un Jesús benévolo.
Por eso es que también Juan de Patmos, desterrado por “causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo”, escribe su Apocalipsis, visión cimentadora del Tiempo venidero:
Y los diez cuernos que viste de la bestia,
éstos aborrecerán a la ramera,
y la dejarán desolada y desnuda;
y devorarán sus carnes,
y la quemarán con fuego…
Y si la Palabra es el Origen de la vida (la Palabra, es decir, la Voz o Eco del perfecto y misterioso Universo), no nos extrañemos del Milagro que a diario expone la intención profunda de Dios. La poesía es más filosófica que la historia, resaltaba Aristóteles. Y yo estimo que la Teología se completa con la Poesía : por ella no se escapa la Belleza de Cristo; por ella el Cuerpo y el espacio se hacen Domingo eterno, celebración en la capilla y Culto donde cada palabra se incrusta en la Palabra hasta vivificar maltrechos fervores.
IV
El poeta, si es cristiano sin monotonía, enseña que su corazón no está embalsamado . No es que le guste estar clamando contra iniquidades e injusticias; tampoco es feliz exponiendo sus visiones de la realidad otra. Basten como ejemplo los versos Francisco Matos Paoli, de Puerto Rico: “Yo quisiera vivir/ sin tener que ser profeta,/ estar abierto en el agua/ como la flor de loto,/ perder la huella de la noche,/ no sostener más la perla del abismo/ huir hacia el cafeto florecido/ que en simplicidad alaba./Pero es imposible, Dios mío”.
Pero tuvo que clamar por la independencia de su tierra y sus paisanos. Y fue encarcelado y sufrió su cordura por ello. Sin profecía el pueblo se desenfrena, se lee en Proverbios. Mejor Teología y Poesía, que Teología o Poesía: No una u otra: tampoco el festín caníbal sobre la Poesía.
No más se ensañen o desdeñen la palabra poética. Les recuerdo lo que escribió un irreprochable poeta y teólogo, el hebraísta Fray Luis de León, encarcelado por la Inquisición : “La poesía sin duda la inspiró Dios en los ánimos de los hombres, para con el movimiento y espíritu de ella levantarlos al cielo, de donde ella procede; porque poesía no es sino una comunicación del aliento celestial y divino; y así en los profetas casi todos, así los que fueron verdaderamente movidos por Dios, como los que incitados por otras causas sobrehumanas hablaron, el mismo espíritu que los despertaba y levantaba a ver lo que otros hombres no veían, les ordenaba y componía y como metrificaba en la boca las palabras, con número y consonancia debida, para que hablasen por más subida manera que las otras gentes hablaron, y para que el estilo del decir se asemejase al sentir, y las palabras y las cosas fueran conformes”.
Poesía más Teología; Teología más Poesía: tan Hondo el reino Esencial que no conviene empobrecerlo con cancerosas mutilaciones. Que los buitres persigan a otros muertos que no creyeron en nuestra Fe.
Y acude la voz de Jesús, poeta y profeta, antes de que ardan los tiempos:
Viene la hora, y ahora es,
cuando los muertos oirán la voz
del Hijo de Dios;
y los que la oyeren vivirán…

*Autores:Alfredo Pérez Alencart

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viernes, 10 de agosto de 2012

La teología evangélica: ubicación histórica. (Breve repaso de cinco siglos)

