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lunes, 31 de diciembre de 2012

Un año realmente nuevo

Por. Roberto Velert, España*
 
En uno de esos momentos de conversaciones a corazón abierto, me preguntaba un amigo si somos los seres humanos los que con nuestra abulia, egoísmo y nuestro fatalismo, haremos que el año no sea mejor.
No siempre las preguntas están bien hechas, hay veces que es más difícil preguntar que responder. La contestación en este caso, se me daba implícita. Salvo en los años en que ciertos fenómenos naturales desencadenan fuerzas destructivas, somos los seres humanos los que lo estropeamos casi todo.
Un año nuevo es para mí –y supongo que para mucha gente como un folio en blanco : me siento responsable de él, de su blancura sin contaminar.
Lo que ya no sé si es la abulia, el egoísmo y nuestro fatalismo, quienes echan a perder los años, o “Desde el Corazón” pienso que es más bien la actividad insensata y desenfrenada, egoísmo y la inmoralidad en tantas esferas de los hombres, que alardean de que el mundo depende de sus manos, cuando es sólo, quizá, la destrucción del mundo lo que de ellas depende.
La victoria de contribuir a un mundo mejor se edifica sobre la verdad, el valor y la fe, y el miedo la mentira y la incredulidad cuando se instalan, como el virus de los ordenadores mentales, lo primero que destruyen es el valor, la verdad y la fe . Con lo cual difícilmente conoceremos las potencias contrarias o porque las mentiras nos las disminuirán o porque el miedo las acrecentarán o porque la falta de confianza nos hará desconfiados de todo y de todos. Y así ni el año 2013, ni ningún otro, podrá empezar bien.
A los problemas, mientras nos sea dado hay que cogerlos de frente . Estudiarlos con objetividad, averiguar su gravedad e importancia, y luego ya oponérseles con buen espíritu, fortaleza del ser interior y sana confianza.
En España, el año 2013, se abre además de con serias crisis económicas, con dos miedos: general, uno y otro, particular; uno, el peligro que supone el humillante paro, otro, el peligro que produce el despotismo político que con sus corrupciones pisotea el vivero de nuestra democracia . Por descontado, existen otros miedos: las empresas en crisis, la sociedad en crisis, la familia en crisis, la moral en crisis, la religión en crisis.
¿Para qué sirven los Partidos?; para poco. Hacen su juego partidista basándose en necias falsedades; utilizando ideales fingidos, paradigmas de honor, bienestar social, libertades, grandes palabras desprovistas de médula. Los grandes conceptos –Patria, amor, moral, heroísmo, ética, bondad, civismo‑ somos nosotros, y sin nosotros se vacían. De ahí, que la insup erable lección evangélica, es señalar que en lugar de maldecir la oscuridad que nos rodea, vale mucho más encender una vela “y no ponerla debajo del almud”. La sencilla invitación a encender una vela y ponerla en lugar que alumbre, además de estar llena de sabiduría, es una clara invitación a la esperanza.
En un mundo como el nuestro, donde la oscuridad es densa: fanatismo, subdesarrollo en contraste con hedonismo, analfabetismo ético, discriminación racial, hambre, terrorismo cruel y de guante blanco, guerras…, de poco sirve maldecirla, lamentarnos y quedarnos con los brazos cruzados sin hacer nada, ya que entonces la oscuridad se vuelve más profunda y no hay camino de salida posible.
En un tiempo semejante, lo que verdaderamente hace un año nuevo es saber encender con decisión una pequeña luz de esperanza, porque ésta, unida a otras luces de muchos hombres de buena voluntad, podría dar a nuestro mundo un rostro más humano.
Si se encendiera la luz de la fe, de la comprensión, de la fraternidad, de la justicia, de la solidaridad real no de fachada, muchas cosas en nuestra sociedad podrían cambiar. Se trata de optar por no meramente maldecir, sino de encender una luz, comenzar a actuar coherentemente, con la esperanza puesta en un año mejor, donde la luz del bien vencerá a la oscuridad del mal, en donde los hombres seducidos por el ejemplo de Jesús, estaremos aprendiendo a ser hermanos .
Aportando como cristianos posturas humanizadoras cuando la política está cayendo en un burocratismo inhumano; honrados servicios al bien común, cuando tantos se mueven por intereses particulares, posturas críticas transformadoras, cuando los poderes se olvidan de las necesidades reales del pueblo, ejemplos de capacidad creativa cuando la sociedad cae en la vulgaridad y en el ocio de la constante diversión. Una luz capaz de cambiar las estructuras sociales injustas, evitar la acumulación de la riqueza en pocas manos, crear una energía que impida que las decisiones socio-económicas sean monopolizadas por quienes se creen los dioses de este mundo y en su contra intentar un reparto equitativo de las cargas fiscales. En suma, trabajar para que el pueblo alcance un nivel elevado de bienestar, de cultura y genuina espiritualidad y de conciencia ciudadana solidaria.

