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lunes, 4 de junio de 2012

“Creer es también pensar”. Eduardo Delás: No a la pastoral desde la ignorancia

Por. Jacqueline Alencar, España

Hablamos con Eduardo Delás, pastor de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de la Calle Quart en Valencia. Estudió en IBSTE (hoy Facultad Internacional de Teología), donde fue profesor por varios años. Es, además, Licenciado en Teología Sistemática por la Facultad de Teología de Catalunya, Licenciado en Ciencias Bíblicas y Doctor en Teología por la Facultad de Teología de Valencia.
Delás ha publicado tres libros: Dios es Jesús de Nazaret. Cristología desde dentro (Noufront 2009); Dietrich Bonhoeffer, un teólogo a contratiempo (DSM 2006); Seguir a Jesús de Nazaret hoy; y -con Samuel Escobar- Santiago: la fe viva que impulsa a la misión (Primera Iglesia Evangélica Bautista, Valencia, 2011).
Pregunta.- Tiene varios títulos en Teología y Biblia, ¿cómo le ayudan todos los estudios realizados en su tarea pastoral?
Respuesta.-
Hace muchos años, John Stott escribió una pequeña obra de gran difusión con el título: “Creer es también pensar”. El conocimiento y la formación académica no sólo no están reñidos con el ejercicio de la acción pastoral, sino que además permiten desempeñar esa difícil y comprometida tarea desde un marco de reflexión más documentado. Sería temeraria la práctica de la pastoral desde la ignorancia y el desconocimiento. El intrusismo es peligroso en todas las disciplinas del saber. En la pastoral, puede ser letal.
P.- ¿A qué tipo de lector tiene en mente cuando escribe sus libros?
R.-
Cuando escribo pienso siempre en un “público/universo” en el sentido más amplio posible. No sólo en personas creyentes, pero también en emplear un lenguaje que no sea críptico, ni haya que “descodificar”, para que lo entienda todo el mundo. Es todo un desafío que no siempre se logra, pero al menos esa es la intención original. Si la literatura no conecta con las necesidades y el mundo personal de los lectores acaba resultando irrelevante y anecdótica.
P.- Su libro de Cristología ya lleva dos ediciones, ¿piensa que hoy hay interés en el tema cristológico en España?
R.-
La Cristología es la parte de la dogmática que estudia a la persona de Jesús, el Cristo. Resulta llamativo que en nuestro país exista cada vez menos interés en el mundo de las religiones y, sin embargo, la persona de Jesús aún posea para muchos un gran poder de seducción. ¿Será que la mediación religiosa que hemos hecho de Jesús lo ha desfigurado demasiado? En mi criterio, sí.
Curiosamente, sabemos mucho sobre muy poco de Jesús y muy poco sobre mucho. Hemos desarrollado una cristología con grandes desequilibrios y conviene que practiquemos una gran capacidad de corrección y autocrítica porque la cristología, inequívocamente, funda la eclesiología.
Mi libro “Dios es Jesús de Nazaret” resulta solamente una pequeña aportación a la reflexión cristológica actual pero, a mi modo de ver, hecha desde abajo y desde dentro. La cristología de los evangelios, bien mirada, conocida e interpretada, puede ser un auténtico “peligro” para la iglesia, por su radicalidad. Es preciso rescatar el acontecimiento Jesús de Nazaret de las ruinas de la historia y situarlo en el centro del discurso cristiano. Quizás entonces comience lo que podríamos llamar “la revolución pendiente” en el cristianismo contemporáneo.
P.- ¿Qué verdades acerca de Cristo cree que hay que destacar en la enseñanza actual en las iglesias evangélicas?
R.-
Más que verdades, lo que tendríamos que hacer es dejarnos interpretar por el Jesús de los evangelios que nos invita a reiniciar el camino de la imitación y el seguimiento. Sólo es posible reproducir el camino de Jesús si ese Jesús tiene cara y ojos, y nos referimos a él como la persona que nació, vivió, murió y resucitó por nosotros y por nuestros pecados.
En realidad, el evangelio creció “al revés”, el final estuvo ahí antes que el principio. Y, desde el final, se regresó al inicio. O sea, la muerte y la resurrección de Jesús fueron los hechos centrales del kerigma apostólico porque representaban la revalorización de su obra de un modo integral. Y estos acontecimientos históricos y su significado poseen hoy (y siempre) el dinamismo necesario, desde la obra del Espíritu, para reiniciarnos en el camino del seguimiento del Maestro.
P.- ¿Cómo ve el interés en la teología entre la población evangélica?
R.-
Con la respuesta a esta pregunta podría escribirse un libro de considerable tamaño. Vamos a ver, si la teología se entiende como una simple repetición de la verdad que ya cristalizó en siglos pasados, sin ningún poder de maniobra para la creatividad, para una reflexión seria que parta de la realidad concreta que vivimos, y sin ninguna intención de diálogo con el mundo y sus problemáticas, como sucede con frecuencia en nuestros círculos, entonces es lógico que la teología sea algo trasnochado, anacrónico y obsoleto y, por tanto, no interese a casi nadie, como sucede hoy.
A mi modo de ver, la teología, a la que se ha descrito como “la fe en estado de ciencia”, está capacitada para servir como instrumento revisionista y renovador de la reflexión evangélica, si es capaz de leer los signos de los tiempos trazando vínculos siempre nuevos entre cristianismo e historia, y buscando y encontrando terreno común para el diálogo con la cultura y la sociedad.
P.- ¿Puede la teología corregir carencias y defectos en la vida de las iglesias evangélicas en la España actual?
R.-