Por. Juan Stam, Costa Rica
Los epítetos "conservador" y "liberal" son membretes que suelen manejarse con poca claridad y precisión. Son calificativas sujetivas, en que "conservador" es cualquier persona "a la derecha" mía (¡otro término muy relativo!) y "liberal" es cualquier persona "a la izquierda" de donde me ubico yo. A quién no me gusta, fácilmente lo califico de "fundamentalista" o al contrario, de "modernista", sin tener la menor idea qué significan teológica e históricamente esos términos.[1] De manera similar, para muchos "ortodoxia" significa "cualquier doctrina que me parece aceptable" y "herejía" equivale a "toda doctrina que yo rechazo".
A veces esta confusión llega a tener resultados bastante cómicos. Muchos conservadores, quizá la mayoría, denuncian a Karl Barth como "liberal", cuando de hecho la teología de Barth es lo contrario y él era el mayor opositor de la teología liberal. Barth creía firmemente en la deidad de Cristo, y en sus primeras décadas, según los críticos, tendía a menospreciar un poco su humanidad y lo humano en general. A diferencia de la teología liberal, Barth creía firmemente en la justificación por fe y basó toda su teología en la trinidad y la trascendencia de Dios como el "totalmente Otro".
Menos cómica, y a menudo triste y lamentable, es la tendencia de algunos "liberales" de clasificar a todos los "evangélicos" como "fundamentalistas" y "derechistas" en teología e ideología, sin analizar el significado de esos términos y matizar sus juicios de acuerdo con la realidad. Eso se complica porque actualmente muchos que se clasifican como "evangélicos", especialmente en los Estados Unidos, son de hecho fundamentalistas y ultraderechistas, con una religiosidad más republicana y derechista que cristiana. Por eso "evangélico" hoy es un término contaminado, que tenemos que "descontaminar" si vamos a seguir llamándonos por ese honroso título.
Conviene aclarar desde un principio lo que no significa el adjetivo "evangélico". No significa fundamentalista, con un dogmatismo rígido y acrítico. Tampoco significa derechista, cerrado, reaccionario, sin conciencia social. No significa legalista o moralista, aunque lucha por forjar una ética personal y social fiel al evangelio y las escrituras. Tampoco significa simplemente "protestante", como en muchas partes de América Latina, ni menos debe confundirse con los "conservative evangelicals" de los Estados Unidos. En su sentido verdadero, "evangélico" es un término bellísimo, basado en las buenas nuevas de la gracia de Dios en Cristo, un adjetivo cuyo sentido tenemos que recuperar y proteger.
Lo que se suele olvidar es que cada uno de estos términos tiene un origen histórico, y por eso tienen que ser entendidos históricamente. La mayor causa de su abuso es la tendencia de emplearlos fuera de su sentido teológico original. Por eso, para aclarar estos términos vamos a resumir los movimientos históricos de los que nacieron estas diversas tendencias.
La Reforma protestante[2]: Son bien conocidas las líneas básicas del proyecto histórico de la Reforma protestante. (A) Fue un despertar, ante el dogmatismo y tradicionalismo existente, de libertad de la conciencia cristiana liberada por la Palabra de Dios. "Si no se me demuestra de las escrituras y de la sana razón, no retracto nada", dijo Lutero en su desafiante declaración ante la dieta de Worms (1521).[3] Los Reformadores, a pesar de sus fallas humanas, eran pioneros de las libertades modernas y en su momento histórico promulgaban una teología verdaderamente liberadora.[4]
(B) Los reformadores afirmaron el principio de sola scriptura como fuente y norma de verdad revelada, de fe y práctica (aunque por supuesto no única fuente de conocimiento). Por eso, vivían con una pasión por la buena interpretación bíblica y la predicación expositiva. (C) Otra pasión de ellos fue la pasión por el evangelio, por las buenas nuevas de la redención en Cristo por la gracia mediante la fe (sola gratia, sola fide). (D) Para los Reformadores, la fe no era simple asentimiento a doctrinas sino la entrega de la vida entera. Para Calvino, "todo recto conocimiento de Dios nace de obediencia". La fe era fiducia y praxis (para combinar un término latín de Lutero con otro griego de la sociología moderna).