Será así que haremos UN AÑO REALMENTE NUEVO.
 
*Autores:Roberto Velert
©Protestante Digital 2012

viernes, 28 de diciembre de 2012

El Dios que viene a nosotros

Por. Juan María Tellería, España*
Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros. (San Mateo 1, 22-23)
No dejamos de escuchar o de leer, casi a diario, previsiones no demasiado alentadoras en relación con el año próximo, el 2013 que, Dios mediante, iniciaremos dentro de muy poco. De hecho, para muchos de nuestros conciudadanos, estas Navidades no se presentan lo que se dice con grandes alegrías. Más bien en muchos hogares se vivirán con desasosiego y con incertidumbre. El que haya cada vez más nostálgicos de décadas pasadas no excesivamente lejanas y, lo que es más preocupante, el que aumente el número de jóvenes que idealizan un pasado reciente que no han conocido, pero del que oyen hablar de continuo de manera elogiosa, refleja sin duda una profunda crisis, no ya económica, sino moral y espiritual de nuestra sociedad. Épocas como esta que vivimos, y todas en realidad, necesitan esa presencia de Jesús que recordamos de forma especial en este período de Adviento.
Las palabras recogidas en el Evangelio según San Mateo y que hemos leído más arriba nos invitan a una reposada reflexión sobre la realidad a la que apunta el Adviento, ese hijo de una virgen que va a nacer y que llevará el nombre de Emmanuel, es decir, Dios con nosotros. Reposada y realista.
Ya de entrada, no podemos lanzar las campanas al vuelo de forma insensata (¡e insensible!) y decir como si tal cosa aquello de que “si Dios está con nosotros, todo nos irá bien”. Estas palabras, u otras parecidas, suelen ser pronunciadas, en líneas generales, por aquellos a quienes efectivamente les va todo bien (al menos en apariencia), y, tal como hemos comprobado en persona y hasta la saciedad, pueden resultar —de hecho resultan— altamente ofensivas para aquellos que están pasando por situaciones difíciles. Quienes se encuentran sumidos en problemas acuciantes y sin solución inmediata, máxime si son creyentes, al escuchar alegatos de este calibre se ven todavía más afligidos con una nueva carga, suplementaria e innecesaria, por no decir cruel, que se suele traducir en el pensamiento siguiente: ¿será que todo me va mal porque Dios no está conmigo? Y como consecuencia: ¿qué he de hacer para que Dios esté conmigo? Es decir, que tales afirmaciones, muy propias de esas filosofías anticristianas que se cobijan bajo el nombre de teología de la prosperidad o Healthy and Wealthy Gospel, entre otros hallazgos del mismo tenor, tienden por un lado al desánimo de las personas, y por el otro, a un legalismo más o menos larvado no demasiado distinto del paganismo antiguo y moderno. Por decirlo de forma clara: hacen la labor del diablo.