Puede, debe y tiene que hacerlo. Sobre todo, si quienes realizan esta labor son teólogos formados en la verdad del evangelio acompañando a la iglesia en el camino, pero, además, si permitimos que la teología y los teólogos jueguen ese papel, propiciando que sus aportaciones puedan ser construidas en un discurso coherente y pertinente que resitúe permanentemente a la comunidad cristiana en estado de misión.
P.- Ha estudiado en una Facultad de Teología católica. ¿En qué nivel están hoy en día los estudios de materias bíblicas en las facultades católicas?
Si hablamos de nivel académico “puro y duro”, sin entrar en detalles, es alto. Pero si colocamos “al microscopio” el curriculum de estudios en las Facultades Católicas, la cosa admite muchos matices. Por resumir, la formación que recibe un licenciado en Ciencias Bíblicas o Eclesiásticas a lo largo de 5 años incluye: Un bienio de filosofía pura y tres años más de teología dogmática acompañada de un pequeño porcentaje de Biblia, más o menos un 10% del total.
Si uno decide ampliar estudios, puede elegir distintas especialidades de Licenciatura (segundo ciclo) según la Facultad en la que se encuentre: Biblia, Dogmática, Historia, Liturgia y Fundamental (quizás me dejo alguna). El Doctorado, tercer ciclo de estudios, es preciso realizarlo, como es natural, en la especialidad elegida. Grandes dosis de conocimiento, generalmente a buen nivel, pero pocas “materias herramienta” para la praxis pastoral. Casi todo está pensado para “producir” maestros, catequistas y teólogos.
P.- Usted es valenciano y es pastor en Valencia ¿Ha predicado alguna vez en la lengua valenciana?
R.-
He predicado una vez en valenciano. En un funeral, porque todos los allí presentes pensaban y hablaban en valenciano, así que tuve el atrevimiento de hablar en su idioma.
P.- ¿Le ayuda en alguna forma la lectura de la Biblia en valenciano?
R.- El valenciano, como otros idiomas, posee unos giros y expresiones que no pueden traducirse, pero que enriquecen la comprensión de los textos. En determinados momentos, estos detalles ayudan.
P.- ¿Qué piensa de la forma en que las iglesias evangélicas ministran a los inmigrantes en España?
R.- Observo que trabajamos con el fenómeno de la inmigración bastante “de oído”. Determinados estamentos como “Misión Evangélica Urbana” (Madrid, Valencia y otros) han planteado iniciativas a modo de seminarios con miras a re-situarnos mejor frente a estas nuevas realidades sociológicas que tienen una fuerte incidencia en nuestras iglesias. Aún tenemos mucho que aprender, porque importa tomar conciencia de que el tejido social ha sufrido una transformación brutal que va a perdurar en el tiempo, dentro y fuera de nuestras comunidades.
P.- En ese sentido, ¿tiene su iglesia un ministerio especial con los inmigrantes?
R.- No creo que haya que hacer nada “especial” con los inmigrantes. Lo que necesitamos es abrirnos y ayudar a que se abran mecanismos de acercamiento para evitar guetos que atomicen las iglesias. Es parte de una asignatura pendiente que tenemos los evangélicos: Repensar la eclesiología.
P.- ¿ Qué le diría a una persona joven para entusiasmarla con la Teología?
R.- Permítame responderle con unas palabras de Dietrich Bonhoeffer, para mí uno de los teólogos más grandes y comprometidos del siglo XX: “Ante todo, sólo debe estudiar teología cuando honradamente piense que no puede estudiar otra cosa. La única vocación a la teología será el que ésta le haya captado y no le deje, con tal de quien le haya captado sea verdaderamente la causa de la teología: la disposición para reflexionar sobre la palabra y la voluntad de Dios (Sal. 1:2), para aprenderla y llevarla a la práctica”.
P.- Usted ha hecho su tesis y ha publicado ensayos sobre Bonhoeffer. ¿Se podría hablar de una fe disidente en él? ¿Cuál sería su legado teológico y literario?
R.- Cualquiera que conozca un poco la vida y pensamiento de Bonhoeffer, le diría que esta pregunta se abre en muchas direcciones, admite muchas respuestas y, sobre todo, mucho más largas de lo que permite esta entrevista. Sin embargo, le diré que suscribo absolutamente lo de “una fe disidente” porque, además, hace algún tiempo pronuncié una conferencia precisamente con ese título: “Dietrich Bonhoeffer: El compromiso de una fe disidente”, que puede encontrarse y leerse en la red.
Pero también me gustaría añadir que “una fe disidente” implica pagar un precio que habría que valorar, antes de embarcarse en ella. En la introducción del texto que he citado hace un momento, escribo: “Disidencia” es una palabra peligrosa y sospechosa. Especialmente, para las personas que están ligadas al status quo o que temen algún tipo de cambio. Su sentido primero tiene que ver con alzar la voz en contra del orden establecido. Un disidente es una persona que, conociendo el sistema desde dentro, se separa y adopta una actitud contraria al mismo. No reformista, sino contraria, alternativa, diríamos incluso que subversiva; es decir, con vocación de trabajar por cambios tan radicales que sean capaces de revertir las cosas. La disidencia es “la fuerza de choque” necesaria para percibir que lo que hay no es lo único que puede haber. Que es posible una realidad nueva y distinta, si se comienza una transformación de la realidad desde abajo y desde dentro.
Pensar en el legado teológico de Bonhoeffer es, sobre todo, hablar de una fe disidente con el coraje suficiente para ser pensada y vivida hasta sus últimas consecuencias. La cuestión es, si nosotros estamos dispuestos a asumir ese compromiso, pagando el precio que de él se deriva. Finaliza la entrevista. Gracias, Eduardo, por estas reflexiones que nos harán repensar y resituarnos en nuestro día a día cristiano.