(E) Los Reformadores entendían su misión como siempre inconclusa e imperfecta; no absolutizaron su `pensamiento como un sistema definitivo y final sino lo entendían como un proceso de búsqueda sin fin. Por eso fueron promotores de una "ecclesia reformata semper reformanda secundum verbum Dei " ("iglesia reformada siempre reformándose según la palabra de Dios").[5] Por eso también Calvino nos dejó nueve ediciones de La Institución", a veces una revisión casi total. Sin duda, si hubiera vivido unos años más, nos habría dejado también una décima edición. En ese aspecto, el pensamiento de los Reformadores mostraba una impresionante humildad y flexibilidad.
En Lutero encontramos una impresionante combinación de firme convicción junto con una humilde flexibilidad. Al declarar sus inclaudicables convicciones evangélicas solía decir, "Esto es ciertamente la verdad", pero reconocía también que su propio conocimiento era finito y falible y que sólo Dios es absoluto (el "principio protestante", según Paul Tillich). Lutero era un "teólogo irregular" que nunca organizó su pensamiento en una "teología sistemática".
El segundo momento en nuestro resumen histórico, que afloró después de la muerte de los Reformadores, es la Ortodoxia protestante, o "el escolasticismo protestante" (aprox. 1580-1700).[6] Se caracterizó por "la cerrazón dal diálogo con otras iglesias, el gusto por las sutilezas teológicas, el dogmatismo epistemológico y el individualismo al ultranza" (Diccionario ilustrado de intérpretes de la fe, Justo L. González ed., p.477). A diferencia del pensamiento dinámico y fluido de los Reformadores, ahora se tendía a reducir la fe a un sistema cerrado y estático. Prevalecían las sospechas: algunos luteranos acusaban a los calvinistas de ser "cripto-católicos", algunos calvinistas hacían lo mismo contra
los luteranos, y hasta algunos luteranos acusaban a otros luteranos de ser "cripto-calvinistas". En esta época se formuló el dogma de la inerrancia de las escrituras, que no fue tema para los Reformadores, y ahora se extendió dicha infalibilidad hasta las copias y la vocalización del texto hebreo. Pero esa Biblia infalible se empleaba mayormente para textos de prueba y la exégesis bíblica solía ser pobre. De las enseñanzas del NT y del calvinismo moderado de Calvino mismo los ortodoxos sacaron inferencias para definir los "cinco puntos" del calvinismo oficial: la depravación total del ser humana, la gracia incondicional de Dios, la expiación limitada (Cristo murió sólo por los elegidos), la gracia irresistible y la perseverancia de los santos (Sínodo de Dort 1618-19).
Una de las razones de la actitud defensiva de la ortodoxia era el crecimiento de una ola de escepticismo racionalista inspirada por el Renacimiento humanista del siglo XV.[7] Muy importante eran los Ensayos de Miguel de Montaigne (dos tomo, 1580) y el pensamiento de Pierre Bayle (1647-1706), a quien Voltaire apodó "el maestro de la duda". Después, en el siglo XVIII ("el siglo de las luces"), la llamada "Ilustración" profundizó mucho más las dudas y el escepticismo, inculcando un rechazo de toda autoridad y tradición, buscando la verdad más bien por el raciocinio, la observación y la experimentación.[8] En el XIX "los maestros de la sospecha" (Kierkegaard, Marx, Darwin, Freud, Nietzche) terminaron de revolucionar la filosofía occidental.
La teología respondió a estos desafíos de tres maneras: (1) con la ortodoxia dogmática, apelando precisamente a la autoridad que rechazaban sus contrincantes. Esto llegó a su reductio ad absurdum con una larga y sensacional polémica periodística entre G. E. Lessing y un pastor ortodoxo luterano, el Pfarrer Goeze. Al quedar claro que la teología ortodoxa del pastor Goeze no tenía respuestas, éste terminó el debate amenazando a Lessing con el castigo eterno. Otras respuestas fueron (2) el pietismo y (3) la teología liberal de Schleiermacher.
Frente al racionalismo escéptico, la respuesta del Pietismo consistió en un rechazo de la "ortodoxia muerta" del escolasticismo protestante y una búsqueda de una relación personal con Jesucristo. Su única confesión de fe era "Ningún credo, sino sólo Cristo". Su fundador era Philip Jakob Spener (1625-1705), que en su libro Pia desideria (1675) ofreció una serie de propuestas para restaurar la religión verdadera en Alemania. August Hermann Francke (1663-1727), otro líder pietista, supo juntar la espiritualidad con la acción social y fundó un orfelinato, una escuela para los pobres y una clínica en su propia casa. El centro del pensamiento pietista era la recién fundada Universidad de Halle.