Cuando leemos las palabras escritas por San Mateo 1, 22-23 dentro del conjunto general de su Evangelio, o de cualquier otro de los evangelios canónicos, nos encontramos con una doble realidad en relación con la venida del Emmanuel. En primer lugar, Dios con nosotros significa una presencia divina en medio de la humanidad —la persona de Jesús de Nazaret, el Ungido del Señor— no precisamente con grandes visos de triunfo ni con unas manifestaciones arrasadoras. Si por un lado las palabras y los hechos portentosos de Jesús imparten consuelo y sanidad a muchos, por el otro es innegable la dura realidad que él mismo vive, o sus propios discípulos, identificados con los más pobres y los menos favorecidos de la sociedad. El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza. Resulta sorprendente comprobar, leyendo los Evangelios entre líneas, las situaciones de extrema dureza por las que pasa Jesús con los suyos, sin que jamás haga uso de su poder divino para aliviar sus propias necesidades. El conocido di que estas piedras se convierta en pan, recibe como respuesta tajante del Nazareno que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Emmanuel no es Dios con nosotros para hacernos a todos ricos, prósperos y con una salud o una vitalidad inmune al decurso del tiempo. No es un Dios con nosotros-espectáculo, que cosecha grandes aplausos y aparece en todos los medios de comunicación del momento, sino más bien alguien que, pese a lo que pudiera parecer, pasa completamente desapercibido incluso en su propio entorno. En una época y un país —Palestina— en que los aspirantes a mesías eran legión y surgían hasta de debajo de las piedras, Jesús debió aparecer a ojos de muchos como uno más, un taumaturgo del montón, de los que abundaba la zona. No nos debe extrañar que el testimonio histórico sobre su persona sea casi nulo, con solo alguna que otra pincelada aquí o allá, y siempre en conexión con sus discípulos y seguidores posteriores. Emmanuel no significa, por tanto, triunfo ni popularidad; no quiere decir éxito ni riqueza, sino solidaridad con el sufrimiento, con la angustia, con el dolor humano.
Y como consecuencia, Dios con nosotros conlleva la idea de la dignificación del ser humano, o mejor aún, de la re-dignificación del ser humano, dado que la persona es digna ya por creación (hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza), aunque luego pierda su dignidad —o se la hagan perder— de muchas maneras. Al hacerse uno con nosotros por medio de la encarnación en María, Jesús participa de nuestra condición y, en tanto que Hijo de Dios, nos otorga un valor, una estimación, que nadie tiene derecho a quitarnos: la dignidad de ser personas humanas, y por tanto, imagen de Dios en el mundo. La pasión que soportaría años más tarde; la cruz a la que subiría en el Calvario; la muerte vencida para siempre en la mañana de la Resurrección, reforzarían de forma imperecedera el valor del hombre como especie, como gran familia, como personas individuales, de tal manera que el anuncio del Evangelio quedaría indisolublemente unido a aquellos eventos trágicos entendidos como el triunfo de Dios. Emmanuel es, por tanto, Dios con nosotros de una vez por todas, como estamos llamados a recordar cada período de Adviento, cada Navidad. Aunque las cosas no vayan bien ni tengan visos de ir mejor el año que viene o las décadas próximas. Aunque no tengamos lo que en nuestra sociedad se considera éxito, ni seamos ricos, ni nuestra salud se encuentre en su mejor momento. Nada de ello nos puede apartar de la realidad de su presencia en medio de nosotros.
 