Autores: Jacqueline Alencar

©Protestante Digital 2012

domingo, 3 de junio de 2012

La única verdad no es la realidad

Por Di Stefano, Roberto, Argentina

A propósito de la creación del Instituto de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano.Estoy comiendo un asado con amigos y uno de mis contertulios me interpela: “Che, vos que sos historiador, ¿Rosas era un chabón copado? ¿Era bueno o malo?”. Me quedo mirándolo con el tenedor en el aire, pensando una respuesta a esa pregunta anonadante. Mientras la busco me viene a la cabeza algo que dice mi hijo Silvio, que es joven pero perspicaz, y que suele traer a colación agudas comparaciones entre los varios países en los que –a pesar de sus cortos años– le ha tocado vivir: “los argentinos tienen mentalidad de hinchas de fútbol”.
Lo que quiere decir es que tendemos a analizar la realidad y a encarar la vida armados siempre con el esquema a favor de/en contra de.
El Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” refleja esa tendencia a observar la vida con una mentalidad agonal. El decreto que lo crea argumenta que “desde el principio de nuestra historia” quienes “defendieron el ideario nacional y popular” se enfrentaron a los que “en pro de sus intereses han pretendido oscurecerlos y relegarlos [se refiere a los del primer grupo] de la memoria colectiva del pueblo argentino”. Es decir, propone la supuesta existencia de dos bandos irreductibles: pueblo y antipueblo, patria y antipatria, liberalismo cosmopolita versus identidad nacional y popular. Esa concepción responde bien a otra tendencia argentina: la de culpar a otros de lo que nos pasa. Si el país no es el que queremos, la razón no ha de buscarse en nuestras propias decisiones. Hay un culpable otro, sea el que sea: el liberalismo, la “subversión apátrida”, el peronismo, el antiperonismo, la oligarquía, el imperialismo inglés del siglo XIX o el yanqui del XX… Como los chicos, incapaces de hacerse cargo de sus propios actos. Se ha dicho que el capitalismo infantiliza a las sociedades: en este sentido la nuestra parece un fruto del capitalismo más avanzado.
El decreto propone verdades absolutas. No puedo dejar de aludir a una elemental cuestión epistemológica: por rigurosos que sean, los métodos del investigador no exorcizan la subjetividad; ni siquiera en las ciencias llamadas “duras” hay verdades absolutas, como nos ha enseñado el lacerado siglo XX. En historia no se puede decir cualquier cosa, porque lo que se afirma debe ser respaldado con la documentación disponible. Pero tampoco se pueden alcanzar sino interpretaciones plausibles, verosímiles del pasado, sujetas a la mirada del historiador y a las de sus lectores, con todo lo que ello implica. Decir que una es la “verdadera historia” y que las que se le oponen son mentiras de los enemigos de la patria, o decir que una determinada lectura de un hecho o de una persona es su historia “definitiva”, es propio de ignorantes, o de vivos que lucran con la ignorancia ajena.
Por otro lado, es cuanto menos gracioso que se afirme, contra toda evidencia, que los historiadores no hemos estudiado a esas figuras que el decreto considera víctimas de un culposo olvido: basta una somera búsqueda en cualquier fichero de biblioteca especializada para apreciar que los libros y artículos sobre casi todas ellas pesan toneladas.
Una de las falacias del neo revisionismo en boga es, justamente, su carácter presuntamente novedoso: las veces que he tenido contacto con la producción de algunos de esos “destacados historiadores” que piden la creación del instituto me topé con “descubrimientos” que figuran en las obras de Bartolomé Mitre, de Vicente Fidel López, de Adolfo Saldías, de Ernesto Palacio o de Julio Irazusta.
Una búsqueda más detenida en ese fichero nos mostrará que muchos de los historiadores que han estudiado a esas figuras y que ahora son execrados gozan de fama mundial más que merecida, justamente por el respeto que han mostrado por las “rigurosas exigencias del saber científico” que el decreto evoca. Hablamos de investigadores que poseen todas las credenciales académicas y que en muchos casos han enseñado e investigado en las más destacadas universidades y centros de estudios del mundo. Hablamos de historiadores –y hay aquí otro motivo de hilaridad– que el mismo Estado que ahora crea el instituto de marras ha juzgado dignos de figurar en la planta del Conicet y de las universidades nacionales. No es el caso de los “destacados historiadores argentinos” que promueven el instituto. Una de las grandes paradojas de su creación es que el mismo Estado que por iniciativa de los gobiernos Kirchner amplió y pluralizó como nunca antes el sistema científico, multiplicando las plazas de investigadores, el número de becas de posgrado, los subsidios de investigación y un largo etcétera, promueve un instituto cuya razón de ser es la supuesta complicidad de ese sistema con una también supuesta “historia oficial”.
Es risible también, y a la vez penoso, que se achaque a los historiadores el haber respetado la regla número uno de su disciplina. ¿Qué significa que las figuras que se considera relegadas “no han recibido el reconocimiento adecuado”? Yo se lo explico: significa que para estudiar adecuadamente a Manuel Dorrego, por ejemplo, hay que reivindicarlo como el “mártir de Navarro” –es la expresión que usa el decreto–. Significa que cumpliremos con la patria y con el pueblo cuando nos convirtamos en narradores de mitos y leyendas, en panegiristas de héroes y de mártires, en fulminadores de anatemas contra conspiradores y apóstatas, en cultores, en definitiva, del modo más tradicional –por no decir primitivo– de hacer historia, la que los buenos profesores enseñan a sus alumnos a evitar en la primera clase del más elemental curso de historia. Como decía Marc Bloch, los historiadores no estamos llamados a erigirnos en jueces de los hombres que nos precedieron: nuestra tarea es ayudar a nuestras sociedades a pensar, a comprender críticamente el pasado. Los grandes historiadores nos han enseñado a pensar el pasado como una realidad otra, compleja, en un punto irreductible a nuestras miradas desde el presente. Nos han enseñado, también, que más explicativo que estudiar las “figuras” de San Martín, de Dorrego, de Quiroga, de Rosas o de Perón, es indagar sobre el proceso revolucionario,
las dinámicas subyacentes a las guerras civiles y el fenómeno peronista. Ahora quienes nos han juzgado idóneos para integrar el sistema nacional de investigaciones nos enrostran el habernos negado a verlo como una suerte de historieta poblada de superhéroes y villanos.
Todo ello sería apenas risible y penoso si no fuera porque además la iniciativa responde a tendencias que son potencialmente peligrosas para la democracia, al menos como yo la entiendo a esta altura de mi vida: como un modo de convivencia social que toma como punto de partida la legitimidad de la coexistencia de ideas, concepciones del mundo e intereses diferentes. Si la convivencia democrática depende del reconocimiento de que legítimamente pueden existir diferentes ideas –es decir, diferentes verdades–, reconocer a una la legitimidad y negársela a las demás –en este caso, en tanto que supuestas falsedades tramadas por los enemigos de la patria y del pueblo– atenta contra la base misma de la democracia. Que esa postura la asuma el Estado, que tiene la misión de custodiar la calidad de nuestra convivencia, constituye un hecho preocupante.
No está mal que la historia y la instrucción cívica, o como se llame ahora, converjan en la transmisión de ciertos valores, sin que ello implique tergiversar el relato histórico. El Estado tiene el deber de transmitir valores que la sociedad ha hecho suyos después de un siglo lacerado y lacerante: son los que se necesitan para vivir civilizadamente en democracia, como el respeto de las diferencias, la solidaridad, el diálogo y la paz. Un maestro, o un profesor de secundaria, no pueden hablar de democracia y dictadura como si se tratara de compuestos químicos. Pero este decreto refleja algo muy diferente: refleja la confusión entre gobierno, partido y Estado, tres realidades que deberían permanecer diferenciadas, porque su distinción constituye un dato básico de cualquier democracia madura. La confusión conduce a convertir en política de Estado no la enseñanza de la convivencia, sino la idea de que los argentinos estamos perpetuamente en guerra intestina porque unos somos amigos y otros enemigos del pueblo y de la patria. Libera nos Domine.