Los pietistas sentían que estaban llevando las enseñanzas de los Reformadores hasta sus conclusiones lógicas, enseñando que la justificación del creyente tenía que manifestarse en una nueva vida. Tenían mentalidad laica. El movimiento pietista comenzó con reuniones en la casa de Spener, para estudio bíblico y oración. Sus grupos caseros se llamaban "Collegia Pietatis" o "Collegia Philobiblica". No cabe duda que su ardor y su pasión nacía del evangelio y que era más fiel a los Reformadores de lo que era la ortodoxia muerta o el liberalismo después. El pietismo tuvo un impacto importante en el Conde Zinzendorf, líder de los moravos, como también en Juan Wesley y el metodismo.[9]
El pietismo impactó a la iglesia y se extendió rápidamente por Alemania, pero lamentablemente sufría de una escasez de buenos líderes. Por eso se fragmentó y a veces cayó en un sistema legalista muy rígido. También a veces era excesivamente individualista y espiritual, desvalorando el cuerpo y la sexualidad humana.
Una tercera respuesta al racionalismo incrédulo fue la teología liberal, introducida por Friedrich Daniel Schleiermacher (1768-1834). Este destacado teólogo era de una familia morava y estudió en la Universidad de Halle, el centro del pietismo, donde conoció la filosofía de Kant, Spinoza y Leibnitz y el romanticismo de Schlegel. Su obra, Sobre la religión, para sus despreciadores cultos, fue publicada en 1799. Para rescatar la decaída credibilidad de la religión, Schleiermacher la redefinió como "el sentimiento piadoso de dependencia absoluta", independiente de todo dogma.[10] En La fe cristiana (1821-2) reinterpreta toda la doctrina cristiana a partir de esa auto-consciencia religiosa. Entre los teólogos liberales figuran A. Ritschl, W. Hermann, A. Harnack, E. Troeltsch y en los Estados Unidos H. E. Fosdick, Albert C Knudson y Edgar Brightman. W. Rauschenbusch ensenó un "evangelio social", con base en el Reino de Dios. La teología liberal fue criticada acérrimamente por Karl Barth, Emil Brunner y los hermanos Niebuhr.
La teología liberal viene marcada por el moderno rechazo de la autoridad, incluso la de la de la revelación divina, y por la "duda metodológica" del pensamiento cartesiano. Duda no sólo de la tradición y de las interpretaciones de las escrituras, sino también de la veracidad de ellas mismas. Se caracteriza por un racionalismo escéptico, dispuesto a creer sólo lo que su propio análisis racional logra comprobar. A menudo muestra cierta satisfacción en refutar la enseñanza bíblica, como afirmación de su propia libertad para rechazar toda autoridad externa.
Para la teología liberal, en términos generales, el ser humano tiene adentro una chispa divina que lo capacita para sentir conscientemente la realidad de Dios. El pecado es el debilitamiento de ese sentimiento piadoso, que sin embargo estaba presente en Jesús en su máxima fuerza. La justificación por la fe consiste en que Cristo inspira en nosotros esa consciencia de unión mística con Dios. La Biblia es una especie de antología de las experiencias espirituales de la gente piadosa. El Reino de Dios consiste en que se haga la voluntad de Dios en la tierra (Ritschl, Rauschenbusch), olvidando generalmente la dimensión escatológica (la vida venidera). Para Harnack, la esencia del cristianismo consistía en "la paternidad de Dios y la fraternidad de los hombres" (sic).
Esta teología tenía un valor positivo en muchas de sus afirmaciones pero era problemática en lo que negaba, especialmente la eterna deidad de Jesús (y así la encarnación), su obra expiatoria y su resurrección corporal. En su afán de convencer a los "cultos despreciadores", a veces se adaptaba demasiado al mundo secular en vez de confrontarla como contracultura. Su énfasis en el "ya" del Reino era muy valioso, pero debían balancearlo con el "todavía no". A Schleiermacher se le considera "padre de la hermenéutica moderna". Para Ritschl, la tarea de la teología era la reconceptualización de la fe en diálogo con el contexto.[11] Estos eran aportes a la metodología teológica...Continuar leyendo