Feliz Navidad a todos.

Autor/a: Juan María Tellería

Es pastor y en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante.

Fuente: Lupaprotestante

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Navidad, algo más que caridad

Por.  Manuel López, España*
“¡Dime cómo es tu Adviento y te diré la Navidad que esperas!”, leo en una web de doctrina social cristiana. Qué bien… si no fuera porque ahí nos duele cuando bajamos del arrebatamiento emocional de las alturas espirituales a la cruda realidad de este valle de lágrimas.
A ver. A uno de cada dos jóvenes españoles, desearle “Feliz Navidad” puede sonarle a frase hueca, cuando no a broma pesada. No tener trabajo ni esperanza de conseguirlo, tan solo la perspectiva de tener que salir del país a buscarse la vida a saber dónde no parece panorama propicio para el goce del espíritu navideño que estos días nos recuerdan a todas horas la musiquilla y los estribillos de los villancicos.
Se dice pronto, pero ahora mismo ya son 1,7 millones de familias las que tienen a todos sus miembros en paro. Uno de cada cuatro españoles está en el desempleo: seis millones sobre una población activa de 23 millones de ciudadanos en edad laboral. 2.500 parados nuevos cada día.
“Los mercados”, ya se sabe, tan contentos: la destrucción de empleo, acompañada de los brutales recortes en educación, sanidad, servicios sociales, escalada de subida de impuestos y tasas, corrupción, represión policial, etc., en un escenario obsceno de orgía de la usura bancaria está siendo un “éxito” rotundo.
Mal que pese en los despachos eclesiásticos, lo cierto es que “adviento” no es palabra que esté de moda. “En algunas iglesias cristianas”, define el Diccionario, “tiempo litúrgico de preparación de la Navidad, en las cuatro semanas que la preceden”.
Muy generosa definición, por cierto, pues así como está claro que adviento no es voz familiar entre la ciudadanía laica, hemos de convenir que en el imaginario de los creyentes cristianos el adviento se focaliza en el encendido de una nueva vela en el culto del domingo y poco más. Terminado el culto, cada cual a su casa y hasta el siguiente domingo.
Urge -entre tantas otras cosas, pero esto es lo que toca ahora- reivindicar el sentido del Adviento. En las iglesias -excepto en la tuya y la mía, que son perfectas- el tiempo de Adviento va ligado a postales cursis con las consabidas leyendas en obsoleta caligrafía de colegio de señoritas bien. La “celebración” queda limitada a un acto rutinario en el orden de culto para el que tantas veces el mayor interés que se pone es en que haya una caja de cerillas a mano, ahora que cada vez fuma menos gente, por lo que raro es que alguien lleve un mechero encima.
O sea, que, exagerando un poco -o no tanto-, puede decirse que en no pocos casos -hablo de las iglesias en general, insisto, no de la tuya y la mía, que, como nadie ignora, son perfectas- el Adviento se queda en un punto digamos protocolario del programa del “espectáculto” con el encendido de la vela. Cuando, a eso de las 13:15 horas acaban en la acera las despedidas tras el culto, la vela del Adviento ya ha sido apagada hasta la reedición del trámite del encendido de las antiguas y la nueva vela en el culto del domingo siguiente…
“San” Lunes, y los siguientes santos días de la semana son teórico adviento en el Diccionario. Adviento práctico, menos.
Dejé dicho en mi Café para todos del número anterior -“Aburre Calvino” (“…y Lutero”)- que tenía unos parrafillos medio redactados en torno a la manipulación a mi juicio flagrantemente interesada, tan pseudocalvinista como pseudoluterana, de conceptos manipulables como son la Fleissigkeit y la Strenge. “Lo llaman laboriosidad y austeridad”, añadía, “pero no es sino codicia e inmisericordia”.
En mala hora mezclaron a Calvino y Lutero en esta ofensiva criminal contra nosotros los europeos del Sur. Y en peor hora, si cabe, incautos y desmemoriados creyentes van y se apresuran a hacer coro a los depredadores del Estado del Bienestar que tan caro nos costó conseguir.
“Noche de paz”… y justicia social
Tiempo de paz, tiempo de amor… Alegría, alegría, llega la Navidad. Es el tiempo de confraternizar, de acordarse de las buenas obras los que tienen los posibles que no las conciencias a salvo. Sentar un pobre a la mesa por Navidad molaba entre lo más selecto y piadoso de la cristiana gente pudiente en épocas pasadas. Ahora, imposible, con 200 nuevos parados cada hora.
Un año más -salvo en tu iglesia y la mía, claro está- muy mucho me temo que siga sin registrarse allá un gran entusiasmo por incluir en el orden de culto la lectura del Magnificat de María:
Hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.
Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos… Lc. 1:51-53.
Los poderes fácticos, ya se sabe, tan contentos con que iglesias, oenegés, organizaciones caritativas y demás le hagan al Estado el trabajo sucio de sustituir derechos por caridad.
El debate de fondo latente caridad vs. derechos sociales -el germen de una “Operación Magnificat”- sigue estando ahí a la espera de que de una vez por todas nos atrevamos a ponerlo sobre el tapete….
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Publicado en la sección del autor “Café para todos”, El Eco Bautista, 4/2012.