En la sección Documentos podrá accederse a los textos del Decreto 1880/2011 que crea el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego y de la Declaración de la Asociación Historia (AsAIH) al respecto.

Fuente: Revista Criterio, # 2382

sábado, 2 de junio de 2012

Esclavitud XXI y el film Evelyn, juntos contra la trata de personas

Es la primera obra de ficción española que aborda tan en profundidad la trata de mujeres para explotación sexual en España.
Por. Directora: Isabel de Ocampo, España
El próximo 8 de junio se estrenará la película Evelyn ( ver el tráiler ) de la directora Isabel de Ocampo en los cines de la cadena Renoir (consultar cartelera) de Madrid, Barcelona, Sevilla, Valencia, Bilbao, San Sebastián y Salamanca.
Esta directora ya ganó el Goya al mejor corto en 2008 por Miente.
EVELYN
Con Evelyn Isabel de Ocampo estrena su primer largometraje que, además, es la primera obra de ficción española que aborda tan en profundidad el tema de la trata de mujeres para la explotación sexual en España.
Para dicha película no quiso documentarse únicamente a través de la prensa “quería ser yo misma la que escuchara esas historias; hablar y mirar a la cara de la gente relacionada con el negocio de la prostitución forzada, un negocio que según la ONU está alcanzando cifras de pandemia en el planeta. Quería sacar mis propias conclusiones” comenta.
En palabras de la propia directora: “El cine es medicina para el alma y a veces alimento para el intelecto. A través de las emociones llegamos a entender muchísimo mejor las razones. Ojalá mi película sirva para tomar conciencia de un problema que gangrena nuestra sociedad. En estos días, en que los españoles tenemos que volver a emigrar a otros países porque no hay trabajo en el nuestro, yo les invito a que se pongan en la piel de Evelyn”.
APOYO DE ESCLAVITUD XXI
Desde el momento en que llegó a Esclavitud XXI esta información decidieron ponerse en contacto con Isabel de Ocampo, refiere su presidente Daniel Banegas , para poder usar su película como recurso de concienciación sobre la trata de personas para explotación sexual en España (uno de los principales países de tránsito y destino de Europa).
Banegas comenta que “Nos sorprendió gratamente la accesibilidad de Isabel y desde hace unos meses hemos estado trabajando juntos, entre otras cosas, para elaborar un guión para un cinefórum. Creemos que el cine es capaz de mover conciencias y por eso cuantas más personas vayan a ver esta película, más gente entenderá la crudeza de esta lacra social que nos pilla tan cerca aunque a veces queramos mirar hacia otro lado”.
Evelyn es una película dura y además no es comercial, por eso animan a todas las personas a ir a verla la primera semana (es posible que esté poco tiempo en cartelera), y verla junto con sus amigos.
Como apoyo a la reflexión, Esclavitud XXI ha realizado el mencionado guión para un cinefórum para tratar el tema después de ver la película.
Esclavitud XXI ha colgado también nuevos recursos en su página web ( www.esclavitudxxi.org) para todos aquellos que quieran usarlos en sus iglesias, escuelas, grupos de jóvenes, etc.
PARA MÁS INFORMACIÓN
En la pàgina oficial de la película se pueden encontrar el trailer, escenas, o notas de la directora entre otras cosas.
Se puedes leer aquí un artículo entero de Isabel de Ocampo y también una entrevista a Cindy Díaz (la actriz protagonista).

© Protestante Digital 2012

Ver el trailer

viernes, 1 de junio de 2012

La letra mata: le muerde la cascabel con la que mostraba su fe

Un pastor pentecostal fue mordido por una cascabel al pretender mostrar que según la Biblia un auténtico creyente “cogerá serpientes y no le morderán”.
Un pastor evangélico de Virginia, EEUU murió al ser mordido en plena ceremonia religiosa por una serpiente cascabel. El predicador Mack Wolford, de 44 años, quería demostrar la veracidad literal del Evangelio según San Marcos, en su capítulo 16, versículo 18. El interpretaba al pie de la letra que este texto asegura que el auténtico creyente “puede luchar contra el mal, la serpiente, sin sufrir daño alguno”.
Pero en esta ocasión (lo había realizado más veces) el pastor fue mordido en un muslo por el venenoso reptil ante los ojos de una docena de fieles que asistían a la ceremonia al aire libre, en un parque zoológico de West Virginia, según publicó la ' ABCNews'.
La hermana de Mack Wolford explicó que él había estado durante una media hora con el reptil cogido con las manos; y que fue cuando lo dejó en el suelo que se revolvió contra él y le mordió.
Wolford fue mordido por la cascabel el pasado domingo 27 de mayo a las dos de la tarde, pero en vez de ir al hospital se fue a casa de un familiar, pensando que sería sanado debido a su fe. Sobre las 10 de la noche (unas ocho horas después) la situación había empeorado tanto que tuvo que ser trasladado a un hospital, donde debido al retraso en acudir falleció poco después.
Lo peor es que el padre de Wolford, también predicador, murió en 1983 de la misma forma, mordido por una serpiente en una ceremonia religiosa y por los mismos motivos.
UNA RAREZA
Y es que, como también dice el Evangelio, la letra (literalista) mata, pero el espíritu (la interpretación correcta de la palabra escrita) es el que vivifica.
Cody Ford , director ejecutivo del Consejo de Iglesias de Virginia Occidental, representa a 15 denominaciones evangélicas tradicionales y tiene poca interacción con iglesias independientes como la de Wolford. Sin embargo, explica que este uso de la serpiente en las iglesias es "absolutamente" inusual en Virginia Occidental, y que las iglesias que lo practican son muy difíciles de encontrar.
"Para la persona común y corriente que se sienta en los bancos de cualquiera de nuestras iglesias, la idea de manejar serpientes como muestra de fe sería tan extraño y ajeno como lo sería para el lector más erudito de The New York Times", dijo Ford.
HAY ANTÍDOTO
El ataque de una serpiente cascabel provoca un dolor intenso y el veneno afecta el sistema nervioso, por lo que es imprescindible llevar de inmediato a la persona a un centro asistencial para que reciba el antídoto antes de que a través de la sangre se difunda por el organismo y haga su efecto letal.