Fuente: www.juanstam.com

jueves, 9 de agosto de 2012

Los Inklings: C.S. Lewis, Tolkien, y Charles WilliamsCharles Williams, teología romántica

Poeta, novelista y pensador cristiano, fue una de las causas de la separación entre Lewis y Tolkien.
Por. José de Segovia Barrón, España*
Charles Williams no es un autor muy conocido para el público de habla hispana –por lo menos, en comparación con sus compañeros del grupo literario Los Inklings, C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien–. Poeta, novelista y pensador cristiano, fue una de las causas de la separación entre Lewis y Tolkien. El escritor de El Señor de los anillos veía con recelo la fascinación que produjo en el autor de Crónicas de Narnia su anglicanismo e interés por lo oculto. Ediciones Alamut ha publicado recientemente en Madrid una nueva traducción de la novela de Williams, Todos los Santos, con la introducción de T. S. Eliot.
Murió repentinamente, el año 1945, en Oxford, donde trabajaba en la editorial de la Universidad, aunque no había estudiado en ella. Empezó en Londres, pero no pudo acabar la carrera, a causa de los problemas económicos que tuvo su padre. Por lo que se puso a trabajar en una librería metodista. En uno de sus gestos quijotescos, Lewis se empeñó en que la Universidad de Oxford le diera una licenciatura honorífica –cosa que con mucho esfuerzo logró, en 1943–, aunque era básicamente autodidacta.
Será en Oxford, donde formó con Lewis y Tolkien uno de los círculos literarios más influyentes del siglo XX: los Inklings. La mayor parte de aquellos escritores eran cristianos, pero no todos. Reivindicaron la ficción y la fantasía, el espíritu y la imaginación, en la era de la máquina y la materia que Europa vivía por el mito del progreso, tras los felices años veinte.
Williams no sólo influyó en Lewis –la figura divina de Aslan en Crónicas de Narnia, viene de El lugar del león ( The Place of the Lion, 1933), que como Esa horrible fortaleza, está también basada en su obra–, sino en muchos escritores y músicos de finales del siglo XX, como el canadiense Bruce Cockburn –cuyo disco de 1979, Dancing in the Dragon´s Jaws ( Bailando en las fauces del dragón ),está inspirado en la obra de Williams–, o Mike Scott de los Waterboys –que ha leído sus libros, aunque los encuentre “un poco secos”.
EL ESPÍRITU EN LA ERA DE LA MÁQUINA
Todas sus novelas muestran una fuerza sobrenatural que irrumpe en la realidad contemporánea, provocando diferentes reacciones, que dan lugar a la “salvación” o “condenación” de sus personajes. Algunos admiten su debilidad y buscan ayuda o restauración, mientras otros tratan de aprovecharse de ese poder sobrenatural para su propio beneficio, lo que les conduce al fracaso. Los símiles bíblicos son inevitables.
Williams era un anglicano ortodoxo, aunque no particularmente evangélico. En su obra no aparece el lenguaje teológico convencional de expresiones como “Dios”, “cielo” o “salvación”. Las historias están narradas por personajes que él define como “respetables” y que en modo alguno son creyentes en algo sobrenatural. A pesar de ello, es considerado como un místico. Debido a su interés por el ocultismo, algunos creen que es esotérico, aunque él dice que su fe es la del Credo de Nicea. Los cristianos aficionados a Lewis tienden, por otra parte, a pasar por alto su evidente relación con los rosacruces y la Orden Hermética del Alba Dorada.
Es difícil hacer un análisis teológico de su obra, porque no usa la terminología tradicional. Williams habla de La Misericordia –en vez de Dios–, la Ley de la Ciudad –pensando en la Ciudad de Dios de Agustín–, o El Camino de la Sustitución y el Intercambio –refiriéndose a la cruz–. Sus expresiones son tan inusuales, que Tolkien solía decir que no sabía de qué hablaba. A Lewis, sin embargo, le encantaba. Le parecía imaginativo y genial. Hablaba mucho del amor romántico y la coinherencia de los seres humanos, como expresión del amor divino.
