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jueves, 3 de diciembre de 2015

Enfermedades y milagros



El término milagro en el nuevo testamento tiene el significado de obras poderosas y literalmente significa “poderes”.
Por. J. M. González Campa, España
Antes de adentrarnos en cuestiones más complejas en cuanto al origen, causas y trastornos de las enfermedades, conviene que analicemos algunos términos que se manejan, mucho, entre las personas en los ámbitos religiosos y que pueden crear confusión y abocar a conclusiones fantásticas o míticas que pretendiendo ser bíblicas, en realidad no lo son.
Se trata de entrar en el ámbito de las desmitificaciones, y traducir lo mítico a términos científicos, sin intención alguna de adulterar la Revelación de Dios.
Hay un término paradigmático, por excelencia, por el que vamos a comenzar nuestro análisis. Se trata del vocablo Milagro o Milagros.
Dicho término deriva del latino Miraculum, y tiene el significado de una realidad “que causa admiración”; en griego, que es la lengua en la que se escribió originalmente el Nuevo Testamento, equivale a la palabra Thaumasión, que no se encuentra en el Nuevo Testamento más que en Mateo 21:15, y que en este texto se traduce por Maravillas (versión Reina Valera del 60).
Analicemos el texto exegéticamente: “Pero los principales sacerdotes y los escribas (maestros de la Ley en aquel tiempo), viendo las maravillas (gr- Thaumasión) que hacía …se indignaron.
En la narración lucana para milagro nos encontramos con un término griego diferente al de Mat 21:15: paradoxa. Así en Lucas 5:26, leemos: “Y todos sobrecogidos de asombro (Lit-gr- y éxtasis se apoderó de todos), glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas (gr-paradoxa).
Más adelante en el mismo Evangelio de Lucas (Luc. 13:17), para el vocablo maravillas encontramos el término griego Ta endoxa. El texto bíblico dice lo siguiente: “Al decir el estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios; pero todo el pueblo se regocijaba por todas las cosas gloriosas (gr- Ta endoxa= maravillas) hechas por él”.
En el Antiguo Testamento para lo que denominamos milagro se emplea el término m?p?t (portento, prodigio) y que los LXX traduce por Teras.
Citando a la Segtuaginta, nos encontramos, en Hech 2:22 con el siguiente texto: Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas (δυν?μεσι-poderes), prodigios (Τ?ρασι) y señales (σ?με?οις) que Dios hizo entre vosotros por medio de el, como vosotros mismos sabéis …” Y en Hech. 2:43 encontramos: “Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas (T?ραtα-prodigios) y señales (σεμεîα) eran hechas por los apóstoles”.
El término milagro en el nuevo testamento se traduce por δυν?μεις, que tiene el significado de obras poderosas y literalmente significa “poderes” (Mat. 7:22). Cuando se relaciona con Dios tiene el sentido de que ÉL es el que activa o da la energía (Fil. 2:13).
Otro término que conviene analizar son los de posesión demoníaca o demónica, que no se encuentran en el Nuevo Testamento.
La introducción de esta denominación, para destacar determinadas alteraciones psicopatológicas (trastornos mentales) en las personas, se la debemos al historiador judío Josefo.
Según este autor la fe personal no parece ser un requisito para que la persona sea curada. Josefo también nos matiza que no toda afección física o mental, de la misma clase, era atribuida a la misma causa. Después de describir diversos trastornos causados por la influencia de “espíritus” (sin duda se trata de complejos o contenidos anímicos ubicados en los estratos inconscientes del corazón o esfera de la intimidad), considera que éstos actúan sobre lo que forma el nexo, entre el cuerpo y la mente (alma-espíritu): el sistema nervioso; y producen diferentes efectos físicos, según la parte del mismo afectada.

Fuente: Protestantedigital, 2015.

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