Fuentes: ABCNews&ProtestanteDigital

miércoles, 30 de mayo de 2012

Los evangélicos latinoamericanos y la Palabra encarnada

En América Latina los evangélicos somos conocidos como “la gente del Libro”.
Por. Francisco Rodés, CUBA
La Biblia en la mano de los creyentes que asisten al templo es la imagen que nos caracteriza. Y nosotros nos sentimos orgullosos de que esta fue la herencia que hemos recibido de nuestros padres fundadores, los cuales iniciaron sus incursiones por este continente siendo colportores, distribuidores del sagrado texto. Así comenzó nuestra historia como el pueblo del Libro.
Sin embargo, no debemos olvidar que no somos los únicos que se fundamentan en un libro sagrado. Los musulmanes tienen su Corán, el cual no solo estudian, sino que procuran memorizar. Ellos sienten una devoción especial por cada palabra que brota de él. También los judíos tienen una larga tradición de estudio reverente por la Torah o Biblia hebrea.
Estas tres grandes religiones se caracterizan por esta fe de la revelación escrita en un libro. Pero aún, cuando compartimos una devoción por la palabra escrita, aunque parezca paradójico, los cristianos consideramos el Libro como un puente que nos conduce a la revelación definitiva, que no es otra que una persona. ¨Ustedes escudriñan las Sagradas Escrituras –dice Jesús- porque les parece que en ellas tienen la vida eterna ¡Y son ellas las que dan testimonio de mí! (Juan 5.39, versión Lenguaje Actual). Lo importante de las Escrituras es el testimonio que recogen acerca de Jesús, el cual es el centro y la revelación suprema de Dios.
Esto que parece tan simple, tiene grandes implicaciones, porque la Biblia no es un fin en sí misma, ni puede convertirse en objeto de idolatría. La inclinación natural cuando se tiene un objeto sagrado, es convertirlo en un amuleto o talismán con poderes mágicos. Nos consta que hay evangélicos que la tienen como un talismán. No, la Biblia no está para ser idolatrada, sino para ser leída y entendida con reverencia, porque ella nos ilumina el camino a Jesucristo.
El Evangelio de Juan expresa, con un lenguaje que no da lugar a dudas, que la Palabra (también se llama Verbo), se hizo ¨carne y habitó entre nosotros¨ (Juan 1.14). Y en la Epístola de Juan, se afirma ¨lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos, referente al verbo de vida¨ (lra. Juan 1.1ª).
Una clara alusión no a una palabra escrita, sino a una vida, una persona humana, que trasmite la revelación divina. Esto que afirmamos en todos los credos, que creemos todos los cristianos, parece no tener un impacto serio en la forma de vivir y cumplir la misión en el mundo de muchos creyentes en América Latina.
Lo que quiero decir es que solo la vida transmite vida. El lenguaje hablado o escrito, por muy importante que sea para la comunicación de un mensaje o una enseñanza, en el caso de la evangelización se queda cojo si no hay detrás de ese lenguaje un testimonio viviente, una vida que sirva de confirmación del mismo. Y, lamentablemente, se cree que difundiendo literatura, apelando a los medios de comunicación y a las técnicas publicitarias más adelantadas se está dando a conocer a Jesucristo al mundo. No, con eso solo estamos promoviendo el consumo de un producto religioso, como se promueve la venta de un perfume o un carro nuevo. No quiero decir que no hagamos distribución de las Sagradas Escrituras o anunciemos nuestras actividades públicamente, lo que quiero decir que podemos equivocarnos si pensamos que en la propaganda radica la eficacia de la evangelización del mundo.
Por ejemplo el testimonio de unidad del pueblo de Dios es, en las propias palabras de Jesús, el respaldo para que el mundo crea (“para que todos sean uno….para que el mundo crea que tú me enviaste”, Juan 17.21) ¨Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes¨ (Juan 20.21). La palabra encarnada en Jesús fue el camino que escogió Dios para revelarse al mundo, es también el modo en que los cristianos están llamados a cumplir la misión en el mundo. Esta encarnación de Dios en la forma de un siervo (Filp. 2) es el modelo para vivir los cristianos la fe. Nada puede sustituir la proclamación que se hace con la propia vida.
La vida nueva se trasmitió en los primeros tiempos del cristianismo por el contagio directo de persona a persona, ganándose la admiración del pueblo que vio a los cristianos como una comunidad diferente, “!miren como se aman!” -decían en la antigüedad de los primeros cristianos. En la vida real de comunidades solidarias, fraternas, comprometidas con las causas justas, que aspiran a un mundo donde mora la justicia¨, que practican el perdón y la reconciliación, es la mejor expresión del mensaje evangélico en el mundo descreído de hoy.
Por supuesto que el camino de la encarnación es el sendero estrecho, es la negación de todo egoísmo, es la disposición a crucificar el yo en la cruz del amor divino. Es más fácil promover un evangelio de ¨bendiciones¨, de seguridades y de prosperidad personal. Es más fácil poner altoparlantes (que ya están siendo una plaga indeseable en los vecindarios), que vivir el amor de Dios que busca al enfermo, al preso, al marginado y al oprimido.
Ser un evangelio viviente, una luz en el sendero oscuro del mundo es mucho más que difundir un libro, es comunicar una vida resucitada que trae esperanza y alegría al mundo. Eso es lo que más necesitamos hoy en América Latina.



lunes, 28 de mayo de 2012

Teología de la indignación (II): Dios como indignado

Por. Samuel Escobar, España
Si bien la revelación cristiana nos habla del amor y la paciencia de Dios, también nos habla de la indignación de Dios frente al pecado y la injusticia.