Autor: Manuel López es periodista, fotógrafo, profesor de Comunicación e Imagen y consultor de prensa. Editor adjunto de "Periodistas en Español" (www.periodistas-es.org). Bautista. Miembro de Cristianos Socialistas.

Fuente: Lupaprotestante

lunes, 24 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO 2013


En estos días recordamos el nacimiento del Mesía, nos pone un sentimiento de amor y paz. Recordamos a todos nuestros seres queridos, amigos, amigas y a todos los que visitan nuestro blog. Es por ello, que les deseamos con todo amor una Feliz Navidad y prosperidad y bendiciones para año 2013.
Son los deseos de TRANSFORMANDO VIDA, EL BLOG DE LUIS EDUARDO CANTERO

domingo, 23 de diciembre de 2012

Análisis sobre textos de comunidades gnósticas-cristianas permiten a pastor bautista graduarse como doctor en Filosofía

Por. José Aurelio Paz, Cuba*

“Los textos de esta Biblioteca Nag Hammadi, contentivos de las voces milenarias de los inconformes del tiempo y de la historia, que lucharon y murieron por un mundo mejor, son un desafío urgente a los saberes del mundo de hoy”, concluyó en su defensa de tesis el pastor bautista y doctor en ciencias ahora, reverendo Uxmal Livio Díaz, quien acaba de obtener tal grado científico, la semana que concluye, en la Universidad de La Habana, cuando le fuera otorgado, por los nueve miembros del panel examinador, por unanimidad.
Al respecto, Díaz expresó a ALC que “Lo más notable fue el ambiente de mutuo respeto y la deferencia que mostraron hacia mi persona como pastor y cristiano militante. Quizá es la primera vez, que a ese nivel se discute un tema filosófico con de ese contenido. Hubo muchas preguntas y los oponentes fueron concienzudos en su trabajo y con mucha consideración.”
En su argumento, la parte oponente del tribunal examinador expresó: “Construir historia resulta asunto sumamente difícil, mucho más a partir de textos tan antiguos y prácticamente desconocidos, en los cuales abundan las lagunas informativas y cuya comprensión e interpretación requiere, del estudioso, asumir una lógica histórico-lógica particular que le permita ubicarse y adentrarse en contextos y experiencias que por fuerza de la realidad le son ajenas.”
La síntesis de la tesis parte del enunciado de que siempre toda historia oficial tiene su contraparte en otros análisis que la desmontan, a partir de diferentes visiones y versiones, de ahí que “La Biblioteca Nag Hammadi ha sido ese testigo que, después de 16 siglos de enterramiento, y que con una voz divergente, a lo hasta ahora comúnmente aceptado, detalla la vida y obra de la comunidades gnósticas-cristianas de ese tiempo, y sus luchas emancipatorias por la libertad, la igualdad y la solidaridad en cuanto a una comunidad o conjunto de comunidades, así como la batalla de las mujeres por su reconocimiento y participación como tales, en contra de la exclusión misógena que padecían.”
En su análisis como oponente, la investigadora y doctora en ciencias Ofelia Pérez cruz, del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas del CITMA, además de felicitar la profundidad con que el aspirante logró enfrentar tan difícil texto y explicarlo a la luz de estos días, dijo de la tesis: “Documento esencialmente filosófico e histórico, resultó todo un reto para una profesional, con algún conocimiento de la religión, pero de formación esencialmente psicosociológica. Como reto entonces, aparté los temores o limitaciones que en principio me representó y me dediqué de lleno a participar de ella, dialogarle, preguntarle y sobre todo, aprender. Porque ese ha sido el principal resultado de mi lectura del material. Un aprendizaje que agradezco y es parte ahora de esta llamada oponencia gratificar al autor y tutor del texto por el logro de tan sublime obra.”
El doctor Uxmal Livio Díaz, (Guantánamo, el 6 de Febrero de l938), realizó estudios de Teología en el Seminario Teológico Bautista de Cuba Oriental, en la ciudad de Santiago de Cuba, en el cual se recibió como Bachiller en Teología en 1961. A la vez, cursó dos años de estudios de Sociología en la Universidad de Oriente. Entre 1964-1966 hizo estudios especiales de teología e idiomas (inglés y alemán) en el Seminario Teológico Bautista de Ruschlikon, en Suiza y en la Universidad de Zurich y el Instituto Goethe en Ulm, Alemania, para finalizar estudios de postgrados en la Escuela Ecuménica de Estudios Posgraduados en Bossey, Ginebra. Entre l980-1984, se incorporó, desde su inicio, a la Facultad de Estudios Dirigidos de la Universidad de la Habana, donde alcanzó la Licenciatura en Derecho.
Desde 1975 hasta 1980, el editor y co-autor del libro “Cristo vivo en Cuba” publicado por el Departamento Ecuménico de Investigaciones de San José, Costa Rica, trabajó con la Conferencia de Iglesias del Caribe (CCC), y entre sus múltiples actividades ha escrito innumerables artículos y ponencias, tanto en Cuba como en el extranjero, y ha dictado conferencias en Centros de Estudios Superiores y Universidades en Canadá, Estados Unidos de América, Jamaica, Trinidad y Tobago, Barbados, Guyana, Panamá , Puerto Rico, Alemania y la Unión Soviética.
Fuente: ALCNOTICIAS

