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lunes, 2 de noviembre de 2015

Mujeres de la Reforma: Marina de Guevara



Ser acusado de luterano era mucho más grave que la adherirse a las doctrinas de Erasmo. Después de todo, Erasmo había muerto en el regazo de la iglesia, mientras Lutero había muerto excomulgado. En los procesos celebrados en el decenio siguiente al 1550 los luteranos eran acusados por creer en la justificación solo por la fe, a la inutilidad de la buenas obras para la salvación, a la negación del purgatorio, a la reducción del número de sacramentos solo a dos, a la negación de la transubstanciación, a la celebración de la eucaristía bajo las dos especies también para los laicos, a la definición de la iglesia como conjunto de fieles, a la afirmación según la cual el papa no tenía mayor poder de cualquier cristiano, a la descripción del papa como el Anticristo y de los curas como fariseos. Esto por cuanto se refería al luteranismo. En cuanto a las sentencias derivadas de las acusaciones de calvinismo se citaba la doctrina de la predestinación, mientras a los zwinglianos se les imputaba la interpretación espiritual de la Santa Cena. En algunos casos las culpas consistían en las críticas dirigidas a los cantos litúrgicos y a las vestimentas que usaban los celebrantes, o en el fragmentar el pan común en la  celebración de la eucaristía, entonces se trataba de secuaces a las sectas radicales.
Como ejemplo de un proceso contra  una mujer acusada de luteranismo, he elegido el proceso de Marina di Guevara, acontecido a lo largo de dieciséis meses que van desde mayo de 1558 hasta septiembre de 1559. El periodo en el cual fue sometida a la inquisición fue relativamente breve. Largos años de ansiosa espera eran frecuentemente parte esencial del  tormentoso procedimiento. A los inquisidores se les reconocía, a pesar de todo, de su gran precisión: todas las audiencias eran verbalizadas detalladamente. Además, los inquisidores no eran capciosos, aunque si eran perspicaces cuando se trataba de individualizar  las respuestas evasivas.
María de Guevara era una monja que tenía más de cuarenta años. El testimonio en su contra provenía principalmente  de las hermanas y de la madre abadesa, pero también de un hombre que la había visitado y le había hablado a través de una ventana enrejada. Se tienen declaraciones  relativas a  hechos acontecidos  mientras Marina estaba presente. El proceso verbal completo es revelador de todo  lo que acaecía en un convento. Por otra parte es preciso saber que algunos de los testigos fueron ellos mismos sospechados y seguidamente  ajusticiados.
He aquí algunos ejemplos de las declaraciones sobre lo que acaecía mientras Marina estaba presente.
Una cierta Catalina de Hortega, mientras visitaba el convento, declaro explícitamente que la sangre de Jesús cubre todos los pecados. No existe un purgatorio en el cual el pecador continúe la expiación,  porque por obra de Cristo la expiación ya se completó. La confesión debería ser dirigida exclusivamente a Dios. Una vez una monja le entrego a Catalina una imagen del Niño Jesús y ella comenzó a reírse. <>. Sin embargo el mismo testigo dijo que ella misma había dejado de rezar en voz alta. Marina Guevara estaba presente.
Juan Sánchez, de cuyo arresto en Anversa hablaremos a continuación, le había llevado a las monjas un libro que hablaba de las  epístolas  de Pablo. La testigo lo había escondido en la enfermería en donde un grupo de monjas se reunía para leerlo y discutirlo. Una de ellas era Marina. Cuando Juan Sánchez fue informado que en una celda había gotas de sangre, efecto de una flagelación, dijo que la mortificación de la carne no le gustaba a Dios y que la ejecución en público de penas corporales debían ser abolidas.
La doctora Cazalla fue a dar un sermón  a las monjas y les dijo que las buenas obras no contribuían a la salvación pero eran la prueba de la salvación. La contribución no es una condición de la salvación pero una señal de la acaecida justificación. Las abstinencias debían ser prescriptas como sentimientos interiores. Francisco de Vivero se retractó y dijo que merecía la muerte eterna porque había abrazado la doctrina luterana. Pero Catalina de Alcaraz dijo intrépidamente que el pecador le debe presentar a Dios la sangre de Jesús  solo como expiación por los pecados que debían ser desaprobados y confesados. Doña Margarita dice que en misa tenemos que alegrarnos porque nuestros pecados son perdonados. <>. La misma Marina, según cuanto viene declarado  por alguien, había dicho que una de las monjas en la antecámara  durante la misa  rezaba por los vivos en vez que por los muertos.