Vimos el pasado domingo que Hessel nos presenta una visión trágica de la historia. Esta visión pesimista que ve la historia terminando en tragedia, ve la aventura humana como un túnel sin salida.
Y eso me lleva a la visión cristiana de la historia, porque si como cristianos creemos que Jesús resucitó no podemos adoptar una visión trágica y pesimista de la historia humana. Tanto la enseñanza de Jesús como la de los apóstoles está marcada por la nota de la esperanza, que es una nota que nos lleva a vivir el presente como luz y sal en el mundo, con gozo a pesar de las aflicciones, y a mirar el futuro con la esperanza de un mundo cualitativamente diferente, de una nueva creación : “Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (Ap 20:4).
UNA VISIÓN CRISTIANA DE LA HISTORIA
La fe cristiana es histórica, toma en serio la Historia , le da sentido y la transforma y encierra una visión de la historia. Para la enseñanza del Nuevo Testamento, tan real e importante como la encarnación y la muerte de Jesús en la cruz es el hecho de la resurrección del Señor crucificado. Escribiendo a la Iglesia de Corinto acerca de este tema, el apóstol Pablo afirma rotundamente: “Y si Cristo no ha resucitado nuestra predicación no sirve para nada, como tampoco vuestra fe” (1 Cor. 15: 14). Los cuatro Evangelios culminan con la historia de la sorpresa de las discípulas y los discípulos ante la tumba vacía, y la experiencia del encuentro con Jesús resucitado. La realidad de esta experiencia es el marco en que se da el mandato a los discípulos para lanzarse al mundo con sentido de misión. Lo ha dicho el teólogo uruguayo Mortimer Arias en un magistral estudio sobre la Gran Comisión:
El hecho histórico, verificable, de la experiencia pascual es el surgimiento de una nueva comunidad, la Iglesia, poseída de un sentido de misión universal. Surge de entre las cenizas, como el Ave Fénix, en medio de un pequeño grupo marginal, aplastado por la condena y crucifixión de Jesús, disperso y desalentado, que de pronto se levanta para testificar de la presencia y el poder de Cristo obrando en ellos y a través de ellos. [1]
La resurrección de Jesús es el triunfo de la vida sobre la muerte, es la vindicación de la víctima, es la confirmación de que con la llegada de Jesús una realidad nueva, aquello que Jesús llamaba el Reino de Dios, ha hecho su irrupción en la historia humana .
Las fuerzas hostiles que se sintieron amenazadas por la presencia y el estilo de Jesús le presentaron oposición desde el comienzo mismo de su ministerio público . Esta oposición creciente de la cual los Evangelios dan cuenta significa un continuo conflicto, una oposición a las obras de Jesús. La popularidad de su enseñanza atrajo las burlas y envidia de fariseos y escribas , los maestros religiosos oficiales. Sus milagros y la novedad de su mensaje fueron percibidos como una amenaza por los saduceos , administradores del templo, símbolo de la institución religiosa dominante, y los sacerdotes sus funcionarios. Los encargados de imponer el orden imperial romano, gobernadores como Poncio Pilato o reyezuelos como Herodes, lo vieron como una amenaza al férreo orden brutalmente impuesto por la fuerza del Imperio. Todos ellos coincidieron en una confabulación para deshacerse de Jesús de manera expeditiva y sin el menor criterio de justicia . Cualquiera que esté familiarizado con la historia de los imperios, desde los faraones hasta nuestros días, sabe que la historia de la pasión de Jesús es verosímil, porque historias de injusticia parecida se repiten continuamente.
Sin embargo lo distintivo de la historia de Jesús es el sentido que él mismo atribuye a su muerte y el hecho de que la tumba no pudo retenerlo ni la muerte callarlo para siempre. Aquel que en la agonía de la cruz clamó “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado?” (Mc. 15: 34), fue levantado de entre los muertos por el poder de Dios. La fe en el Cristo resucitado fue motivación para la misión pero ese hecho por sí solo no explica el avance de la Iglesia desde la periferia de un rincón del imperio romano hasta la realidad global de nuestros días. El Padre y el Hijo como Señor resucitado envían al Espíritu Santo como el acompañante y la fuerza del poder que abrirá caminos para los misioneros y misioneras en el mundo y los sostendrá en medio de toda clase de conflictos y sufrimientos. Según la enseñanza de Jesús mismo el Espíritu Santo acompañaría a los apóstoles (enviados) como consejero y consolador (Jn. 14: 16), les llevaría a la comprensión de la propia persona de Cristo (Jn. 14: 25-26) a quien glorificaría (Jn. 16: 13-15), actuaría en el mundo con su propio poder, “convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado la justicia y el juicio” (Jn. 16: 8). La presencia de Jesús prometida como compañía a sus mensajeros hasta el fin del mundo (Mt. 28: 20) o donde dos o tres se reúnen en su nombre (Mt. 18: 20) se hace realidad por la presencia y ministerio del Espíritu Santo.
EL PODER DE LA NO VIOLENCIA
Hessel convoca a los jóvenes a la indignación y también a la no violencia . Sartre citado por Hessel, había dicho: “Y si es cierto que el recurso a la violencia contra la violencia corre el riesgo de perpetuarla, también es verdad que es el único medio de detenerla.” Hessel dice que la no violencia es un medio más eficaz para detener a la violencia: “Estoy convencido de que el porvenir pertenece a la no violencia, a la conciliación de las diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad deberá superar su próxima etapa.” (p. 21). Ofrece dos ejemplos de no violencia: “El mensaje de un Mandela, de un Martin Luther King encuentra toda su pertinencia en un mundo que ha sobrepasado la confrontación de las ideologías y el totalitarismo conquistador.”