A diferencia de Lewis en aquella época, Williams no era soltero. Se había casado con su primera novia en 1917, Florence Conway. Aunque parece que estaba enamorado de una bibliotecaria, que trabajaba con él en la editorial de la Universidad de Oxford desde 1924, Phyllis Jones. Su lucha por reconciliar su fidelidad a los votos matrimoniales con el sentimiento romántico, está sin duda detrás de su “teología romántica”, que identifica el amor con Jesucristo y el matrimonio con su vida.
EL AMOR AL OTRO
La difícil prosa de Williams nos muestra un carácter de Dios que pone el énfasis en su naturaleza eterna e infinita, incomprensible para nuestra mente humana. Es un Dios grandioso y, por lo tanto, en último término desconocido. Es curioso que sea éste uno de los rasgos de Dios más ignorados en la actualidad, en que los mismos cristianos gustan de hacer una divinidad a su medida, perfectamente manejable.
“La famosa frase Dios es amor –dice Williams–, se asume generalmente que quiere decir que Dios es algo así como nuestra gratificación emocional inmediata, no que el amor tiene que ver con el Otro y con la santidad de Dios”. Mientras Aslan es para Lewis un león manso, la figura de Dios para Williams, no tiene rostro alguno y lleva el nombre de La Misericordia o La Protección. Es como la percepción que de Dios puede tener un no creyente, como fuerza impersonal, de la que sólo intuye ciertas características.
Así en Guerra en el Cielo ( War in Heaven, 1930), el cáliz de una pequeña iglesia de pueblo es identificado como el mítico Santo Grial, y robado por una especie de satanistas. Hay tres hombres que tratan de conseguirlo: un cristiano (archidiácono), un joven duque (católico decepcionado) y un editor claramente agnóstico. Cada uno de ellos reacciona de forma diferente ante la percepción de una presencia sobrenatural. Williams no llega a describir conversiones, en el sentido cristiano del término, pero sí una conciencia del temor de Dios para algunos personajes, que en un momento dado, cambiará su vida.
EL AMOR GANA
Williams quería mostrar que el poder de Dios era más grande que el de cualquier fuerza maligna. En tres de sus novelas, un objeto mágico es el centro de la trama: un talismán oriental en Muchas dimensiones ( Many dimensions, 1931) que da extraordinarios poderes sobre el espacio y el tiempo –hasta que interviene el Juez supremo, para traer justicia– ; una baraja del Tarot en Los mayores triunfos ( The Greater Trumps , 1932), –que desaparece en una tormenta de carácter sobrenatural provocada por un Bufón como un tipo de Cristo, que al final trae paz y orden–; y en Guerra en el Cielo , el Santo Grial –donde describe hasta una misa negra, pero no para despertar interés por ella, sino para contrastarla con la Santa Cena, al usar al final el cáliz desaparecido para una celebración cristiana–.
Los personajes de las novelas de Williams se comunican temor unos a otros. Es por eso que, para él, el bien supone también calma y fortaleza. Y esto no se puede alcanzar sin una transformación sobrenatural. “El perfecto amor echa fuera el temor”, dice la Primera carta de Juan (4:18). Así en Los mayores triunfos , una mujer, llena del amor sobrenatural de Dios, encuentra su fortaleza en su mayor debilidad. Como Pablo descubre: “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Corintios 12:10).
La lucha entre la luz y las tinieblas, que atormenta el corazón de sus personajes, acaba finalmente en el triunfo de la luz. Si el vagabundo solitario de Descenso a los Infiernos descubre la luz, es por un acto de la voluntad soberana de Dios, que se muestra al hombre por su única gracia. “En esto consiste el amor –dice el apóstol Juan–: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).
La teología romántica de Williams no es que él fuera romántico en su teología, sino que consideraba el romance como algo teológico. Veía las implicaciones espirituales del amor romántico. La teología romántica es, para él, cristología. El amor y Cristo son una misma cosa, porque la redención no tiene otro propósito que la unión con Cristo. Y la Biblia no tiene otra forma de expresarla, que la manera íntima en que dos personas llegan a unirse en un destello del verdadero amor, por el que Cristo se entrega por nosotros ( Efesios 5:25). Puesto que “en esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros” (1 Juan. 3:16).