Vayamos ahora a la deposición de la misma Marina, que era de extracción cristiana, sin ninguna traza de sangre hebraica o morisca. Tres años antes se había sometido a penitencias tan ásperas que la abadesa le había advertido de tener cuidado de su propia salud. Pero después<>. En cuanto a la doctora Cazalla, había creído que era una buena cristiana, y la noticia de su arresto la había turbada. En cuanto a Sánchez y a su libro, le había sacado mucho provecho hasta que se enteró que no estaba aprobado.
Siguieron los interrogatorios que reguardaban las herejías por la cuales había estado acusada.
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Dices que sin la fe las buenas obras son completamente privadas de valor>>.
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<<¿No sabes que la iglesia enseña que hay un purgatorio para aquellos que en esta vida no han expiado suficientemente sus pecados?>>
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<< Que crees ahora?>>
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La abadesa pide que a Marina le concedan recibir la extrema unción, porque parecía en punto de muerte, y dijo que siempre había tenido una conducta absolutamente ejemplar; y sus hermanas declararon que habrían preferido arrancarse  los ojos o presentar delación a cargo de los propios padres en vez de testimoniar en contra de ella.
Fue juzgada culpable de herejía y sometida al brazo secular (es decir autoridad civil, porque la iglesia aborrece desparramar sangre). Después de la proclamación de la sentencia,  el auto de fe  lo presenciaron el rey Felipe II y su hermana Juana de Portugal, conjuntamente al príncipe  heredero don Carlos, la corte y los prelados, todos sentados en la tribuna pública  de la plaza Valladolid, el 8 de octubre de 1559.
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Firmado: Julián de Alpuche>>
Hemos hecho referencia a algunos procesos inquisitoriales  de la época y lo que hemos expuesto nos permite  sacar algunas conclusiones. El ejemplo de Isabel de la Cruz, al que se podrían agregar otros, demuestra que las mujeres podían desarrollar un rol importante en la iglesia, mientras que no fueran sospechadas de herejía. Entre aquellos que fueron sospechados y condenados, el número de mujeres fue casi igual al de los hombres. En los auto de fe de marzo y de octubre de 1559, tuvo lugar  el primer caso,  11 mujeres entre 25  ajusticiados, mientras en el segundo las mujeres fueron 10 entre 16 ajusticiados, todas provenían de clases sociales muy elevadas.
En cuanto a la disponibilidad para testimoniar en confronto de otros sospechosos, no descubrimos distinciones en el comportamiento de los hombres y mujeres. Una vez una mujer tomo la iniciativa, como en el caso de Mari Nuñez en contra de Isabel. A los inquisidores se les imponía hacerles decir el nombre del cómplice o de simples conocidos, los cuales eran como mínimo  interrogados. Tenemos como ejemplo la respuesta de Beatriz de Vivero en la instancia  al declarar su fe. Responde <>. ¿A quién se lo había dicho? <>
Al mismo tiempo las mujeres ponían voluntariamente en riesgo la propia seguridad para facilitar la fuga de los sospechosos. Doña Catalina y su madre favorecieron la fuga de Juan Sánchez. Lamentablemente no suspendieron la correspondencia y una carta enviada por él  permitió su arresto en Anversa.
Los documentos nos permiten tener una mirada íntima sobre la participación de las mujeres en el restringido conciliábulo clandestino de aquellos que se arriesgaban a la hoguera. Una mujer refiere que un fraile dominicano estaba dirigiendo las devociones de numerosos hombres y mujeres, en una habitación del último piso, esperando comer juntos, cuando les comunican que al final de la escalera había una mujer. Todos se miraron perplejamente, hasta que alguien  garantizo por ella y recién entonces fue admitida.
Fraile Domingo junto a los presentes alrededor de la mesa, y trozando un pan, le dio a cada uno una porción diciendo:<< Este es mi verdadero cuerpo. Préndetelo >>, y así hizo con el cáliz, con las palabras: <>. Mano a mano que compartían el pan y el vino, decía:<>. La mitad de nosotros lloraba. Por lo tanto consumimos la comida y nos dispersamos. Me había quedado sentada en compañía de Catalina, y le dije: << ¿Sabes a que cosa estoy pensando? Me viene a la mente lo que sucedió después de la cena de Cristo con sus discípulos. Salió para rezar y fue arrestado, y sus discípulos fueron  ultrajados>>, y me dije a mi misma: <> Después cuando estábamos todos juntos en la prisión, se lo recordé. Luego fraile Domingo se despidió.
De otra fuente después supimos que fue ajusticiado  con el garrote.
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De ROLAND H. BAINTON. “Donne della Riforma” Volume II. Claudiana. Torino 1997. Parte quarta. “Donne della Riforma in Spagna”. Página 313 a 316.

Traducción de la versión italiana por la Lic. Lucy Tufani. Buenos Aires. 2015

Fuente: ALCNOTICIAS, 2015.

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