viernes, 21 de diciembre de 2012

Si no creyera en la esperanza…

Por. Nancy Cardoso Pereira, Brasil*
.¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermana?
-¡No lo sé! ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano? ¿De mi hermana?
-¿Qué has hecho? ¡Oigo la sangre de tu hermano, de tu hermana clamar a mí desde la tierra!
Dos preguntas acerca de la vida humana, de la vida de la tierra. Responder es hacer teología.
¡No! Yo no quiero utilizar términos como “ecología” o “medio ambiente” o “cuestiones ecológicas” y “cuestiones ambientales” dejando intactos los mecanismos de reproducción social que destrozan y hacen de la vida algo inviable. Digo que se trata de la vida amenazada y del modo de producir y reproducir la vida de la que estamos hablando. Hablamos del cuerpo: el mío, el suyo, el nuestro, cuerpo social, el cuerpo del mundo. Tampoco se trata de identificar responsabilidades difusas, de todos y de nadie. Identificar. Nombrar. Denunciar. Impedir que los violentos continúen violentando las vidas de hermanos y hermanas, y de la tierra.
El desafío que tenemos por delante es el de abandonar las generalidades y las superficialidades de una teología prejuiciosa, de oportunismos de jerarquías religiosas y prácticas pastorales ingenuas para correr el riesgo de encontrar en nuestra propia tradición elementos de crítica y de creatividad que nos proporcionen las condiciones de participar de forma honesta, apasionada y responsable en este debate y en sus compromisos. Las preguntas que se nos presentan son estas:
-¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermana?
-¿Qué has hecho? ¡Oigo la sangre de tu hermano clamando desde la tierra!
-¡No sé! ¿Acaso soy el guardián de mi hermano, de mi hermana?
Somos prejuiciosos, oportunistas e ingenuos porque aceptamos la pérdida y la degradación de la vida como algo natural y racional en nombre del progreso y de la tecnología. No tenemos el cuidado y el coraje de reconocer que hay minorías que se apropian de los beneficios en una forma de propiedad y de lucro que sacrifica la vida de las mayorías pobres de la humanidad y destruye la naturaleza y la biosfera. ¡Hacemos la teología del “no sé”!
-¿Dónde está tu hermano y tu hermana?
La teología del “¡no sé!” o del “¿acaso” se expresan en forma de reformas, ajustes superficiales, cambios marginales que no se comprometen con la radicalidad de las preguntas.
El texto bíblico va más lejos, exige más. Dificulta las respuestas evasivas: “Si hubieras hecho lo correcto irías con la cabeza alta. Pero como no lo has hecho… el pecado está junto a la puerta, como una fiera que amenaza. ¿Podrás dominarla?” (Génesis 4, 6-7).
Pero, por qué Dios no acepta las dos ofertas. El Dios de esta memoria rechaza legitimar el fruto de la acción violenta y del pecado. Aquí asumo que Caín representa la agricultura que está bajo un sistema económico de explotación, movido por un afán de lucro y dominación. ¡Caín opta por las ofertas de cabeza baja! Fue reprobado. ¡No! Caín no puede dominar la violencia de su modo de vida… porque es sistémica. Esta es la función del ritual: evaluar, escudriñar, revelar los metabolismos de la producción… y elegir. ¡Preferir!
Caín no soporta vivir sin la legitimación divina. Llama a Abel al campo -porque al fina le dice de lo que se trata: ¡de la tierra! La violencia de Caín ya estaba estructurada en la oferta de Caín y, por eso, él no agradó a Dios. El modo de vida y de producción de Caín incluía una negación de la vida de Abel y de otros grupos humanos y por eso fue reprobado. ¡Lo importante es que Dios escoge, elige, escoge este modo de vida y no aquel!.
Las ofertas no se ofrecen por sí mismas. La función de la religión en los intercambios económicos no está en el establecimiento de reglas y procedimientos, sino en la transmisión de valores, esto es en la formulación de valores económicos, formateando jerarquías y consolidando mecanismos de medición.
El ritual de oferta/demanda está contenido en el mecanismo cultural de expresar valor, esto es aquello que puede ser dado e intercambiado en las cosas que están guardadas, preservadas. No se trata de valores esenciales de los seres o las cosas que generan una diferencia entre lo preservado y lo aceptable en la forma de la oferta, sino que se trata de las lógicas sociales que confieren valor y consolidan medidas de significado y función en los intercambios rituales. Dios aparece en el texto haciendo una pregunta origen de toda teología. ¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO? La respuesta de Caín es conocida y también anima muchas, tantas teologías: “NO LO SÉ, ¿ACASO SOY GUARDIÁN DE MI HERMANO?”.