*Autores: José de Segovia Barrón

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martes, 7 de agosto de 2012

Lo bello y lo feo. Jesús y Juan

Por. Juan Simarro Fernández, España*

Jesús, sin dejar de mirar toda la negrura del ser humano contemplaba también la belleza del mundo.
Aprende a mirar lo bello. También entre los pobres de la tierra hay mucha belleza. No te enganches solamente a lo feo. No te quedes preso de lo negativo. La belleza y la bondad existen. La luz puede resplandecer sobre las tinieblas. Levanta tu vista.
Cuando comparamos la línea de Juan el bautista con Jesús, vemos contrastes no solamente en el ascetismo que practicaba Juan, o en hecho de que el Bautista estaba anclado en el estilo y el tono del pasado profético, sino que Juan se fijaba mucho en lo negativo o feo del mundo y Jesús, sin dejar de mirar toda esa negrura, se fijaba también en cierto esplendor que se puede ver en la vida del hombre y de la naturaleza. Contemplaba también la belleza del mundo.
Así, mientras que Juan el bautista podía decir: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles” ... (Mt. 3:10), Jesús afirmaba: “Vosotros sois la luz del mundo” . (Mt. 5:14). Jesús podía ver lo feo, pero también lo bello. Juan estaba anclado en lo feo. Los que trabajamos en la acción social de ayuda a los pobres, debemos también saber mirar lo bello que hay entre ellos.
Juan era un “puro”, un separado del mundo. Como tal purista, era un tanto gris, asceta, estricto y predecía un futuro lleno de infortunios. Era apocalíptico. Lo que pasa es que para reconducir el mundo en nuevos valores, no basta con ver sólo lo feo, lo gris, lo negro, las penumbras. Hay que fijarse también en la luz, en lo bello. Quien no sabe contemplar lo bello, tampoco puede juzgar con equilibrio lo que es feo, tenebroso. Los cristianos no pueden considerarse “puros”, separados del mundo en el cual todo les parece feo.
Cuando uno no puede contrastar, sino que se queda preso de lo feo y de predicciones de catástrofes, se suele separar de las entrañas de la vida social, de sus problemáticas. Juan se separaba del mundo, quizás le atemorizaban las mujeres y los aspectos bellos de la vida. No podía contemplar ningún horizonte positivo y esperanzador. No trasmitía valores liberadores.
Jesús era diferente. Sabía sacar aspectos buenos y enriquecedores, aún allí donde parecía que todo era oscuridad. Por tanto, tiene relaciones sociales que podían causar espanto en los “puros” como Juan el Bautista. Jesús tenía amigos, muchos de ellos oscuros y grises para los religiosos, personas indeseables, como podrían ser los pecadores y las prostitutas. Podía comer con ellos. También allí podía encontrar atisbos de belleza, de esperanza, de luz. Podía tratar con los marginados y rechazados por los “puros”. Se goza con la alegría de las bodas y de los banquetes. Come y bebe disfrutando de los frutos de la tierra.
A veces, no se lavaba las manos porque constataba que las tradiciones y los ritos, los mandamientos de hombres, impedían la alegría de la vida en plenitud. Eso le daba a Jesús la posibilidad de ver belleza en la ruptura de las normas religiosas humanas que ponen barreras entre los hombres y podía comer, incluso, con aquellos con los que jamás comerían los “puros”. Podía comer con los proscritos. En estas relaciones podía ver belleza, porque había liberación y poder restaurador.
Algunos puristas y apocalípticos en el mundo hoy, ven lo que hay fuera de los muros del templo como algo feo y malo. No pueden captar ninguna belleza en medio de las dinámicas de un mundo caído y sufriente... pero la hay. Para muchos religiosos y “puros” de hoy, el mundo es un foco de maldad. Hay que resguardarse en la soledad del templo, en el retiro del claustro eclesial. Hay que retirarse de aquello que se percibe como un foco de maldad.
Jesús también ve la maldad del mundo, las injusticias en las que muchos están presos y en la infravida, ve los desequilibrios que afectan a la vida de más de media humanidad... ve la tristeza del mundo marginado y empobrecido. Ve la penumbra en que muchos andan... pero ve más allá de todo esto. En todo hombre hay algún retal de luz, algún color bello, alguna posibilidad de que resplandezca la vida. Jesús se acerca al mundo, le ama e intenta recuperar tanto al hombre como al mundo.
Esta filosofía de vida de Jesús es la que puede habilitar a los cristianos a ser sal y luz en medio de un mundo de dolor. Los que viven esta línea de valores son los que no dan nada por perdido, los que trabajan para que brille la luz en medio de un mundo a oscuras, para que resplandezca la justicia, para que los pobres puedan ser liberados, para que podamos convertirnos todos los seguidores de Jesús, en agentes de luz y de liberación.
Jesús al fijarse en los colores, la belleza, en los lirios del campo, ve el mundo lleno de posibilidades de brillo y de fulgor. Merece la pena la lucha, la denuncia, el trabajo liberador, el compromiso de acción liberadora de los pobres, la renuncia a la acumulación de bienes y la necesidad de compartir con el mundo el pan y la Palabra. El hombre, todo hombre, tiene su belleza a pesar de la caída. Lo feo, lo horrible, lo injusto e inhumano, nos sirve para vislumbrar lo bonito, lo justo y lo de humano que puede haber detrás de tanto sufrimiento. Merece la pena involucrarse en medio de lo feo, para que resplandezca lo bello.
El que vive en esa línea, tiene un mensaje nuevo, renovador, vital. Será el vocero de la renovación y de la vida nueva. Comunicará valores de justicia, de solidaridad, amor, fraternidad y paz... involucrándose en una acción liberadora que haga resplandecer lo bello y que lo rescate de entre la fealdad de las tinieblas. Sólo el que se une a la búsqueda de la belleza y de lo positivo, podrá ser un agente de liberación de los pobres y marginados... buscando el resplandor y la belleza de lo justo y de lo bueno. Es aquel que puede reconducir su fe a través de actos de amor.
La presencia de Jesús en nuestras vidas debe ser una fiesta que nos llene de valores que quieran lanzar la alegría al mundo, lanzamiento que nos va a hacer enfrentarnos en una lucha sin cuartel contra la injusticia, la opresión y contra todas aquellas sombras que sumen al mundo en el dolor. Los cristianos somos rescatadores de lo bello que hay entre tanto feo, rescatadores de luz en medio de tinieblas... no personas que huyen de lo feo del mundo, dejando insolidariamente a más de medio mundo en la estacada.
Si aprendes a rastrear lo bello, lo justo, te convertirás en un pescador de hombres en medio de los mares con olas amenazantes. Podrás aprender lo que representa el tesoro y la luz que es el ver a un hombre liberado no solamente para el más allá, sino para que experimente la belleza y el amor en el aquí y el ahora que le ha tocado vivir, aquí y ahora en donde hay también mucha fealdad, valles de sombras y penumbras de muerte... pero la luz y la belleza puede resplandecer. Inténtalo siguiendo al Maestro. También entre los pobres de la tierra hay mucha belleza.

