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viernes, 20 de mayo de 2016

El Papa, las mujeres y el pastorado femenino en la iglesia Valdense



Por. Leopoldo Cervantes-Ortiz, México  
En medio del florecimiento de elogios entusiastas al Papa que “se abre a las mujeres”, debemos en primer lugar decir exactamente cómo son las cosas. En respuesta a una pregunta que se le hizo en la reciente reunión internacional con 600 monjas (superioras generales), Bergoglio ha dicho que sí a la propuesta de crear una comisión para revisar la cuestión de las mujeres diaconisas. Bienvenida la comisión, damos la bienvenida a las mujeres diaconisas.
Al leer los primeros comentarios he pensado lo hago pensando en que me pareció necesario eso para evitar los dos extremos: uno, el que ve la plena entrada inminente de la mujer en la jerarquía de Roma de la Iglesia (el diaconado es el primer caso de un orden sagrado, seguido de la sacerdotal y episcopal) una decisión que “hace época” en la apertura del papa; por otro lado, igualmente desdeñoso, minimizar la falla que sufrió culpa porque se habla solamente de diaconado y no del sacerdocio. Entre nosotros, que no ha faltado, con el orgullo valdense, recordamos la presencia de mujeres predicadoras desde el siglo XII en este movimiento.
Mientras tanto, no es cierto que la Iglesia Católica es el último espacio que rechaza las mujeres sacerdotes; si en las iglesias anglicana o luterana hay obispas, todo el mundo ortodoxo es contrario a las mujeres sacerdotes, y muchos fundamentalistas evangélicos en Estados Unidos, probablemente de quienes votarán por Trump, no desenan tener mujeres pastoras, lo mismo que las parejas homosexuales y sus relativas bendiciones.
“Predicar libremente”, fue una reivindicación valdense para hombres y mujeres (aunque los barbas eran hombres). La Reforma tenía otras prioridades. Más que permitir que las hermanas predicaran, Lutero quería abrir las puertas de los conventos y eliminar la separación entre el interior y el exterior, entre la religión y el mundo.
Para la iglesia valdense, el punto de inicio del largo camino al pastorado femenino está en 1948, cuando Consejo Valdense (el órgano ejecutivo del Sínodo) nombró un comité especial. Al año siguiente, dicha comisión presentó dos informes: uno sobre el pastorado, y el otro sobre un posible “ministerio auxiliar”. “Creemos que hay razones suficientes —concluía el primer informe— para seguir excluyendo a las mujeres de fe evangélica del ministerio en su plenitud”. El segundo texto indicaba para ellas diversas funciones y “estaban fuera de la
predicación, la administración de los sacramentos y el cuidado de almas”. Se advertía cierta incompatibilidad con el matrimonio, no por una razón de principios sino por el temor de que el cuidado de la familia tuviera menos tiempo disponible para la iglesia. La regla se abolió en 1959. Para prepararse como “auxiliar eclesiástico”, se creó un curso de formación en la Facultad de Teología en 1950, con tres alumnas que asistieron, a pesar de no conocer bien cuál sería su función. En 1960, el Congreso de la Federación de Mujeres pidió al Sínodo el reconocimiento del pastorado a las mujeres. Pero la decisión se pospuso de nuevo a través de las iglesias locales que habían llevado sus puntos de vista, por lo general favorables, pero con muchas preocupaciones prácticas. Por último, el Sínodo de 1962 reconoció que “las hermanas que han sido llamadas la plena validez del ministerio de la Palabra”, decisión todavía no fácil, como se muestra por los números: 57 a favor, 42 en contra, y 10 abstenciones. En 1967 fue consagrada la primera pastora; con la integración entre las iglesias Valdense y Metodista, en 1979, el ministerio pastoral también se abrió a las mujeres de esa confesión.
A mediados de los años 80, unos veinte años más tarde, las pastoras en las iglesias Metodista y Valdense eran alrededor de 10%, cifra ya triplicada. En la Unión de Iglesias Bautistas pastoras desde principios de los años ochenta y en la Iglesia Evangélica Luterana en Italia las mujeres están en servicios desde los noventa. En octubre de 2004 fue elegida la primera pastora presidenta del Comité Ejecutivo de dicha Unión, y en agosto de 2005 la primera moderadora de la Mesa Valdense.
El año entrante, 2017, no sólo celebraremos el aniversario de la Reforma, pues además el medio siglo de la primera ordenación de una mujer al ministerio pastoral en la iglesia Valdense. En esta perspectiva, la verdadera cuestión no es si las mujeres formarán parte de la jerarquía en la iglesia católica sino el hecho de que esa misma jerarquía, del Papa para abajo, toma el lugar de Cristo, y podría servir como mediador entre Dios y la humanidad. Sobre el Papa, es famosa la frase de Lutero: “no es necesario un vicario, es suficiente con tener ministros”.
Mientras que en el protestantismo estamos acostumbrados a pensar en los “dones espirituales” dados a todos y a cada uno, reconocidos por la comunidad, con la ayuda de la Palabra, en el catolicismo es el oficio eclesiástico canónicamente dado el que que garantiza la presencia del Espíritu. La antigua iglesia, y también la de la Reforma, dice: Ubi Christus ibi Ecclesia (Donde está Cristo está la Iglesia). En la teología jerárquica, en cambio, se afirma: “La Iglesia está donde está el obispo (o Pedro)”.
Nadie puede dominar al Espíritu que sopla donde quiere; nadie debe impedir que las mujeres en la Iglesia Católica no sólo sea sean diaconisas, sino también sacerdotisas, obispas y papas. Es la escala jerárquica la que, con los diversos grados, se eleva hasta Dios en contraste con la Palabra. Por el contrario, es Dios quien, en Cristo, llegando a ser como nosotros, vino a estar más cerca. No somos nosotros quienes, a través de la iglesia, andamos más cerca de Dios.
Nota bibliográficas:
Versión de Leopoldo Cervantes Ortiz del artículo “Il papa, le donnee il pastorato femminile nella chiesa valdese” publicado en Riforma el 16/05/16 ir al Link a la nota en Riforma: http://riforma.it/it/articolo/2016/05/16/il-papa-le-donne-e-il-pastorato-femminile-nella-chiesa-valdese

Fuente: Riforma.it & ALNOTICIAS, 2016.

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