El texto insiste en mantener la pregunta teológica. Más que una simple pelea entre hermanos, el texto localiza el pecado como fiera amenazadora que espera y obstruye la puerta… Y Dios pregunta: ¿PUEDES DOMINAR A ESTA FIERA?
La fiera, deseo revoltoso y violento que mata al hermano y encharca la tierra de sangre, está en nuestra puerta, en nuestra cara, en los espacios de poder, y si no es dominada devora y destruye. Si lo hiciéramos bien, andaríamos con la cabeza erguida, tendríamos la confianza de que vivimos en un mundo de hermanos y hermanas en una relación de vida con la tierra y el planeta. Pero la fiera está suelta, la fiera nos mantiene dentro de casa asustados, amedrentados, cómplices de su gula devoradora. ¡No! Nosotros no tenemos que enfrentarnos con el pecado destructor de las vidas y de la tierra. Prejuiciosos, amedrentados, ingenuos, oportunistas.
¿Dónde está tu hermano? ¿Dónde está tu hermana?
La tierra muere y sangra: ¿Y qué haces?
¿Hasta cuándo nos vamos a dejar dominar por la fiera? ¿Hasta cuándo vamos a permitir que el Kapital controle la puerta, vaya suelto por el mundo devorando y robando? Una forma básica del terror del capital se da en una forma de propiedad que arranca al campesinado de la tierra y somete a la agricultura a un negocio que sigue la lógica del lucro dejando a las poblaciones desvalidas y vulnerables por la acción depredadora de los monopolios industriales y financieros.
-“Si hubieras actuado bien, andarías con la cabeza erguida… pero como no lo has hecho… el pecado está junto a la puerta, como una fiera acorralada. ¿Podrás dominarla?” (Génesis 4, 6-7).
Tierra, agua, simiente, árboles, subsuelo, animales, el mar, el planeta sometido al mecanismo de apropiación y explotación privada, protegidos por el derecho de contaminar y de poseer ¡Fieras! ¡Bestias! ¡Monstruos! Movidos por los deseos de liberalización, desregularización y globalización. ¡Y no me diga, “no sé”! No insista en “¿Acaso soy responsable?” con artificios y mentiras de un desarrollo sostenible que no enfrenta a la fiera del capitalismo. ¡Ya no podemos responder, ya no podemos creer… hagamos silencio! Si ya no podemos creer en cada herida, ni creer en algo puro, no sabremos nunca lo que significa creer en la esperanza: escuchemos voces marcadas por el amor y la lucha de quien vive y se organiza por otro mundo posible, de sumak kawsay, del bien vivir que aprendemos de las luchas latinoamericanas.
Si no creyera en la locura
de la garganta del sinzontle,
si no creyera que en el monte
se esconde el trigo y la pavura…
Si no creyera en la balanza,
en la razón del equilibrio,
si no creyera en el delirio
si no creyera en la esperanza
De forma especial, nosotros militantes cristianos –hombres y mujeres- asumimos el compromiso con nuestro pueblo y como voces de:
  1. denunciar las relaciones históricas y actuales del cristianismo hegemónico con el capitalismo y su lógica de sacrificio de vidas, modos y formas de vida;
  2. denunciar el cristianismo aprisionado por los intereses de élites mundiales en intercambios de favores que proporcionan y apoyan la acumulación y concentración de riqueza, que legitiman las formas sistemáticas de explotación del trabajo humano y de la naturaleza;
  3. renegamos y denunciamos el capitalismo y toda adoración del capital, toda religión del consumo y todo fundamentalismo occidental que se esconde y se alimenta de espacios teológicos y comunitarios cristianos;
  4. negamos cualquier uso de la fe cristiana y de la Biblia como justificación para la guerra, del pillaje de la naturaleza, de los modos de mida y de sus conocimientos;
  5. enfrentarnos a la teología y a las prácticas pastorales de un pensamiento dualista que naturaliza y legitima una política de opresión generalizada: una dominación de la naturaleza es inseparable de una dominación del humano sobre el humano, particularmente del hombre sobre la mujer;
  6. nos afirmamos como una religión entre otras, un pueblo de fe entre otros pueblos de fe y llamamos a todos los cristianos y cristianas a que luchen por la justicia, amen la misericordia y anden humildemente con su Dios por la faz de la tierra (Miqueas 6,8)
 