La referencia a Martin Luther King me trae a la memoria la famosa carta que escribió este pastor bautista desde su celda en la cárcel de Birmingham . El gobierno racista de Alabama lo había encarcelado por sus actividades no violentas en defensa de los derechos de los negros. Nos cuenta su biógrafo Emmanuel Buch que un grupo de ocho pastores, obispos y rabinos habían publicado una carta pública pidiéndole que detuviera su activismo y que “había que esperar”. Dice Buch: “Acusaron su intervención de extremista, inoportuna, desestabilizadora, arriesgada e impropia de un pastor…” [2] King les respondió desde la cárcel con una frase que llegaría a ser el título de uno de sus libros: “Por qué no podemos esperar”. Había sido la indignación frente a la lacra del racismo la que hizo de este pastor bautista un abanderado de los derechos civiles.
Quienes querían que todo siguiese como estaba, pasivos e indiferentes ante la injusticia y la discriminación, aconsejaban esperar y no meterse. King escribió:
“…cuando se ha visto cómo muchedumbres enfurecidas linchaban a su antojo a madres y padres, y ahogaban a hermanas y hermanos por puro capricho; cuando se ha visto cómo policías rebosantes de odio insultaban a los nuestros, cómo maltrataban e incluso mataban a nuestros hermanos y hermanas; cuando se ve a la gran mayoría de nuestros veinte millones de hermanos negros asfixiarse en la mazmorra en el aire de la pobreza, en medio de una sociedad opulenta… Llega un momento en que se colma la copa de la resignación, y los hombres no quieren seguir abismados en la desesperación.” [3]
Fue la indignación frente a la violencia y el racismo la que dio fuerzas y llevó a King a su lucha por la justicia y fue su fe en Cristo y su visión de la historia la que lo sostuvo .
El 3 de abril de 1968 en el templo Clayton de la ciudad de Memphis, King predicó y en su sermón dijo estas palabras: “Al igual que cualquier otra persona me gustaría tener una larga vida. La longevidad tiene el rango que merece. Pero no me preocupa eso ahora. Sólo quiero cumplir la voluntad de Dios. Y Él me ha permitido subir a la montaña y he tendido la vista en derredor y he visto la Tierra Prometida. Tal vez no llegue a ella con vosotros pero quiero que sepáis esta noche que nosotros como pueblo llegaremos a la Tierra Prometida. Por eso esta noche soy feliz. Nada me preocupa. No temo a ningún hombre. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor.” [4] Al día siguiente una bala asesina le quitó la vida. Pero su causa triunfó y su país fue transformado por la fuerza de la no violencia.
INDIGNACIÓN DEL SEÑOR
Hemos de reconocer que si bien la revelación cristiana nos habla del amor y la paciencia de Dios, también nos habla de la indignación de Dios frente al pecado y la injusticia.
Basta recordar el tono indignado en que hablan profetas como Isaías, Jeremías, Ezequiel y Amós .
Y también recordar a Jesús . Hay una escena que me ha llamado mucho la atención últimamente. En el comienzo del cap. 21 de Lucas Jesús se ha detenido a observar como ofrendaba la gente “y vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca del templo. También vio a una viuda pobre que echaba dos moneditas de cobre. Os aseguro – dijo – que esta viuda pobre ha echado más que todos los demás. Todos ellos dieron sus ofrendas de lo que les sobraba pero ella, de su pobreza, echó todo lo que tenía para su sustento.” (Lc 21: 1-4). Aquí está el Maestro reconociendo el tremendo valor de las pequeñas acciones de fe y de obediencia. Esta escena está precedida de otra en los versículos finales del cap. 20. “Mientras todo el pueblo lo escuchaba, Jesús dijo a sus discípulos. – Cuidaos de los maestros de la ley: Les gusta pasearse con ropas ostentosas y les encanta que los saluden en las plazas, ocupar el primer puesto en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes.” (Lc 20: 45-46). Y luego, en lo que me parece un crescendo de santa indignación, Jesús agrega: “Devoran los bienes de las viudas y a la vez hacen largas plegarias para impresionar a los demás. Éstos recibirán peor castigo.” (Lc. 20: 47)
Es que nuestro Salvador y Maestro nunca permaneció indiferente ante la injusticia o la necesidad y muchas veces fue conmovido por la indignación o la compasión . No encuentro base para compartir la visión hegeliana de la historia y el optimismo de Hessel. Pero le doy la razón respecto a lo fatal que puede ser la indiferencia. Dice él: “Yo les digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir ‘paso de todo, ya me las apaño’. Si os comportáis así perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue.” (p. 31).
En mis largos años de ministerio en cinco continentes he conocido chicas y muchachos a quienes su fe renovada en Cristo los hizo sensibles y les enseñó a indignarse frente a la injusticia y la necesidad .
Su nueva visión de la historia, centrada en Cristo, los llevó a entregar la vida en el servicio misionero a los pobres, en la lucha por la justicia, en el ejercicio consciente de su profesión, en la formación de familias ejemplares en tiempos difíciles, en la mediación en conflictos, en el desarrollo económico, en la predicación y la enseñanza al servicio del Reino de Dios.
Con ellos oro, con profundo sentido de la historia: “Venga Tu Reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.”