Autores: Juan Simarro Fernández

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lunes, 6 de agosto de 2012

La pornografía como Poltergeist. “Harmless”, terror inteligente en un corto de Rich Praytor

El filme aspira a reflejar la influencia creciente de un negocio que destruye la familia. Su estreno será en octubre.
El cartel de Harmless (Inofensivo) parece evocar una de las terroríficas escenas de The ring , dirigida en 2002 por Gore Verbinski. La intención es llamar la atención sobre una auténtica plaga social, la pornografía, contra la que están empezando a surgir campañas de advertencia provenientes de grupos cristianos.
La pornografía tiene su cuota de responsabilidad en muchas rupturas matrimoniales. Algo de esto apuntaba el exitoso filme A prueba de fuego (Fireproof), de la factoría Sherwood, rodado en 2008 por Alex Kendrick, mostrando a Kirk Cameron enganchado al consumo de pornografía.
Harmless ha sido realizada con bajo presupuesto y un estilo de rodaje de películas de terror de estilo documental, inaugurado en 1999 con El proyecto de la Bruja de Blair y consolidado en 2007 con la española REC . Su estreno está previsto para octubre.
CAJA DE PORNOGRAFÍA
El filme narra la historia de un marido y padre de familia en su batalla contra una caja de pornografía que aparece en el trastero.
"Una vez abierta", explica la página web de la película, "la caja de pornografía empieza a atormentar a la familia, como un poltergeist (entidad o energía imperceptible)”.
El texto publicado en la web añade que se trata de “una especie de comentario social sobre cómo puede la pornografía destruir a una familia... La pornografía es un problema tan enorme que no basta con hablar de sus peligros. Tienes que contar una historia que capte la atención de la gente".
HUMOR CON PROPÓSITO
El director de la película es Rich Praytor, un humorista muy conocido en Estados Unidos que ha aparecido en diferentes shows de las principales cadenas (ABC, CBS, NBC) y viaja por todo el país con su espectáculo tipo "club de la comedia". Entre otras cosas, anima actos cristianos. "Rich es un ejemplo maravilloso de cómo el humor puede usarse para glorificar a Cristo", dice Carolyn Nichols, directora de Evangelización de una comunidad metodista de Ohio.
Está casado, tiene tres hijos, y ha reunido diversas presentaciones bajo el título “Un cómico se sienta con Jesús”, donde mira el lado humorístico de las cosas de la vida corriente, como el matrimonio, el dinero o el trabajo “para descubrir en ellas a Dios y su plan para nosotros". Se trata, asegura, de "combinar la comedia con la profundización en la fe".
Harmless (Inofensivo) Trailer El filme narra la historia de un marido y padre de familia en su batalla contra una caja de pornografía que aparece en el trastero. "Una vez abierta", explica la página web de la película, "la caja de pornografía empieza a atormentar a la familia, como un poltergeist (entidad o energía imperceptible)”. El director de la película es Rich Praytor. Terror y humor, en una misma persona. Rich Praytor puede hacerlo y honra a Dios de esta manera.
“Harmless” posiblemente no sea un filme que se destaque en la historia del cine, pero su mero anuncio ya molesta y tiene detractores en el ámbito progresista.
En internet es posible ver el tráiler del filme. Y también una desenfadada interpretación del actor sobre las diferencias entre los pastores protestantes en una iglesia de blancos y en una iglesia de negros. La caricaturización hace reír a todos, sin distinción de raza.

Fuentes: ReL

© Protestante Digital 2012
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