* Nancy Cardoso Pereira. Agente da Comissão Pastoral da Terra (CPT) na região Sul Rio, professora de teologia e história da Universidade Severino Sombra, Vassouras, Rio de Janeiro.
 
Traducción. Joana Ortega-Raya
Fuente: Lupaprotestante

martes, 18 de diciembre de 2012

Discípulo, testigo y maestro: José Míguez Bonino (1924-2012)

Julio de Santa AnaJulio de Santa Ana

Autor: Julio de Santa Ana,  es Doctor en Ciencias Religiosas por la Universidad de Estrasburgo, Francia. Fue director de la revista Cristianismo y Sociedad, de la Comisión de las Iglesias y su Participación en el Desarrollo del Consejo Mundial de Iglesias, del Centro Ecuménico para el Servicio a la Educación y la Evangelización Popular (CESEP, Brasil) y profesor del Instituto Ecuménico de Bossey. Algunos de sus libros recientes son: Sustainability and Globalization and (1999), Religions today. Their challenge to the ecumenical movement (2006) y Beyond idealism. A way ahead for ecumenical social ethics (2006). Es un teólogo protestante de larga trayectoria y enorme contribución ecuménica
Discípulo, testigo y maestro: José Míguez Bonino (1924-2012)
Hay personas que se afirman de tal manera en su existencia que no necesitan vanagloriarse, ser altaneros, jactanciosos o arrogantes para formar parte naturalmente de quienes se destacan por sus cualidades. Más aún, estas personas no intentan hacerse notar, poner en evidencia su reputación, crédito o fama para que redunde en su prestigio y renombre. Son seres que se distinguen más bien por su sencillez, su afabilidad, sobresaliendo de tal manera que -sin quererlo- llegan a ser ejemplo para otros. La distinción que trasuntan en su existencia es una marca de su elegante manera de ser. Tanto en la vida como en la muerte nos muestran sendas por las que es bueno caminar. Lo que he escrito ha estado rondando mi mente por ocasión del deceso de José Míguez Bonino, que fue uno de nuestros guías espirituales, gran teólogo y un testigo fiel del evangelio de Jesucristo.

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Fuente: Lupaprotestante