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[1] Mortimer Arias, La gran comisión, CLAI: Quito, 1994; pp. 13-14.
[2] Emmanuel Buch, Martin Luther King , Sinergia: Madrid, 3ra. Ed., 2001; p. 59.
[3] Ibid., pp. 60-61.
[4] Ibid., p. 91.

Autores: Samuel Escobar
Fuentes: El eco bautista

©Protestante Digital 201

domingo, 27 de mayo de 2012

INCIDENCIA PÚBLICA EVANGÉLICA (II): Presencia y ausencia pública

Por Hilario Wynarczyk, Argentina*
Actualmente, por contaste con lo que hemos hablado acerca de los procesos de movilización social de protesta por la igualdad de cultos en la década de 1990, y pese a su caudaloso público, los evangélicos no tienen casi ninguna incidencia pública fuera de su propio espacio religioso. Pero debemos recalcar que aquí hablamos de incidencia pública en el sentido de una incidencia cívica. Básicamente queremos decir con esto que los evangélicos no colocan ni sostienen puntos en la agenda pública de la política, la educación, la economía.
Un dato relevante y simple que permite constatar por un camino indirecto esa afirmación, es que los evangélicos existen poco y nada en el “diálogo inter-religioso” (que no es lo mismo que el “movimiento ecuménico”, especialmente vigoroso en décadas anteriores). En efecto, están presentes los católicos, que funcionan como el motor del diálogo mencionado, los judíos y musulmanes, y algunos pastores luteranos.
Por otra parte, en votaciones que tuvieron lugar entre el 2003 y el 2009 hubo candidatos evangélicos en varios tendencias políticas, dato muy positivo desde el punto de vista del fortalecimiento del sistema democrático. Antes, sobre todo en la década de los 90, algunos evangélicos intentaron crear partidos políticos confesionales, pero sus intentos fracasaron. Ahora, otros evangélicos trataron de construir una participación electoral en partidos argentinos “seculares”.
En ese lapso, del 2003 al 2009, de 9 candidatos pentecostales ninguno obtuvo un cargo. De 5 evangelicales, y luego de varios fracasos, 3 consiguieron cargos. Después, entre julio y agosto del 2011 hubo alrededor de un centenar de candidatos de extracción evangélica, participando en varios partidos, y unas 10 de estas personas consiguieron cargos, en general cargos de menor relevancia. Mientras tanto, una figura femenina que se había constituido en emblemática de la presencia evangélica en la política, perdió el cargo que había conseguido, sin dejar por eso, ciertamente, de ser una personalidad con bastante presencia en los medios.
¿Por qué pasa todo esto?
En el ámbito de nuestro estudio existen personas que comienzan a cuestionarse esta situación y se preguntan cuál es la causa de esta ausencia, y de “la pobre imagen” de los evangélicos en la sociedad argentina. Delante de esas inquietudes aquí solamente podemos presentar algunas líneas explicativas que funcionan como hipótesis o supuestos que necesitarían toda una reunión de análisis. Son por otra parte hipótesis y reflexiones desde mi personal perspectiva. Y recordemos que estas reflexiones se refieren específicamente al numeroso y dinámico polo de las iglesias conservadoras bíblicas.
Algunas de las causas de esta situación se encuentran en el hecho de que las iglesias evangélicas crecieron en gran medida a través de sectores de la población de menores ingresos y menores niveles de instrucción, sectores que han estado cortados de la reflexión política y social.
Aquella condición, localizada en la estructura social, se vio reforzada históricamente por la difusión de la herencia teológica que inducía a las personas a apartarse del “mundo” y muy específicamente de la política.
Creo que a la fusión de las causas mencionadas, unas estructurales y otras históricas, se les sumó la influencia de corrientes periodísticas y de opinión que calificaron a los evangélicos como “sectas”, en un proceso que hallaba un fuerte sustento en la discriminación jurídica todavía vigente en la Argentina, un fenómeno de etiquetamiento infamante que resultó especialmente fuerte en las décadas de 1980 y 1990.
El conjunto de los factores pudo haber incidido en la internalización (internalización dentro de la propia conciencia de los evangélicos), de una percepción de sí mismas como iglesias socialmente subalternas o de segunda clase. Y esto pudo haber generado una consiguiente reacción de búsqueda de reconocimiento público hacia los evangélicos de parte de actores del Estado, por momentos insuficientemente reflexiva.
Como si ésta fuese una orientación hacia el cambio frente a los datos de la realidad apuntados, podríamos asumir que entre los conservadores bíblicos hay un enfoque orientado a lograr que las iglesias adquieran en la sociedad argentina alguna influencia de tipo cívico o, para decirlo en términos más característicos de su cultura religiosa, un “impacto” en la esfera cívica. Por si solo, ese parece un dato muy importante. Sin embargo, es posible advertir cierta falta de experiencia detrás de esta retórica, tal vez asociada a las marcas estructurales e históricas expuestas en los párrafos anteriores. Las condiciones del crecimiento evangélico y la fuerza explosiva de la teología de tipo carismático que nutre las iglesias (decimos carismático en sentido amplio, sin referencia a una corriente en particular), posiblemente inducen, además, a una sobrevaloración mesiánica de lo que realmente las iglesias pueden hacer o dar en la sociedad argentina. La idea de impacto no deja de estar estrechamente enlazada con la pulsión salvacionista por parte de actores que tendrían supuestamente la capacidad de purificar y mejorar la sociedad que por principio sería un lugar pecaminoso.
Tal autopercepción y sobrevaloración del propio sujeto es en sí misma discutible. Pero reúne por otra parte las condiciones para avanzar en una dirección opuesta a los valores del pluralismo propio de la democracia, y de la rica herencia protestante de pensamiento cívico. De hecho, esa clase de orientación de la conducta puede encaminarse por una vía opuesta a la herencia histórica protestante de separación de religión y Estado, una herencia que tuvo algunas figuras señeras en la historia del país. El camino señalado por ese bagaje de pensamientos y conductas es, por otra parte, el único que puede garantizar el fundamento teórico para un reclamo por la abolición de cualquier monopolio religioso instalado en el derecho eclesiástico del Estado, tema que le interesa sobre todo a las iglesias mayoritarias del campo evangélico de la Argentina.
Mientras tanto, salvo temas de moral sexual y reproductiva, numerosos ítems que preocupan a la sociedad nacional desde el punto de vista del amor, la justicia y la ética pública, continúan como áreas de vacancia cívica, y hasta de vacancia del discurso profético quizás, en el espacio de nuestro análisis.

*Hilario Wynarczyk, es reconocido como el sociólogo argentino que más exhaustivamente ha estudiado a los evangélicos. Sobre los temas de esta nota, Wynarczyk expuso sus rigurosas investigaciones en dos libros publicados en el ámbito universitario argentino, “Ciudadanos de dos mundos. El movimiento evangélico en la vida pública argentina, 1980-2001” (UNSAM Edita, empresa editorial de la Universidad Nacional de San Martín, 391 páginas) y “Sal y luz a las naciones. Evangélicos y política, 1980-2001” (Instituto Di Tella y Siglo XXI Iberoamericana, 222 páginas).

Fuente: gemrip